Creencias y política: los obstáculos que podría enfrentar la eventual vacunación contra COVID-19

Una encuesta reveló el porcentaje de personas que se negarían a ser vacunados a pesar de la emergencia sanitaria

(Foto: REUTERS/Arnd Wiegmann)
(Foto: REUTERS/Arnd Wiegmann)

Hasta el momento no se cuenta aún con una vacuna para tratar el COVID-19, pero es una meta a la que científicos en todo el mundo se esfuerzan a contrarreloj por alcanzar, ya que sería la clave para finalizar la pandemia que actualmente aqueja. Pero aunque no hay todavía vacuna, lo que sí hay son campañas en contra que van tomando fuerza.

La revista científica británica The Lancet, alertó sobre la advertencia que han hecho una gran cantidad de expertos sobre las crecientes dudas de la vacunación en la última década, principalmente en países europeos como Francia. Sobre ese país, hacen referencia a una encuesta realizada a finales de marzo, cuyos resultados sugieren que tal desconfianza podría significar un gran problema cuando ya se tenga la vacuna contra el nuevo coronavirus.

La publicación describe que el sondeo fue llevado a cabo en línea, a franceses mayores de 18 años, 10 días después de que se decretara el confinamiento. Las respuestas señalan que el 26% de los encuestados contestó que, si ahora mismo una vacuna contra el SARS-CoV-2 estuviera disponible, no la usarían. Un dato sorpresivo -señalan- dado el escenario vivido las últimas semanas precisamente por no contar con un remedio para el virus, con las cifras de muerte creciendo aceleradamente y las salas de cuidados intensivos saturadas.

Además, hacen hincapié en un dato que resulta aún más preocupante: un 37% de los encuestados más reacios a una vacuna son personas de bajos ingresos, sector que suele estar más expuesto a las enfermedades infecciosas. También un 36% fueron mujeres de entre 18 y 35 años, quienes juegan un papel crucial en el tema de vacunación infantil. Otro 22% corresponde a personas mayores de 75 años, quienes tienen mayor riesgo de enfermedad grave por COVID-19.

The Lancet refirió que las tendencias políticas de quienes participaron en dicho sondeo también juegan un papel importante a la hora de hacerse un criterio en este tema. Y es que la aceptación de los participantes de una vacuna contra el nuevo coronavirus estuvo ligada en gran medida a los partidos que votan: aquellos que votan por la extrema izquierda o extrema derecha así como quienes se abstienen de votar, se pronunciaron más por el rechazo a la vacuna.

Pero este dato no les sorprende. El sitio británico mencionó que cuando se estudia esta relación, los investigadores a menudo han encontrado un vínculo entre las creencias políticas y la postura hacia las vacunas. De ahí desprenden una incógnita a la que se enfrenta la salud pública: ¿cómo demostrar que las recomendaciones (sobre las vacunas) reflejan están basada en conocimiento científico y no en intereses políticos?

Este problema, indica la revista científica, se exacerba en tiempos de crisis, durante los que se presenta una considerable incertidumbre científica; un efecto limitado de las medidas disponibles; y además el hecho de que son los políticos, en lugar de los expertos, la cara pública de la gestión de la crisis.

(Foto: REUTERS/Anton Vaganov)
(Foto: REUTERS/Anton Vaganov)

Precisamente ponen como ejemplo la pandemia de la influenza H1N1 de 2009 en Francia, asegurando que esta fue una de las lecciones que se pueden sacar de esa situación.

La reseña recuerda que, a medida que se desarrollaba la epidemia, la aparente unidad nacional que se observaba en la primera fase se fracturó. Miembros prominentes de casi todos los partidos de la oposición expresaban críticas a la estrategia del gobierno francés. Incluso, surgió un debate público sobre la seguridad de la vacuna, con destacados políticos y activistas que afirmaban que se había producido con demasiada rapidez y por lo mismo no había pasado las suficientes pruebas.

Lo anterior, detallan, fue crucial en el fracaso de la campaña de vacunación en Francia: solo el 8% de la población fue vacunada. Además representó el comienzo de una era de debate perpetuo sobre la vacunación en ese país.

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