Cientos de mujeres han realizado diversas marchas en la Ciudad de México contra el incremento de los feminicidios y violencia sexual FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO
Cientos de mujeres han realizado diversas marchas en la Ciudad de México contra el incremento de los feminicidios y violencia sexual FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO

Este jueves, en sesión ordinaria del Congreso de la Ciudad de México, se propuso una iniciativa para implementar la castración química a violadores, y aunque no es la primera vez que se propone, la medida no ha avanzado y nuevamente fue turnada a comisiones para su análisis, sin embargo hay pros y contras de que esta medida sea aplicable.

En México, algunos legisladores y candidatos a cargos de elección popular, también han propuesto la castración química para criminales sexuales, por lo menos en Chihuahua, Puebla y el Estado de México. Pero la medida sigue siendo controversial, ante los tratamientos costosos para el Estado contra la efectividad de su aplicación.

Es un contexto preocupante ante la incidencia en aumento de feminicidios y la violencia sexual, donde casi tres mujeres son asesinadas al día, además de que por lo menos 49 sufren abuso sexual.

La tasa de violación de niñas y niños en México es de 1,764 por cada 100 mil, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Además, cinco mil de cada 100 mil sufren tocamientos.

Se calcula que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños sufren violación antes de cumplir la mayoría de edad Foto: Archivo
Se calcula que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños sufren violación antes de cumplir la mayoría de edad Foto: Archivo

Los tres estados con mayor incidencia de violaciones son: Tlaxcala, Querétaro y Chihuahua.

De entre los casos denunciados, se encuentran los delitos sexuales, donde las cifras suman 1,530 casos de abuso en tan solo un mes, dando una estadística en promedio de 51 mujeres agredidas sexualmente por día, dejando un margen de cifra negra en el que se desconoce a las víctimas y sin añadir a todas aquellas que guardan y/o guardaron silencio por miedo a represalias.

Se calcula que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños sufren violación antes de cumplir la mayoría de edad.

En el hogar es donde suceden casi seis de cada 10 agresiones, y cuatro de 10 son contra menores de 15 años.

En la primera infancia, hasta los 5 años, los agresores suelen ser: el padrastro en 30% de los casos, abuelos en otro 30%, y tíos, primos, hermanos o cuidadores en el 40% restante.

En edad escolar, de 6 a 11 años, los abusadores son los maestros el 30 % de las veces y sacerdotes en otro 30%.

Durante la adolescencia, de los 12 a los 17, las víctimas sufren agresiones sexuales el 80% de las veces ya en entornos sociales, como la vía pública, la escuela o fiestas.

Un agresor violenta alrededor de 60 personas a lo largo de su existencia, según han calculado especialistas que trabajan con detenidos por delitos sexuales.

En tanto, el 40 % de los agresores fueron violados en su infancia. Mientras que uno de cada cinco niños violentados se convierte en agresor cuando crece.

Durante la adolescencia, de los 12 a los 17, las víctimas sufren agresiones sexuales el 80 % de las veces ya en entornos sociales
Durante la adolescencia, de los 12 a los 17, las víctimas sufren agresiones sexuales el 80 % de las veces ya en entornos sociales

La violencia sexual aumentó 56 % en tres años

Durante el primer semestre de 2019 se han abierto 25 mil 277 carpetas de investigación, 17% más que el año pasado; Veracruz, Estado de México y Puebla encabezaron la lista, según cifras del Secretariado Nacional de Seguridad Pública.

Las estadísticas muestran que se ha duplicado el número de asesinatos anuales y la escala sigue en aumento
Las estadísticas muestran que se ha duplicado el número de asesinatos anuales y la escala sigue en aumento

Mientras que en el 2015 se registraron 11,894, en 2018 se registraron 18,595, lo que implica un crecimiento del 56 % en tres años.feminicidios mex

¿En qué países se ha implementado?

En algunos países, la castración se ofrece como un tratamiento voluntario y se permuta por el encarcelamiento, pero en otros países, dependiendo la falta, la castración química o quirúrgica, aunada a la privación de la libertad, es obligatoria.

En Latinoamérica, solo Argentina ha aprobado la castración química, que se ofrece de manera voluntaria a criminales sexuales como permuta por sentencias menos severas. Pero en los últimos años, en Colombia y Perú se ha discutido el tema formalmente.

En Estados Unidos, Alabama, California, Florida, Montana y Louisiana ya cuentan con una ley de castración química, mientras que en Texas también se aplica la castración quirúrgica.

En la República Checa de aplica con medicamentos, aunque también la quirúrgica, entre 1998 y 2008, a 98 criminales sexuales se les extirparon los testículos.

Por primera vez en Asia, en julio de 2011, Corea del sur introdujo el uso de la castración química en delincuentes sexuales.

En la República Checa, entre 1998 y 2008, a 98 criminales sexuales se les extirparon los testículos.

En Indonesia también se aplicó, pero Amnistía Internacional la consideró una "crueldad" y una pena "inhumana".

En una nueva iniciativa para combatir el creciente número de casos de abuso sexual a menores reportados anualmente en Gran Bretaña (1 de cada 20 niños en Gran Bretaña ha sufrido abusos sexuales), seis cárceles comenzaron a ofrecer un tratamiento voluntario de castración química a pedófilos que buscan reducir su libido y su comportamiento obsesivo mientras cumplen su condena.

En la prisión de Whatton, especializada en violadores en Nottinghamshire, 100 presos se sometieron al tratamiento químico, que puede variar de método. La mayoría de los voluntarios —alrededor del 90%— son medicados con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), como Prozac, que disminuyen el deseo sexual. Estrictamente, no debería considerarse un método de castración, ya que el paciente aún puede tener relaciones sexuales.

Polonia, Rusia, Moldavia y Estonia también se aplica.

La castración más común es la química que sencillamente consiste en tomar medicamentos que reducen la testorterona y por ende el apetito sexual Pixabay
La castración más común es la química que sencillamente consiste en tomar medicamentos que reducen la testorterona y por ende el apetito sexual Pixabay

¿En qué consiste?

La castración, química (toma de medicamentos) o quirúrgica (extirpación de testículos), tiene como objetivo bloquear la acción de la hormona testosterona en el organismo.

La norma indica que los agresores sexuales deberán ingerir píldoras de acetato de medroxiprogesterona o su equivalente químico que entre otras cosas reduce, inhibe o bloquea la producción de testosterona, hormonas u otros químicos del cuerpo humano.

Y si se comprueba que la persona deja de tomar los medicamentos antes de que el tribunal lo determine, deberá volver a la cárcel.

"La testosterona se llama así porque la producen los testículos, y es una molécula que actúa en muchos lugares del organismo, pero que tiene un papel primordial en el tracto genital", explica José Alonso Fernández-Guasti, investigador del Departamento de Farmacobiología del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y miembro nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

A través de su interacción con el sistema nervioso central, la testosterona induce el deseo sexual. Esta hormona también está relacionada con la conducta agresiva y con la regulación del estado de ánimo.

Entonces, cuando a un hombre se le extirpan los testículos, pierde las glándulas responsables de la producción de testosterona en su cuerpo y como consecuencia su interés sexual disminuye, aunque no su capacidad de sostener relaciones sexuales ya que la erección se puede producir.

Por otro lado, los fármacos que se utilizan para la castración química funcionan mediante dos mecanismos de acción. Uno, mediante antagonistas androgénicos, que son moléculas que bloquean al receptor de esta hormona para impedir que ejerza su efecto; y dos, mediante los agonistas o antagonistas del receptor LHRH, que son moléculas que actúan en la hipófisis para evitar que esta glándula estimule los testículos para producir testosterona, explica Alonso Fernández-Guasti.

Miguel Ángel Jiménez no se atreve a opinar sobre los aspectos legales de la castración química como método para prevenir la reincidencia en delincuentes sexuales, pero sí aclara que cuando se quita la testosterona a un hombre le disminuyen muchas de sus capacidades, dentro de ellas el deseo sexual, pero no le quita la capacidad de erección o de sentir placer durante la práctica sexual o los actos eróticos.

"Increíblemente, en muchos sujetos la conducta sexual no cae de manera dramática después de la castración, ya sea quirúrgica o química. Alrededor de 60 % de los sujetos mantiene actividad sexual aunque ya no tengan testículos o aunque tengan castración química", complementa el investigador del Cinvestav.

Hay tres motivos que hacen que académicos de diversas disciplinas duden de la efectividad de la pena: la castración química inhibe el deseo sexual, pero no imposibilita la erección; los crímenes sexuales buscan el dominio de sus víctimas más que la satisfacción sexual; y la castración química ha sido cuestionada por colectivos en derechos humanos para preservar el derecho a la salud o el derecho a la autodeterminación.

Jalisco declaró alerta de género en noviembre de 2018 (Foto: Cuartoscuro)
Jalisco declaró alerta de género en noviembre de 2018 (Foto: Cuartoscuro)

¿Funciona en la reincidencia de violadores?

La testosterona es la principal hormona asociada con la libido y la función sexual, y varios estudios han informado que los delincuentes sexuales violentos tienen niveles más altos de andrógenos que los grupos de comparación no violentos y los niveles de andrógenos se correlacionan positivamente con la violencia previa y la gravedad de la agresión sexual.

Sin embargo, una clara relación de causa y efecto entre los niveles de testosterona y el delito sexual sigue siendo incierta. Sin embargo, varias teorías exhaustivas sobre la delincuencia sexual han incorporado factores hormonales a pesar de la evidencia sorprendentemente escasa, y tanto la castración quirúrgica como la química indudablemente reducen el interés sexual, el rendimiento sexual y la reincidencia sexual.

Algunos estudios reportan que gracias a la castración química los índices de reincidencia de delitos sexuales han bajado de 50 a siete por ciento, y que puede ser una medida adecuada para prevenir delitos sexuales. Pero otros han encontrado que el porcentaje de reincidencia en los delitos sexuales no es tan alto como parece, que es cercano a nueve por ciento y que los crímenes sexuales, más que por una condición fisiológica, están influenciados por el contexto social .

La investigadora de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Amalia Patricia Cobos Campos, está de acuerdo con que la violación y la pedofilia son delitos muy sensibles para la sociedad y que se deben sancionar.

"Sus defensores dicen que persiguen la prevención, la no reincidencia y la protección de las víctimas, pero muchos organismos internacionales de derechos humanos y algunos estudios psicológicos dicen que lo que busca el delincuente sexual no es realmente la satisfacción sexual en sí, sino el uso del poder y el dominio sobre sus víctimas. Y la castración solamente inhibe la libido, pero no cambia la mentalidad del agresor y se han reportado casos en que agresores impotentes violen a sus víctimas con objetos".

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La investigadora ha encontrado que programas de tratamiento psicológico han demostrado tener mejores resultados evitando la reincidencia del delito, sin embargo una medida legal donde ambas opciones sean aplicables sería más efectiva.

Por su parte Scott Woodside, jefe de la clínica de conducta sexual del Centro para las Adicciones y la Salud Mental de Toronto (CAMH), quien administra la castración química a "personas condenadas por delitos sexuales, generalmente cometidos contra menores de edad" ha explicado cómo ha sido el proceso de estos sujetos.

Actualmente tiene 40 pacientes en tratamiento, y entre 20 y 30 tomando antidepresivos para reducir su deseo sexual; entre el 25 y el 30 por ciento de los casos que maneja son de hombres adictos al porno o que luchan contra la infidelidad crónica, y el resto son agresores sexuales cumpliendo condena.

Aseguraron haber dejado de masturbarse, perdido el deseo de tener relaciones sexuales, experimentado dificultades para tener una erección, y mayores problemas para alcanzar el orgasmo.

La inmensa mayoría de hombres sometidos a este tratamiento afirman "haber visto enormemente reducido su deseo sexual", según Woodside.
Diversos estudios han demostrado que la castración quirúrgica (extirpación de los testículos) de los agresores sexuales reduce el riesgo de reincidencia en un 2-5 por ciento, efecto similar al que se cree que tiene la castración química.

(Foto: Especial)
(Foto: Especial)

"Aseguraron haber dejado de masturbarse, perdido el deseo de tener relaciones sexuales, experimentado dificultades para tener una erección, y mayores problemas para alcanzar el orgasmo".

Podría sonar agresivo, pero Woodside asegura que sus pacientes suelen sentirse aliviados al dejar de obsesionarse constantemente con el sexo.

Sin bien la castración química puede suprimir el deseo sexual, no existen pruebas de que modifique o elimine por completo la preferencia sexual de los sujetos por los niños

Según las investigaciones, por lo general la pedofilia es un trastorno incontrolable por parte de quien lo sufre, afirma Woodside. Woodside explica que por lo general los tribunales no dictaminan que los pedófilos deban someterse a castración química (cuyos efectos secundarios incluyen pérdida de densidad ósea, dolor articular, aumento de peso y el algunos casos menores desarrollo de tejido mamario); la orden más firme con la que se ha encontrado obligaba a la persona a seguir las recomendaciones de su médico. Parte del trabajo de Woodside consiste en valorar qué riesgo hay de que los convictos puedan volver a delinquir mientras disfrutan de la condicional.

Woodside afirma que en este campo existe un debate sobre cuánto debería prolongarse el tratamiento de castración química. Una vez deja de tomar el fármaco, el sujeto vuelve a recuperar los niveles normales de testosterona en cuestión de un mes.

"Para quienes haya mucho riesgo de reincidencia, mi recomendación es que sigan con el tratamiento en el futuro próximo", señala. "Hay demasiado en juego tanto para la sociedad como para el propio sujeto". La realidad, no obstante, es que la mayoría de ellos deja el tratamiento en cuando salen de la condicional.