
Hombres armados secuestraron a más de 160 fieles durante ataques simultáneos a iglesias en el estado de Kaduna, en el norte de Nigeria, mientras se celebraban servicios religiosos el domingo. La magnitud del rapto volvió a poner el foco en la inseguridad persistente y en el uso de los templos como escenarios de secuestros masivos.
Los asaltos ocurrieron en Kurmin Wali, una comunidad del distrito de Kajuru, cuando grupos armados irrumpieron en al menos dos iglesias cristianas durante la misa dominical. Según testimonios recogidos por la agencia AFP, los atacantes bloquearon las salidas y obligaron a los fieles a internarse en zonas boscosas cercanas, una táctica habitual de las bandas que operan en áreas rurales del norte del país.
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El reverendo Joseph Hayab, jefe de la Asociación Cristiana de Nigeria para el norte, dijo a AFP que el número inicial de personas capturadas fue de 172, aunque nueve lograron escapar. “Los atacantes llegaron en gran número, cerraron las entradas de las iglesias y sacaron a la gente a la fuerza”, afirmó. De acuerdo con ese recuento, al menos 163 personas permanecían en cautiverio hasta el lunes.
Un legislador estatal consultado por The Associated Press elevó inicialmente la cifra de desaparecidos a 177 y confirmó que 11 personas habían regresado, lo que dejaba 168 aun sin localizar. Las diferencias reflejan la dificultad para establecer balances precisos inmediatamente después de ataques de este tipo, especialmente en comunidades remotas con comunicaciones limitadas.
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Un informe de seguridad preparado para Naciones Unidas y al que tuvo acceso AFP señaló que “más de 100 fieles” fueron secuestrados en múltiples iglesias de la zona de Kurmin Wali y advirtió que “asaltos similares probablemente persistirán en áreas remotas del oeste de Kaduna”. La policía del estado de Kaduna no respondió a las solicitudes de comentarios de las agencias internacionales.
Ningún grupo se atribuyó la autoría. En el norte y centro de Nigeria, los secuestros masivos suelen estar vinculados a bandas criminales conocidas localmente como “bandits”, que actúan principalmente con fines de rescate y saqueo. Estos grupos han convertido el rapto de civiles en una fuente sistemática de ingresos, aprovechando la debilidad de la presencia estatal y la extensión de zonas rurales de difícil acceso.
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Aunque en este caso las víctimas fueron fieles cristianos, expertos y autoridades subrayan que la violencia afecta tanto a comunidades cristianas como musulmanas. Nigeria está dividida de forma aproximada entre un sur mayoritariamente cristiano y un norte de mayoría musulmana, y los conflictos suelen cruzar líneas religiosas, étnicas y económicas.
Kajuru es considerado un foco histórico de violencia en Kaduna, con enfrentamientos recurrentes entre agricultores —en su mayoría cristianos— y pastores fulani musulmanes. La competencia por tierras y recursos escasos, agravada por el cambio climático y el crecimiento demográfico, suele estar en la base de estas tensiones, aunque los ataques armados adoptan con frecuencia un cariz sectario.
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En noviembre, bandas armadas secuestraron a más de 300 estudiantes y docentes de una escuela católica en el vecino estado de Níger; las víctimas fueron liberadas semanas después en dos grupos. Episodios como ese han incrementado la presión interna e internacional sobre Abuja para reforzar la seguridad en el norte.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha utilizado la fuerza en Nigeria para denunciar la muerte de cristianos y aumentar la presión diplomática sobre el gobierno nigeriano. A finales de diciembre, Washington lanzó ataques en el estado de Sokoto contra objetivos que Estados Unidos y Nigeria identificaron como militantes vinculados al Estado Islámico, una intervención que Abuja presentó como cooperación antiterrorista.
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Las autoridades nigerianas rechazan caracterizar la crisis como una persecución religiosa sistemática y sostienen que se trata, ante todo, de una economía criminal. Un informe reciente de la consultora SBM Intelligence estimó que los secuestros con fines de rescate recaudaron unos 1,66 millones de dólares entre julio de 2024 y junio de 2025, consolidándose como una “industria estructurada y orientada al lucro”.
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