Maha Vajiralongkorn, rey de Tailandia, fue coronado hace pocos días como el rey de Tailandia Rama X, el décimo de la dinastía Chakri  (AFP)
Maha Vajiralongkorn, rey de Tailandia, fue coronado hace pocos días como el rey de Tailandia Rama X, el décimo de la dinastía Chakri  (AFP)

El mes pasado se llevaron adelante en Tailandia las primeras elecciones desde el golpe de Estado que tomó el poder en el año 2014. Además, en estos días se realizó la ceremonia de coronación del nuevo rey tailandés. El país, ubicado en el Sudeste Asiático, con un poco más de sesenta y cinco millones de habitantes, posee una historia de peculiaridades que es preciso conocer antes de abordar su presente.

En primer lugar es el único país de la zona que no estuvo bajo administración colonial, en gran medida gracias a las habilidades políticas de su monarca. En segundo lugar, ha sufrido una inestabilidad política crónica, que lo llevó a tener 12 golpes de Estado desde 1932 junto a otros siete intentos que no resultaron exitosos. En tercer lugar, Tailandia es una monarquía constitucional en la que el rey no es una figura ceremonial y su presencia en la vida política, así como el ascendiente social entre los ciudadanos, es muy notoria. Por último, en los últimos años, Tailandia vivió una fuerte polarización social de la mano de un líder marcadamente populista, Thaksin Shinawatra, un millonario vinculado a empresas de comunicación, quien logró liderar a importantes sectores sociales, sobre todo, rurales, que no habían recibido los beneficios del crecimiento económico como ocurrió, sobre todo, con los habitantes de las ciudades.

En 2001, luego de un rotundo triunfo electoral, Thaksin fue designado Primer Ministro, cargo del que fue apartado por un golpe de Estado en 2016. Su gobierno, involucrado en numerosas denuncias de corrupción y abusos de poder, estuvo signado por enfrentamientos con otras instituciones del Estado, importantes sectores urbanos y la propia monarquía. A pesar de eso, y aunque finalmente debió exiliarse, sus apoyos se mantuvieron intactos. De esa manera, en el año 2011, cuando se abrió nuevamente la vía electoral, logró que su hermana, Yingluck Shinawatra, ganara las elecciones y asumiera como Primer Ministro hasta que fue destituida por el Tribunal Constitucional en 2014.

Las sucesivas autoridades civiles carecieron de peso frente a una sociedad que se polarizaba crecientemente entre los "camisas amarillas", opuestos a los hermanos Shinawatra, y los "camisas rojas", seguidores de ellos. El golpe militar de ese mismo año asumió en dicho contexto y con el rey Bhumibol ya muy enfermo luego de ocupar el trono tailandés por casi 70 años.

Uno de los problemas que se sumaba a la grieta política era la sucesión real. Esto ocurría por la incertidumbre existente sobre la capacidad del heredero, no solo de actuar en la política interna, sino en la consideración social. El rey Bhumibol, fallecido en 2016, había construido un gran prestigio a partir de una recta conducta sumada a una constante presencia en todos los rincones del país.

Su hijo, el flamante rey Rama X, fue coronado hace pocos días a la edad de 66 años. Antes de ello era más conocido por algunas polémicas que protagonizó actuando en nombre de su padre y una agitada vida personal. Igualmente, ninguna tuvo mayor impacto en la opinión pública ya que en el país impera una ley de lesa Majestad, que impide criticar a la casa real y que se cumple con severidad.

Sin embargo, las dudas sobre las aptitudes del nuevo rey y su capacidad de mando se disiparon rápidamente, quedando en claro que el papel real no sería menor aunque si, muy diferente al estilo paternalista y cercano de su padre.

El golpe de Estado del 2014, encabezado por el General Prayuth Chan-Ocha, buscó imponer orden en medio del cambio de rey y se abocó a reformar el sistema político para evitar que los depuestos Shinawatra y sus partidos afines retomaran al poder. Para ello el gobierno militar inició un largo y complejo proceso para reformar la Constitución Nacional, lo que finalmente ocurrió en 2017.

El general Prayuth Chan-ocha que lidera el país tras el último golpe de Estado de 2014, sería ratificado como primer ministro tras la confirmación en los próximos días de los resultados de las elecciones de marzo pasado
El general Prayuth Chan-ocha que lidera el país tras el último golpe de Estado de 2014, sería ratificado como primer ministro tras la confirmación en los próximos días de los resultados de las elecciones de marzo pasado

La nueva constitución es un instrumento que, según los especialistas, posee un marcado sesgo autoritario y que otorga a las Fuerzas Armadas numerosas potestades para tutelar a los gobiernos civiles, incluso para ponerles fin cuando lo consideren apropiado e interviniendo decisivamente en la conformación del mismo Poder Legislativo.

El sistema se conforma como un gobierno parlamentario bicameral en el que el Primer Ministro debe ser elegido por un mínimo de 376 legisladores entre ambas cámaras, las que en total suman 750 escaños. La reciente reforma incorporó un artículo que estipula que los militares designan de forma directa la totalidad de los 250 miembros del Senado, lo cual significa ventaja para ellos y sus aliados, ya que necesitan conseguir solo 126 escaños más para formar gobierno.

Las elecciones

Aunque las elecciones se realizaron a fines del mes de marzo, los resultados finales serán anunciados recién en este mes de mayo. Sin embargo la Comisión Electoral anunció que el partido oficialista, Phalang Pracharat, resultó ganador con 8,4 millones de votos posicionándolo para liderar un gobierno de coalición, lo que significaría la continuidad del mandato del General Prayuth Chan-Ocha, esta vez, avalado por las urnas.

En segundo lugar se ubicó el partido Pheu Thai, vinculado a los hermanos Shinawatra, con 7,9 millones de votos. Esto lo habilitaría a formar gobierno si se aliara con otros partidos que se proclamaron anti –Junta, en un escenario poco probable. Es la primera vez que un partido de Thaksin pierde las elecciones, aunque sigue contando con un numeroso núcleo leal.
La gran sorpresa ha sido la performance del novel partido Future Foward que se situó en tercer lugar. La novedad radica en su joven y carismático líder, en el cuestionamiento a la vieja elite política y en que está dirigido principalmente a los jóvenes que han crecido en una Tailandia dividida e inestable. Además, su campaña tuvo características innovadoras: el uso activo de las redes sociales basada en evitar los ejes identitarios (étnicos, religiosos o sociales).

Las elecciones se realizaron en el marco de una constitución que restringe el poder civil, sin observadores internacionales de peso, con denuncias de irregularidades y con el Estado interviniendo sin disimulo en apoyo del candidato oficialista. La Comisión Electoral, quien debía ser la garante del proceso es controlada por la actual Junta Militar y su imagen quedó dañada por errores y fallas cometidas antes y durante el conteo de los votos.
Sin embargo, la realización de elecciones y la existencia de una importante competitividad reflejada en los ajustados resultados, representa un paso positivo para quitar a Tailandia de la lista de países gobernados por dictaduras militares. Todo en un marco constitucional que busca la estabilidad, aunque más sostenido en normas autoritarias que en el consenso democrático.