El cambio climático podría reactivar el mercurio acumulado en el planeta y elevar el riesgo para la salud

Aunque las emisiones humanas bajaron en varias regiones, incendios, sequías y deshielo pueden favorecer la formación de metilmercurio, un compuesto que se concentra en pescados y mariscos

El proceso de biomagnificación aumenta la concentración de metilmercurio en especies marinas como el atún y el pez espada. (EFE/Christopher Swann)
El proceso de biomagnificación aumenta la concentración de metilmercurio en especies marinas como el atún y el pez espada. (EFE/Christopher Swann)
Guardar

Durante décadas, la reducción de emisiones de mercurio permitió bajar sus concentraciones en la atmósfera de Europa y América del Norte.

Sin embargo, una nueva advertencia científica señala que el cambio climático podría movilizar reservas históricas de mercurio y aumentar la exposición humana a su forma más tóxica, el metilmercurio, que se concentra en pescados y mariscos.

PUBLICIDAD

La alerta figura en el artículo de perspectiva publicado en Science por los investigadores Aryeh Feinberg y Alfonso Saiz-López, del Instituto de Química Física Blas Cabrera, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), organismo público de investigación español.

El 60% del mercurio atmosférico procede de emisiones humanas pasadas

Mina a cielo abierto con maquinaria pesada, camiones, una chimenea que emite humo negro y un río de color marrón.
Alrededor del 60% del mercurio presente en la atmósfera procede de actividades humanas del pasado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mercurio no se degrada. Una vez liberado al ambiente, puede pasar durante siglos entre la atmósfera, los suelos, los ríos y los océanos. Ese movimiento convierte a las emisiones históricas en un problema presente, incluso cuando las fuentes directas disminuyen.

Los autores estiman que alrededor del 60% del mercurio que llega hoy a la atmósfera es “heredado”, es decir, procede de actividades humanas del pasado y vuelve a liberarse desde superficies terrestres y oceánicas. Otro 30% corresponde a emisiones humanas actuales y el 10% restante tiene origen natural, como la actividad volcánica.

PUBLICIDAD

La minería, la quema de carbón y diversos procesos industriales acumularon grandes cantidades del metal desde antes de la Revolución Industrial. España tuvo un lugar relevante en esa historia: la mina de Almadén, en Ciudad Real, produjo cerca de un tercio del mercurio mundial hasta su cierre en 2002.

Las medidas impulsadas por el Convenio de Minamata de las Naciones Unidas, firmado en 2013, limitaron usos industriales del mercurio y favorecieron una reducción de sus emisiones. Aun así, los depósitos existentes permanecen en circulación y pueden tardar siglos en quedar aislados de manera permanente en los fondos marinos.

Incendios, sequías y deshielo: vías de liberación del metal retenido

Vista aérea de la capa de hielo de Groenlandia dividida por profundas grietas, con ríos de agua azul intensa y trozos de hielo flotando entre los bloques.
El deshielo del permafrost y los incendios forestales liberan el mercurio retenido en la vegetación y el terreno. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El calentamiento global altera los procesos que mantienen el mercurio almacenado en la vegetación, el suelo, el hielo y el océano. Los incendios forestales, cada vez más frecuentes o intensos en algunas regiones, pueden devolver a la atmósfera el metal capturado por las plantas y acumulado en el terreno.

También preocupan las sequías, los cambios en la circulación de los vientos y las lluvias, y el aumento de la temperatura oceánica. Estas transformaciones pueden modificar dónde se deposita el mercurio y la velocidad con que vuelve a pasar del agua al aire.

El Ártico concentra uno de los mayores riesgos. El permafrost, el suelo que permanece congelado durante largos períodos, guarda grandes reservas de mercurio. Su deshielo podría poner en movimiento parte de ese contaminante y trasladarlo a cursos de agua, ecosistemas marinos y cadenas alimentarias.

Los científicos advierten que no todos los mecanismos climáticos operan en la misma dirección. Un clima más cálido puede prolongar el crecimiento de la vegetación, que absorbe mercurio de la atmósfera. Pero el aumento de dióxido de carbono y las sequías pueden reducir esa captura. La interacción de esos factores todavía presenta importantes incertidumbres.

La conversión del mercurio en metilmercurio, la forma más tóxica

Un vaso de precipitados con líquido gris y la etiqueta Metilmercurio sobre una mesa de laboratorio con pipetas y frascos al fondo.
La Organización Mundial de la Salud incluye al mercurio entre las diez sustancias químicas de mayor riesgo para la salud pública. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El mayor peligro sanitario aparece cuando ciertos microbios transforman el mercurio inorgánico en metilmercurio, un compuesto orgánico que afecta el sistema nervioso y puede perjudicar las funciones cardiovasculares y reproductivas.

Las temperaturas más altas del agua y la expansión de zonas pobres en oxígeno pueden favorecer esa transformación. A la vez, la escorrentía de materia orgánica desde la tierra hacia las costas o los ríos estimula a los microorganismos que participan en el proceso.

El antecedente más conocido fue la enfermedad de Minamata, identificada en Japón en 1956. La población pesquera de la zona sufrió intoxicaciones después de que una planta química descargara metilmercurio en una bahía. La exposición provocó daños neurológicos irreversibles, problemas motores y del habla, alteraciones de la visión, coma y muertes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye al mercurio entre las diez sustancias químicas de mayor preocupación para la salud pública. El metilmercurio resulta especialmente riesgoso durante el desarrollo fetal y la primera infancia.

Biomagnificación: el mercurio se acumula en atún y pez espada

Ilustración de un atún, un pez espada, un salmón y dos sardinas junto a gotas de mercurio líquido de distinto tamaño sobre fondo azul.
El proceso de biomagnificación aumenta la concentración de metilmercurio en especies marinas como el atún y el pez espada. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El metilmercurio entra en la cadena alimentaria acuática a través del plancton. Luego pasa a peces pequeños y se concentra en depredadores de mayor tamaño, como el atún y el pez espada. Ese fenómeno, conocido como biomagnificación, explica por qué las concentraciones aumentan a medida que se asciende en la red trófica.

La dieta basada en pescado y marisco puede ser una vía de exposición relevante, sobre todo en países con alto consumo de productos del mar. En España, esa característica alimentaria aumenta la sensibilidad ante una eventual subida de los niveles de mercurio en especies comerciales.

Los cambios en las redes tróficas pueden agravar el problema. El estudio cita el caso del bacalao del Atlántico, cuya modificación de dieta hacia peces más grandes durante un período de sobrepesca del arenque elevó la acumulación de mercurio en su organismo.

Amazonía: minería artesanal, incendios y comunidades indígenas en riesgo

Hermanos Mucutuy,  Ministerio de Defensa, Fuerzas Militares, Araracuara, Amazonas, Comunidad indígena, Protección de la infancia, Operación Esperanza
La minería artesanal de oro en la Amazonía genera cerca del 40% de las emisiones humanas directas de mercurio.

La Amazonía es otra región prioritaria. La minería artesanal y de pequeña escala de oro representa cerca del 40% de las emisiones humanas de mercurio, según datos de Naciones Unidas. En esa actividad, el metal se utiliza para separar el oro y puede acabar en el aire, los suelos y los ríos.

Varias comunidades indígenas amazónicas dependen del pescado local como fuente principal de proteínas. En algunas zonas, las mediciones en personas ya superan referencias internacionales de seguridad. Las sequías y los incendios podrían liberar más mercurio desde la vegetación y el suelo hacia los sistemas fluviales.

Los investigadores proponen reforzar las mediciones sostenidas de mercurio en aire, agua y suelos, en especial en el Ártico y los trópicos. También reclaman modelos que conecten los intercambios entre tierra, océano y atmósfera para determinar si el clima amplificará la contaminación futura y si los recortes actuales de emisiones serán suficientes.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD