
La disciplina marca el día a día del Centro Médico Naval de la Marina mexicana, que desde el pasado mayo atiende a pacientes de la COVID-19, tanto militares como civiles, para evitar la saturación hospitalaria en la capital mexicana.
"Básicamente, la disciplina y la actitud de servicio es lo que te proporciona la formación militar", comenta este miércoles a EFE el capitán de corbeta y neumólogo Carlos Bonilla, dentro del recinto de este hospital ubicado en el sur de Ciudad de México.
Para combatir la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2, que lleva más de 268,000 contagiados y 32,014 fallecidos confirmados en México, el Gobierno movilizó en mayo a los militares del Ejército y de la Marina Armada.
UN HOSPITAL MILITAR RECONVERTIDO

Con la activación del Plan Marina, que se declara en casos de desastre natural, el Centro Médico Naval, hospital de referencia para atender a marines y a sus familiares, se sumó a la red de hospitales de la capital que atienden casos de COVID-19.
"Se pausó nuestra atención habitual para dedicarnos a atender a toda la población que tiene coronavirus. (...) El Plan Marina se implementó para poder dar apoyo a la población externa", explica Bonilla.
Desde que en enero se conoció el brote del nuevo virus en China, la Secretaría de la Marina previó que podría necesitarse reconvertir el hospital.
Por eso se adquirió un 50% más de ventiladores de respiración asistida y se preparó un laboratorio para hacer pruebas de la COVID-19 en el mismo centro médico.

"Vimos que potencialmente se podría convertir en una amenaza para nuestro país y se fue pensando en qué área física íbamos a estar hasta todo el equipo médico o de protección que se requiere", cuenta este médico.
Aunque permanece resguardado por militares, el centro médico se abrió de forma gratuita al pública para disparar en la línea de flotación de la pandemia, sobre todo en la golpeada capital.
La Ciudad de México es el foco rojo del coronavirus en el país, con más de 53,000 casos y 7,191 fallecidos.
Pero gracias al esfuerzo por sumar nuevos hospitales y adquirir ventiladores de respiración asistida, se ha evitado saturar los hospitales y la ocupación ronda ahora el 57% en camas de atención general y el 55% en camas de terapia intensiva.

El hospital de la Marina, que alberga a día de hoy a unos 40 pacientes críticos intubados y otros 30 estables, estuvo el mes pasado al borde de la saturación pero la situación ya comienza a relajarse.
"En el Cetro Médico Naval actualmente parece que hay una tendencia a la disminución en el número de casos; lo más complejo lo vivimos hace cuatro semanas con un pico en el número de consultas y de pacientes ambulatorios y de ocupación hospitalaria", explica Bonilla, quien también apoyó durante la epidemia de gripe A(H1N1) de 2009.
En comparación con esa crisis, el médico ha percibido que la COVID-19 afecta a gente más diversa, no solo a personas con patologías previas, y que se requiere un equipo de protección mucho mayor.
CON TESÓN Y RIGOR

La forma disciplinada con la que los 200 trabajadores sanitarios de este hospital se visten, se desinfectan, trasladan residuos contaminados y mantienen el orden en los pasillos para evitar aglomeraciones es un síntoma de su formación militar.
La teniente de navío y enfermera especialista en terapia intensiva Jahaira Díaz no necesita leer los pasos a seguir para colocarse el equipo de protección que están pegados en la pared del vestidor frente a la zona de atención a pacientes.
Es una labor tan rutinaria que ya la tiene interiorizada: En 15 minutos se desinfecta las manos, se reemplaza el cubrebocas, se coloca las gafas aislantes, se pone la escafandra blanca con capucha y se abrocha una bata y unos botines.
Asimismo, a la altura del torso, escribe su nombre para que los enfermos la puedan identificar.

Y es que aparte del tratamiento médico y de higiene que hacen los enfermeros, la labor de acompañamiento es vital para los pacientes, los cuales solo pueden hablar con sus familias a través de videollamadas.
Algunos "llegan con mucha incertidumbre de si van a salir adelante" o "están preocupados porque contagiaron a alguien en casa", cuenta Díaz, quien lleva 17 años sirviendo en la Marina.
Por eso, al entrar al área COVID-19, esta teniente y enfermera rompe con el estigma de la rigidez de los militares para sacar a relucir su parte más humana.
"Es parte de nuestro servicio como enfermeros. La profesión de enfermería es muy empática con el ser humano, es una profesión ética. Tratamos de ser empáticos con el paciente y tratamos de animarlo", añade.
Bajo esta premisa, Díaz navega durante las ocho largas horas que dura su turno de trabajo dentro del área de COVID-19, después de las cuales acaba agotada y acalorada por el equipo de protección. Y así, hasta llegar a buen puerto.
EFE
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