Arnulfo Romero (EFE)
Arnulfo Romero (EFE)

El candidato a santo de la Iglesia Católica debe recorrer un largo camino para alcanzar la gloria de los altares: siervo de Dios o mártir, beato y finalmente santo.

Antiguamente los santos eran proclamados por "vox populi", es decir por aclamación popular. Pero luego, para evitar abusos, la Iglesia estableció esas tres etapas y los obispos asumieron la responsabilidad de iniciar el proceso con una investigación sobre la vida de los candidatos.

La propuesta para iniciar una causa de beatificación -como se llama el primer paso- generalmente se presenta una vez pasados por lo menos cinco años de la muerte del candidato.

El obispo de la diócesis donde el candidato ha vivido y donde tiene ya cierta "fama de santidad" por sus obras y sus acciones es el encargado de cumplir o hacer cumplir los requisitos. Reúne los testimonios de personas que lo han conocido, averigua los principales aspectos de su vida, que debe ser ejemplar, recoge sus escritos.

Un tribunal diocesano, creado para el caso, evalúa toda la información y la envía, si lo merece, al Vaticano, más precisamente a la Congregación para las Causas de los Santos, conocida popularmente como la "fábrica de santos".

-Siervo de Dios –

En la Congregación, teólogos y expertos analizan nuevamente la documentación y luego de una reunión de cardenales y obispos donde se examinan los casos, el papa puede firmar el llamado "decreto sobre la heroicidad de las virtudes del Siervo de Dios", es decir la Iglesia lo declara "Siervo de Dios".

– Beato –

Con este decreto se abren las puertas a la beatificación, el segundo paso. Para ello se deberá comprobar que intercedió en un milagro cuando ya había fallecido, que debe ser comprobado además por un equipo de médicos, teólogos y expertos que colaboran con la Congregación.

Para el caso del monseñor salvadoreño Arnulfo Romero, quien fue declarado beato en 2015, no fue necesario documentar un milagro ya que fue proclamado mártir de la iglesia tras haber sido asesinado en 1980 mientras oficiaba la misa.

En julio del 2017 el papa Francisco aprobó que se puede llegar a ser beato y luego santo si ha ofrecido la propia vida para salvar la de otros.

Todo milagro debe ser certificado en el caso de que se trate de la curación permanente y no científicamente explicable. Una vez que la Iglesia considera comprobada esa intervención póstuma, el candidato podrá ser proclamado "beato".

– Santo-

Para ser santo el Código de Derecho Canónico exige la comprobación de un segundo milagro ocurrido después de la beatificación.

Para el papa Pablo VI, quien también será canonizado el domingo, fue necesario demostrar que intercedió en dos milagros. Para monseñor Romero fue necesario comprobar un sólo milagro: la curación inexplicable de la salvadoreña Cecilia Flores con síndrome de Hellp mientras estaba embarazada.

Según el libro Martyrologium Romanum, que contiene la lista oficial de los santos y beatos de la Iglesia, han sido proclamados casi 10.000 santos.

Con información de AFP

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