Los activistas usaron réplicas de ovejas muertas para protestar contra el uso de lana en la industria de la moda (Video: PETA Latino)

La actriz mexicano-estadounidense Sofía Sisniega sorprendió este miércoles en el centro de la capital mexicana al realizar junto con integrantes de PETA una manifestación afuera de la tienda Forever 21 para protestar por el uso de materiales como la lana en la elaboración de distintas prendas.

Hace un año, la actriz de la serie "Club de Cuervos" que se transmite por Netflix, posó desnuda para la organización como parte de sus campañas regulares para detener la crueldad y explotación animal, así como para promover el veganismo, el que practica desde hace años.

Ahora, como parte de la campaña contra el uso de lana en el mundo de la moda, la actriz que interpreta a Paty Villa en la popular serie se unió a PETA Latino Y Animal Heroes para realizar la manifestación. De acuerdo con los organizadores, se seleccionó esa marca de ropa porque está enfocada a los jóvenes, quienes son los más interesados en proteger al planeta y cambiar las cosas, además de tener más acceso a las redes sociales.

La protestas se realizó en la calle de Gante casi esquina Madero en el Centro Histórico (Fotos: Cuartoscuro)
La protestas se realizó en la calle de Gante casi esquina Madero en el Centro Histórico (Fotos: Cuartoscuro)

Durante la manifestación, Sisniega y activistas sostuvieron réplicas de ovejas muertas y cubiertas con sangre como una forma de tratar de generar conciencia entre los transeúntes.

En un video lanzado horas después de la protesta, Sisniega platicó en primera persona, fingiendo ser una oveja, cómo desde muy pequeña la separaron de su madre, le cortaron la cola y un  pedazo de piel a través de métodos crueles, "por más que grité, nadie me ayudó", relató en la filmación acompañada de imágenes del sufrimiento que experimentan estos animales mientras extraen la lana de sus cuerpos.

También reveló cómo quienes se dedican a este negocio no esperan a que el pelo de las ovejas crezca lo suficiente para que no sean lastimadas mientras las trasquilan. "Me sujetan en el piso y si trato de moverme me golpean en la cara con sus manos o con unas tijeras afiladas, me azotan la cabeza contra el suelo una y otra vez. Casi siempre termino con heridas sangrando que ellos mismos cosen con aguja e hilo, sin analgésicos. No los conozco, pero parecen odiarme. No entiendo por qué son tan malos conmigo", termina el relato.