
El 29 de septiembre de 1957 el sistema de enfriamiento de un tanque que contenía desechos radioactivos falló en el complejo nuclear Chelyabinsk-65, hoy conocido como Mayak, en los alrededores del pueblo de Kyshtym en los Urales del Sur de Rusia.
El material radioactivo, en estado líquido, comenzó a calentarse hasta producir una explosión química con el poder equivalente a entre cinco y 10 toneladas de TNT, según un informe de la agencia AP.
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La explosión perforó el tanque y liberó más de 800 petabécquerels (PBq) de materiales radioactivos en la zona tales como rutenio-106, cerio-144 y cesio-137: 740 petabécquerels cayeron en un radio de cinco kilómetros, mientras que otros 74 llegaron a distancias de 300 kilómetros, de acuerdo a un informe de la Autoridad Noruega de Protección contra la Radiación (DSA).
Unas 10.000 personas debieron ser evacuadas, y en su momento el gobierno soviético no reportó muertos ni heridos por causa del incidente, que se ha llegado a conocer como el desastre de Kyshtym.
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Pero más allá del discurso oficial, en las décadas posteriores la incidencia del cáncer en las poblaciones cercanas aumentó (estimaciones hablan de cerca de 300 casos directamente vinculados a la liberación de elementos radioactivos en los primeros meses), así como también la tasa de mortalidad infantil, la infertilidad y los defectos al nacer, ha reportado AP en base a testimonios de doctores de rusos que compararon los efectos con el desastre en Chernobyl. Aunque Moscú niega cualquier vínculo entre este fenómeno y la explosión.
De hecho la información sobre el incidente llegó a Occidente por cuentagotas y a través de disidentes, y su dimensión real no se alcanzó a percibir sino hasta la década de 1970.
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En la actualidad, el desastre de Kyshtym es considerado el tercero en gravedad de la historia por detrás del ocurrido en Fukushima, Japón, en 2011 y el tristemente célebre accidente de Chernobyl, Ucrania, de 1986.
La planta de reprocesamiento Mayak (hoy conocida como Asociación Productiva Mayak, parte de la Coporación Estatal Rosatom), sin embargo, continuó operando y sigue siendo un eslabón sumamente importante en el complejo nuclear de Rusia, tanto para fines militares como civiles.
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El lunes Mayak volvió a despertar sospechas y trajo una vez más el recuerdo de Kyshtym, luego de que un grupo de 69 expertos nucleares publicaran un informe final en el que se sostiene que la nube radioactiva de rutenio-106 detectada en toda Europa en 2017 tiene su origen precisamente en la misma problemática planta en los Urales.
Rosatom, sin embargo, ha cuestionado los resultados de este informe publicado por la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos (PNAS), citando "inconsistencias" y "especulaciones" y negando que una fuga accidental haya tenido lugar.
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La cuna del programa nuclear militar de Rusia
La planta de reprocesamiento de combustible nuclear Mayak fue construida en 1948 en los inicios del programa atómico de la Unión Soviética, que por ese entonces llevaba tres años de atraso con Estados Unidos en el desarrollo de armas como la que habían sido lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.
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Los soviéticos habían obtenido valiosa información sobre el llamado Proyecto Manhattan (esfuerzo civil y militar para el desarrollo armas nucleares por parte de los aliados) de parte de su red de espías en Estados Unidos, y estaban listos para comenzar su propio programa, precisamente en Chelyabinsk.
El objetivo de la planta Mayak (antes conocida como Chelyabinsk-40 y Chelyabinsk-65) era, y es, el reprocesamiento de combustibles nucleares agotados después de una reacción nuclear, como el uranio 238, ya que estos contienen numerosos subproductos muy valiosos que pueden ser extraídos.
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El principal y más buscado es el plutonio 239, un elemento artificial que resulta óptimo para su empleo en armas nucleares.
De esta forma, Mayak proveyó del material para el primer ensayo nuclear soviético realizado en 1949, que rompió el monopolio estadounidense y dio rienda suelda a una carrera armamentística como nunca se había visto, teniendo cada bando la capacidad de destruir varias veces al otro, y a sí mismos.
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Mayak se ubica al noroeste de la ciudad de Chelyabinsk, y en las cercanías del pueblo de Kyshtym. La localidad más importante de la zona es Ekaterimburgo, a 150 kilómetros y una de las sedes del mundial de fútbol que Rusia organizó en 2018.

Moscú está a 1.400 kilómetros al oeste, y en 2017 hubo registros de contaminación por rutenio-106, aparentemente en un nivel inofensivo, tan lejos como Francia, a 4.000 kilómetros de Mayak.
El desastre de Kyshtym no fue el único incidente ocurrido en esta planta, que las autoridades aseguran está dedicada en la actualidad al reprocesamiento de tritio y y otros isótopos, pero ya no de plutonio, aunque su importancia en el complejo militar ruso es tal que poco se sabe realmente de lo que allí ocurre.
Se han reportado numerosas pequeñas explosiones y fallos en las últimas décadas (además de problemas medioambientales por el tratamiento de los desechos, propios de cualquier complejo nuclear en cualquier país) sin que ninguno de estos incidentes produjera una fuga de elementos radioactivos como la ocurrida en 1957.
Hasta ahora, aparentemente y de acuerdo al reciente informe publicado la revista "Proceedings" de la PNAS.
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