
A los 51 años, Dick Proenneke tomó una decisión que para muchos parecería impensable: dejó su trabajo como mecánico, se alejó de la civilización y se trasladó a la naturaleza salvaje de Alaska. Se asentó en Twin Lakes, en el corazón del actual Parque Nacional Lake Clark, y construyó una cabaña con sus propias manos. Lo que comenzó como un retiro de un año se convirtió en una vida de 30 años de autosuficiencia en un entorno tan imponente como hostil.
Desde su cabaña, Proenneke documentó su experiencia en cientos de diarios y filmaciones, reflexionando sobre la relación entre el hombre y la naturaleza. Su historia inspiró a generaciones de aventureros y su hogar se convirtió en un símbolo de la resistencia humana y la vida en armonía con el medioambiente.
Un cambio de vida radical
Richard “Dick” Proenneke nació el 4 de mayo de 1916 en Primrose, Iowa, Estados Unidos. Hijo de un carpintero y una jardinera, desde joven mostró interés por la artesanía y la vida al aire libre. Aunque asistió brevemente a la escuela secundaria, abandonó los estudios y pasó su juventud trabajando en la granja familiar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, se unió a la Marina de los EE. UU., pero una fiebre reumática que contrajo en San Francisco lo dejó hospitalizado durante meses. Al recibir el alta, decidió que necesitaba un cambio, según All That’s Interesting. Se mudó a Oregón, donde crió ovejas, y luego a Alaska, donde trabajó como técnico y pescador en Kodiak. Su destreza con las herramientas lo convirtió en un mecánico muy respetado, pero un accidente de soldadura que casi le costó la vista lo llevó a reconsiderar su futuro.
Decidió retirarse temprano y mudarse a Twin Lakes, un lugar de belleza prístina que había visitado antes. En el verano de 1967, comenzó a construir su cabaña.
La vida en Twin Lakes presentaba desafíos extremos. Sin acceso a electricidad ni comodidades modernas, Proenneke debía depender de su ingenio y habilidades para sobrevivir. “¿Estaba a la altura de todo lo que esta tierra salvaje podía arrojarme?” se preguntó en sus diarios, según Adventure Journal.
La cabaña que construyó con sus propias manos tenía un diseño simple pero resistente:
- Troncos de abeto cortados y ensamblados con precisión.
- Un techo de musgo para aislar el frío extremo.
- Una chimenea de piedra construida con materiales del lugar.
- Una ventana con vista al lago.

Para almacenar comida en los largos inviernos, cavó un depósito subterráneo donde enterraba los alimentos para evitar que se congelaran. La caza, la pesca y la recolección eran sus principales fuentes de alimento.
Las condiciones podían ser letales. Si alguna vez caía en el agua helada, moriría congelado en cuestión de minutos. Un viaje a la civilización podía tomar días si las provisiones escaseaban. Sin embargo, no solo sobrevivió, sino que encontró una profunda paz en su aislamiento: “No estar en desacuerdo con el mundo, sino contentarse con los propios pensamientos y compañía”.
El registro de una vida en la naturaleza
Durante sus años en Twin Lakes, Proenneke llevó un meticuloso registro de su vida. Escribió más de 250 cuadernos y filmó su día a día con una cámara y un trípode, capturando imágenes de la construcción de su cabaña, la fauna del lugar y sus rutinas diarias. Parte de este material se convirtió en el libro One Man’s Wilderness, escrito por Sam Keith a partir de sus diarios.

En 2004, un año después de su muerte, se estrenó el documental Alone in the Wilderness, que solo está disponible en Youtube que utilizó sus propias grabaciones para mostrar su experiencia en la naturaleza.
A los 81 años, tras tres décadas en Twin Lakes, Proenneke regresó a California para pasar sus últimos años con su hermano. Falleció en 2003, pero su historia sigue inspirando a aventureros y conservacionistas.
Antes de partir, dejó su cabaña a los guardabosques del Parque Nacional Lake Clark como un legado. A pesar de que nunca fue propietario legal del terreno, su presencia se había vuelto inseparable del lugar. Su cabaña se ha convertido en una atracción para viajeros que buscan conocer de cerca el espíritu autosuficiente que definió su vida.
“Me pregunté si en ese momento había alguien en el mundo tan libre y feliz”, escribió en su diario. Probablemente, la respuesta sigue siendo la misma: pocos han vivido con la libertad absoluta que encontró Dick Proenneke en la naturaleza salvaje de Alaska.
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