La ciencia registró en septiembre de 2024 una cría de tiburón ballena de 1,5 metros en Sumbawa, Indonesia
Pese a ser el pez más grande del mundo, el tiburón ballena todavía guarda uno de los mayores enigmas de la biología marina: nadie sabe con certeza dónde nace ni cómo transcurren sus primeros meses de vida. Según informó la BBC, los registros científicos sobre crías recién nacidas son escasos y mantienen abiertas varias hipótesis sobre las zonas que la especie utiliza para parir y criar a sus ejemplares más jóvenes.
Esa ausencia de observaciones vuelve especialmente valioso cada registro de una cría. Uno de esos casos quedó documentado en septiembre de 2024 en la bahía de Saleh, donde científicos locales identificaron un ejemplar de unos 1,5 metros de largo.
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El investigador Mochamad Iqbal Herwata Putra, de Konservasi Indonesia, estimó que tenía alrededor de cuatro meses. La BBC detalló que fue el primer tiburón ballena neonatal documentado en el país asiático y uno de los pocos casos conocidos por la ciencia.

La escasez de datos permite dimensionar el problema. Solo 33 neonatos de la especie fueron registrados por la ciencia en distintos mares tropicales. La cifra resulta baja para un animal presente en amplias franjas cálidas del Atlántico, el Índico y el Pacífico. Ese contraste entre su distribución global y lo poco que se sabe sobre sus primeras etapas de vida explica el interés por cada nueva pista.
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Lo que se sabe sobre su reproducción
Aunque puede superar los 12 metros de longitud y pesar varias toneladas, el tiburón ballena lleva una vida difícil de rastrear. Recorre grandes distancias en mar abierto, alterna profundidades y pasa largos períodos fuera del alcance de la observación humana. Según el medio, esa conducta explica buena parte de las dificultades para estudiar sus ciclos reproductivos.
Mucho de lo que se sabe sobre la reproducción de la especie surgió de un caso ocurrido en Taiwán en 1995. Ese año, investigadores examinaron una hembra de unos 10 metros capturada por pescadores. El ejemplar, conocido como “Megamamma”, permitió confirmar que el tiburón ballena es ovovivíparo. Eso significa que los huevos se desarrollan dentro del cuerpo de la madre y que las crías nacen vivas, listas para desplazarse por su cuenta.
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El análisis aportó además un dato. La hembra contenía 304 huevos y embriones fecundados, la mayor cantidad observada hasta ahora en una especie de tiburón. Un estudio genético posterior, citado por la BBC, mostró que todos pertenecían al mismo padre. Ese resultado reforzó la idea de que la madre había almacenado esperma y fecundado huevos durante un período prolongado.
Aunque ese caso ayudó a explicar de qué manera se reproducen, no resolvió el principal interrogante geográfico. La ciencia todavía no pudo determinar con precisión qué áreas del océano funcionan como zonas de nacimiento o crianza temprana. Esa falta de certezas impulsó nuevas líneas de estudio basadas en la localización de los pocos neonatos observados hasta ahora.
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La hipótesis sobre las zonas de cría
Una de esas investigaciones estuvo a cargo de Freya Womersley, científica de la Marine Biological Association. Su trabajo comparó los puntos del mapa donde aparecieron crías de tiburón ballena con las denominadas zonas mínimas de oxígeno, regiones marinas donde el nivel de oxígeno disuelto permanece muy bajo. Según consignó la BBC, los registros de neonatos se concentran en esos ambientes más de lo que cabría esperar por azar.
A partir de esa coincidencia surgió una hipótesis. Las hembras podrían elegir sectores de bajo oxígeno para parir porque muchos grandes depredadores del océano evitan esas capas de agua. Para una cría, ese contexto ofrecería una ventaja inicial frente a amenazas naturales. Además, los bordes de esas zonas suelen concentrar plancton, una fuente de alimento útil en una etapa de crecimiento temprano.
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Dentro de ese marco, la bahía de Saleh ocupa un lugar especial. Se trata de una ensenada casi cerrada de la isla de Sumbawa, conectada con el océano por un paso angosto que introduce aguas profundas y ricas en nutrientes. Esa dinámica sostiene una abundancia de krill, caballa y calamar que beneficia tanto a la pesca artesanal como a distintas especies marinas.
Para Herwata Putra, ese entorno podría cumplir una función de refugio durante las primeras semanas de vida del tiburón ballena. La presencia de alimento accesible y cierta protección frente a depredadores fortalecerían esa posibilidad. Otros investigadores llaman a la cautela. Ben D’Antonio, de la Shark Research Foundation, sostuvo en declaraciones recogidas por la BBC que todavía no se puede afirmar que la cría haya nacido allí. También es posible que llegara desde otro sector y usara la bahía como área de resguardo.
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La diferencia entre ambas interpretaciones es central para la conservación. Si una zona es confirmada como espacio de parto o guardería natural, su protección adquiere un valor estratégico para toda la especie. Si se trata de un lugar de alimentación o tránsito, también merece atención, aunque bajo otro enfoque de manejo. Por esa razón, los especialistas insisten en la necesidad de ampliar el monitoreo y sumar más seguimientos satelitales.
Una especie amenazada
La urgencia por resolver ese enigma no responde solo al interés académico. Las poblaciones globales de tiburón ballena cayeron más de 50% desde la década de 1980 y la especie está catalogada como amenazada. La pesca, las colisiones con embarcaciones, el tráfico marítimo y las alteraciones asociadas al cambio climático figuran entre los riesgos que enfrenta a lo largo de sus recorridos oceánicos.
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La presión humana fue especialmente alta en décadas anteriores. En los años 80 y 90, cientos de ejemplares fueron sacrificados cada año por su carne y sus aletas. Aunque las restricciones internacionales redujeron parte de esa actividad, todavía persisten reportes de capturas ilegales en distintos puntos del mundo, según recordó la BBC.
En Indonesia, la relación entre las comunidades costeras y estos animales también cambió con el tiempo. En áreas como Bahía de Saleh, muchos pescadores antes los veían como competidores por el recurso o como animales peligrosos por su tamaño. Hoy, la observación de tiburones ballena sostiene actividades turísticas y proyectos locales de conservación impulsados por organizaciones y habitantes de la zona.
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El proyecto de protección en Saleh Bay
En ese contexto, Konservasi Indonesia impulsa la creación de un área marina protegida en el norte de la bahía. La propuesta apunta a establecer la primera reserva del país diseñada de manera específica para la protección del tiburón ballena. Los datos de seguimiento respaldan esa iniciativa: de los 25 ejemplares marcados en bahía de Saleh, la mayoría pasó gran parte de su tiempo en ese entorno y solo se alejó de forma ocasional antes de regresar.
Ese comportamiento no resuelve todavía dónde nacen estos peces, pero sí aporta un indicio sobre la importancia de ciertos refugios costeros dentro de su ciclo de vida. Mientras la ciencia intenta responder una pregunta abierta desde hace décadas, cada cría observada ofrece una pieza nueva para entender el comienzo de una de las especies más esquivas del océano.
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