Qassem Soleimani. Foto: AFP
Qassem Soleimani. Foto: AFP

Qassem Soleimani murió en la madrugada el viernes, cuando, tras una orden de presidente de los Estados Donald Trump, un drone de las Fuerzas Armadas destruyó el convoy en el que se trasladaba junto a otras nueve personas. Pero hasta el día de su muerte -y salvo contadas excepciones- el militar más importante de Irán estaba acostumbrado a ser él quien diseñara y ejecutara operativos con implicancias geopolíticas globales.

La esfera de influencia de Soleimani era absoluta: supervisaba las acciones de sus fuerzas en la región y a lo largo del mundo, tanto aquellas de carácter militar convencional como los ataques terroristas a civiles.

Una cantidad significativa de ellos tuvieron como objetivo a Israel, el principal enemigo de la teocracia islamista en la región. Y en 2012, un diplomático de ese país nacido en Argentina estuvo a punto de convertirse en otra de sus víctimas.

Itzhak Shoham era en ese entonces el embajador israelí en Tailandia. El 13 de febrero, las alertas de todas las legaciones diplomáticas del país se encendieron luego de que tuvieran lugar dos ataques: uno en Nueva Delhi -en India- y otro en la capital de Georgia, Tbilisi.

El primer tuvo como destinatario al agregado de defensa en el subcontinente y su familia: un motociclista pegó una bomba al auto de su esposa cuando se dirigía a buscar a sus hijos al colegio.

El chofer advirtió la presencia del dispositivo, por lo que ambos llegaron a saltar del auto poco antes de que explotara. La mujer, Tal Yehoshua Koren, sufrió heridas moderadas y debió pasar por el quirófano para que le removieran esquirlas que se le habían incrustado. El chofer y dos transeúntes recibieron heridas menores.

El segundo fue infructuoso. Se había colocado una carga explosiva debajo de un auto, que uno de los empleados de la embajada -quien no era ciudadano israelí- advirtió mientras manejaba. En consecuencia, logró alertar a las fuerzas de seguridad que desactivaron la bomba antes de que explotara.

Ante ello, los diplomáticos israelíes alrededor del mundo recibieron instrucciones de limitar sus movimientos, sobre todo en auto. En consecuencia, al día siguiente Shoham no volvió de la embajada a su casa para almorzar como solía hacerlo. La decisión significó su supervivencia.

Itzhak Shoham
Itzhak Shoham

En diálogo con Infobae, el ahora retirado diplomático indicó que grupos de iraníes se habían apostado en las dos rutas que solía tomar. El modus operandi era el mismo: ambos estaban armados con cargas con las que planeaban hacer explotar su vehículo.

Shoham explicó la sucesión de eventos que siguieron al ataque frustrado: “Después de unas horas vieron que yo no iba a salir y volvieron al departamento que usaban como base. Allí parece que una de las cargas que manipulaban explotó. Luego, dos escaparon y el tercero salió con una mochila y una carga en cada mano. Trató de tomarse un taxi, pero estaba ensangrentado por lo que este no quiso parar. Ante ello, el iraní le tiró la carga, lo que hirió a dos personas. El ruido causó que un patrullero se acercara a la escena. Cuando lo vió, el hombre le tiró la otra carga. Y no se sabe si esta golpeó una rueda o qué pasó, pero rebotó y le explotó encima. No murió, pero quedó gravemente herido”, explicó.

Y continuó: “Esa noche las autoridades tailandesas detuvieron a otra persona que tenía la intención de abordar un vuelo hacia Teherán. Y al día siguiente a un tercero, en Malasia. Había logrado cruzar la frontera y también planeaba tomarse un vuelo a la capital iraní”.

Imágenes de los iraníes involucrados en el ataque, tomadas por cámaras de seguridad. Foto: AP
Imágenes de los iraníes involucrados en el ataque, tomadas por cámaras de seguridad. Foto: AP

Más detallen comenzaron a emerger con el correr de los días. Dos otras personas que presuntamente participaron también lograron escapar debido a que abandonaron el país el día anterior a que se produjeran los hechos. “Es una sensación escalofriante saber que uno estuvo al borde de ser asesinado”, agregó.

La reacción oficial de Irán, recordó, reafirmó la conclusión de que la Guardia Revolucionaria de Soleimani había estado detrás del plan fallido: “la embajada les proporcionó ayuda judicial inmediatamente. Puso a disposición abogados y traductores. Manejaron todo el tema a nivel oficial”, expresó. Los hechos, además, se dieron en el marco de una escalada en las tensiones entre Irán e Israel -así como distintas potencias occidentales- relativas a las capacidades nucleares de la teocracia.

Shoham explicó que Tailandia, para no arriesgar un conflicto diplomático con Irán, decidió no presentar cargos por terrorismo. “Allí la pena por ese crimen es de muerte, así que los acusaron de tenencia de explosivos y complot”.

Consultado acerca de las posibles razones para ser elegido como objetivo, Shoham apuntó al nivel de infraestructura con la que Irán contaba en el país: “No fue casualidad que mi cancillería se pusiera inmediatamente en alerta. Apenas un mes antes, la policía tailandesa había descubierto a dos terroristas de Hezbollah que tenían escondidas tres toneladas de explosivos que planeaban usar contra turistas israelíes en el país. Había un historial”, describió.

Los hechos de Tailandia no fueron los únicos en los que Shoham fue un objetivo. En 1996, cuando estaba apostado en Turquía, un parlamentario de ese país le reveló que se planeaba un atentado contra una “personalidad de la colectividad judía” en unos días. La lista de potenciales víctimas constaba de cinco personas, y él era una de ellas.

“No sé quienes estaban detrás del plan. Nos sugirieron que desaparecieramos por unos días y fue lo que hicimos. Me tomé unas vacaciones forzadas en la estancia de unos amigos fuera de Estambul. Los otros cuatro viajaron al extranjero y esperaron a que la amenaza pasara”, expresó.

Más allá de sus experiencias personales, Shoham analizó las posibles consecuencias políticas que puede acarrear la muerte de Soleimani e indicó que hay tanto elementos positivos como negativos: “Por un lado, es mejor que ese elemento, que seguía planeando y ejecutando actividades terroristas, no esté en el mundo de los vivos. Pero también genera preocupación las reacciones que puedan tener los iraníes. Nos ponen (a Israel) siempre en la misma lista que a los estadounidenses". Y trazó un paralelismo con hechos pasados que devinieron en escaladas que reverberaron en Argentina: “No nos olvidemos que tenemos cuentas pendientes en Argentina, particularmente con respecto a los atentados a la embajada de Israel y la AMIA. Eso también fue una venganza por la muerte de un líder terrorista", agregó Shoham, quien fue también director para América Latina de la cancillería israelí.

No obstante, el ex diplomático remarcó que el hecho representa un “golpe muy duro” para la estructura militar iraní, uno del que no se recuperará con facilidad: “El se ocupaba personalmente de las operaciones en el Líbano, Siria e Irak. Nombraron un reemplazante que no tiene experiencia en la región. Les llevará un tiempo estudiar la situación”.

Respecto de la posible retaliación por parte del régimen, Shoham aseguró que más allá de las esperables amenazas, “tendrán que pensar mejor como continuar porque cruzaron el límite que Estados Unidos estaba dispuesto a tolerar sin reaccionar”.

Tanto el guía supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, como el presidente Hasan Rohani prometieron vengarse por la muerte de Soleimani. Prometieron una “respuesta aplastante”.

Ali Khamenei. Foto: REUTERS/Morteza Nikoubazl
Ali Khamenei. Foto: REUTERS/Morteza Nikoubazl

Sin embargo, se considera como poco probable una agresión directa a objetivos americanos que pudiera escalar a una guerra formal, dada la desventaja militar y económica en la que se encuentra en comparación a Estados Unidos y la coalición de estados de la región que lo secundarían: Arabia Saudita, Israel, Bahrein, Jordani y Kuwait, entre otros.

Por ello, se especula con que las retaliaciones puedan llegar a través de las milicias proiraníes en Irak -de hecho, dos proyectiles impactaron el sábado en la Zona Verde de Bagdad, el barrio fortificado donde se encuentra la embajada estadounidense-; ataques contra buques o instalaciones petrolíferas, tanto en el estrecho de Ormuz como en otras partes de la región; un ciberataque contra infraestructura de Estados Unidos o sus aliados; ataques terroristas a lo largo del mundo; o nuevas violaciones acuerdo nuclear firmado en 2015 y del que Estados Unidos se retiró en 2018, al tiempo que reimpuso las sanciones que había removido en consecuencia.

De hecho, se espera que el lunes Irán haga un anuncio respecto de nuevas decisiones sobre el moribundo acuerdo. Entre ellos podrían estar la reactivación de instalaciones prohibidas o la superación de nuevos umbrales de enriquecimiento de uranio.

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