
Las playas de Sídney viven una crisis de confianza. Desde junio, una serie de ataques de tiburones sacudió a la ciudad australiana y alejó a los bañistas de sus aguas. La respuesta del gobierno del estado de Nueva Gales del Sur fue contundente: destinar USD 34 millones para desplegar vigilancia con drones desde el amanecer hasta el anochecer en 38 playas oceánicas, con el objetivo de detectar tiburones antes de que lleguen a los nadadores, según informó el medio británico The Guardian.
El programa comenzó a funcionar el 1 de julio y forma parte de un esquema más amplio que cubre 70 playas en total. Desde entonces, los operadores del Surf Life Saving Nueva Gales del Sur (SLS NSW) acumularon más de 750 avistamientos de tiburones y realizaron más de 200 intervenciones.
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El sistema también rastrea en tiempo real a 1.698 tiburones blancos, 938 tigre y 374 toro —las especies consideradas de mayor riesgo para los bañistas— los tres grupos considerados de mayor riesgo para los bañistas.
Un ataque que aceleró la respuesta oficial

El detonante fue el ataque del 4 de junio contra Leah Stewart, maestra y madre de 34 años, en la playa de Coogee. En una entrevista con el programa televisivo 60 Minutes, Stewart describió el encuentro con un tiburón blanco de cuatro metros como “pelear contra un dinosaurio”. La agresión le costó la amputación del brazo izquierdo.
Antes de ese incidente, los drones no podían volar sobre Coogee porque la playa está directamente bajo la trayectoria de aproximación del aeropuerto de Sídney. Luego del ataque, el gobierno obtuvo un permiso especial del aeropuerto para incorporar esa playa al programa. Hoy, uno de los operadores que cubre ese tramo es Taha Kafil-Hussain, de 22 años, quien lleva cuatro años volando drones para SLS NSW.
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El joven llega a las 6.30 de la mañana, monta una carpa en la playa, verifica la dirección en que operan los aviones y lanza el dron desde una pequeña plataforma. El aparato sube 60 metros y recorre la bahía en secciones, dejando un patrón de cuadrícula en la pantalla de control. Cada vuelo dura 20 minutos. “Busco cualquier cosa que se mueva de forma distinta a lo normal, contra la corriente, algo que parezca un poco largo”, describió el operador a The Guardian, que lo acompañó en una de sus rondas.
Los drones tienen límites que el Estado reconoce

Christopher Pepin-Neff, experto en políticas sobre tiburones de la Universidad de Sídney y profesor asociado, calificó a los drones como “la mejor tecnología disponible en este momento”, pero advirtió sobre sus limitaciones. Cuando hay viento o el tiburón es pequeño, el operador puede no detectarlo a tiempo. Pepin-Neff también alertó sobre el riesgo de generar alarma si el aumento de avistamientos no va acompañado de una campaña de educación pública que ayude a interpretar los datos.
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En este sentido, Kafil-Hussain confirmó que vio más tiburones toro y tigre que blancos, y que debió activar la alerta en varias ocasiones. La más reciente fue por un tiburón cobrizo, que inicialmente confundió con una especie de mayor riesgo. Cuando actúa solo y de madrugada, la decisión de desalojar el agua recae en él; en otros casos, comparte la observación con los guardavidas y son ellos quienes ordenan el despeje.
El tiempo estimado entre el avistamiento y la evacuación total es de dos a tres minutos. Los drones también cuentan con un parlante incorporado que permite comunicarse directamente con surfistas y nadadores.
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El sistema busca consolidarse con inteligencia artificial

El piloto independiente Jason Iggleden usa drones para vigilar playas como Bondi, Tamarama y Bronte desde 2018, y hoy colabora con SLS NSW informando cada avistamiento. Para Iggleden, la experiencia es clave: según afirmó a The Guardian, la capacidad de identificar tiburones peligrosos crece con la práctica, y no considera necesario sumar más tecnologías al esquema actual.
Pepin-Neff, en cambio, apoya complementar los drones con otras herramientas no letales, como las líneas de tambor inteligentes (SMART drum lines), y aguarda con expectativa los resultados de un ensayo de software de detección por inteligencia artificial que se prueba sobre los mismos drones. Su posición sobre las redes antitiburones y la caza selectiva es tajante: “No funcionan”.
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Respecto al programa en su conjunto, el académico considera que logrará “restaurar la confianza” de los bañistas de cara al verano, aunque advirtió que no existe “ninguna bala de plata”. Para quienes nadan fuera de zonas cerradas, su recomendación es sencilla: “Naden entre las banderas. El océano es salvaje y hay que tratar la playa como si fuera el monte.”
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