Repensando el multilateralismo comercial

*Por Lorena Andrea Palacios Chacón y **Jahir Lombana Coy

Desde 1995 la Organización Mundial del Comercio rige las relaciones comerciales de sus países miembros (EFE)
Desde 1995 la Organización Mundial del Comercio rige las relaciones comerciales de sus países miembros (EFE)

Desde 1995 la Organización Mundial del Comercio (OMC) es el organismo multilateral que rige las relaciones comerciales internacionales de los países miembro. Hasta finales del siglo XX se tenía confianza en los protocolos y avance en las negociaciones, pero las demoras en la Agenda de Doha para el Desarrollo (que comenzó en 2001 y sigue sin terminar) ya cuestionaban su capacidad de conseguir logros adicionales a los ya consolidados, y más ahora teniendo en cuenta tanto las difíciles condiciones económicas de cada país como de una globalización en retroceso. No es menor la agenda que recibe la recién elegida (1º. de marzo de 2021) directora de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala.

Aunque la ralentización de la Ronda Doha es uno de los elementos detonantes, otro punto clave de inflexión se remonta a 2002 cuando ya Estados Unidos empezaba a debatir sobre aspectos y situaciones que por el órgano de solución de diferencias y en particular en el organismo de apelación, le eran contrarios. Con Trump esto se magnificó, presentado trabas en dicho mecanismo bloqueado por aspectos administrativos con un respaldo jurídico promovido por dicho país y llegando incluso a amenazar constantemente con su salida del organismo.

Las principales reclamaciones de Estados Unidos se dan primero en aspectos de forma que pueden ser fácilmente resueltos como 1) que los laudos de apelación debían resolverse en 90 días, pero en algunos casos llegaron hasta los dos años; 2) que los jueces que eran designados por 4 años podían extender sus períodos hasta que cumplieran con los fallos de casos asignados, aún no resueltos (había casos en que jueces prolongaron hasta por dos años su permanencia en el órgano de apelación, aduciendo esta razón); y 3) que el órgano de apelaciones rebasó sus competencias a otros planos en los que se suponía no debía legislar. Sin embargo, el aspecto más grave y de fondo ha sido la obligatoriedad y permanencia de los fallos del órgano de apelación que ante situaciones previas, sientan precedente y no se pueden volver a discutir. Aspecto este que ha afectado la integridad y esencia del órgano de solución de diferencias de la OMC.

Ngozi Okonjo-Iweala, recién electa directora de la OMC, no recibe una agenda fácil (REUTERS)
Ngozi Okonjo-Iweala, recién electa directora de la OMC, no recibe una agenda fácil (REUTERS)

Temas adicionales en los que Estados Unidos ha sido contrario a dicha organización son los mecanismos antidumping que, aunque creados hace más de 100 años por ellos mismos, no son aceptables por el órgano multilateral. Por otro lado, las medidas de salvaguardia dejaron un boquete jurídico a la interpretación cuando se habla de su aplicabilidad ante situaciones “impredecibles”. Finalmente, está la facultad que se le dio a la OMC para investigar casos de subsidios cuando estos provienen de empresas gubernamentales, invadiendo competencias nacionales. En estos tres casos, la OMC pierde su razón de ser. Siendo el Órgano de Solución de Diferencias el elemento diferenciador entre un foro de discusión y una organización de decisión, al perder su relevancia, vuelca a la OMC a sus orígenes cuando se le denominaba Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT por sus siglas en inglés).

La solución de Estados Unidos a sus constantes reclamaciones no atendidas, fueron administrativas. Es así como ahora con el bloqueo de la elección de jueces, el Órgano de Solución de Diferencias y su órgano de apelaciones se volvió inoperante. En el corto plazo al menos no se ve que dicho país pueda motivar un cambio en este sentido. Sin embargo, hay temas en marcha que pueden dar nuevo aire a la OMC. El acuerdo multilateral sobre la pesca por ejemplo está bien adelantado y es interesante ver regulaciones en temas de sobrepesca, ilegalidad y afectación climática que puedan llegar a un acuerdo. Por otro lado, en el e-commerce se espera que como acuerdo plurilateral aglutine a al menos 100 de los 164 signatarios de la OMC en los aspectos referentes al tratamiento de los datos y su uso. Acá las diferencias entre una Europa más conservadora en protección y un Estados Unidos más liberal y además respaldado por las grandes empresas tecnológicas (GAFA), pueden dar pie a debates que aglutinen las posiciones ante una moribunda OMC.

Otros temas de negociación que se pueden dar en el mediano plazo son los de medio ambiente visto como subsidio al sector industrial; el concepto de agencias y empresas públicas como receptoras de subsidios; la pérdida de competencias de entes nacionales para investigar casos, suplido por el ya menoscabado órgano de apelación; y el trato especial y diferenciado en donde economías poderosas como China, aún reclaman seguir estando allí teniendo plazos y preferencias más laxos dado su supuesto menor nivel de desarrollo. Todos aspectos en los que Estados Unidos participará ahora con Biden de manera mucho más activa, pero con diplomacia multilateral, la cual seguramente ralentizará procesos, pero al menos dará mayor certidumbre que los embates de una presidencia previa errática y cambiante en decisiones.

*Profesora de la Escuela de Negocios del Tec de Monterrey y **profesor de la Universidad del Norte de Colombia

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