En la Antártida, las colonias de pingüinos dejan una marca visible desde el espacio: manchas de color sobre la roca desnuda que delatan su presencia. Un equipo de investigadores las analizó como un registro dietario y encontró una línea directa entre el retroceso del hielo marino, los cambios en las cadenas alimentarias y las tendencias poblacionales del pingüino de Adelia, una de las aves más características del continente más austral del planeta.
Un equipo multidisciplinario liderado por Casey Youngflesh, profesor asistente de Ciencias Biológicas de la Universidad de Clemson, se propuso responder una pregunta que la escala y el aislamiento del continente antártico dejaron sin respuesta durante décadas: qué comen los pingüinos de Adelia y cómo varía esa dieta con el ambiente. Los resultados se publicaron en la revista científica Current Biology.
PUBLICIDAD
El retroceso del hielo marino desplaza la dieta del pingüino de Adelia del pescado al kril
El pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae) es uno de los predadores más abundantes del océano Austral. Sus colonias, que pueden concentrar cientos de miles de individuos sobre afloramientos rocosos del continente antártico, producen cantidades masivas de guano, sus heces. Según explicó Youngflesh en un artículo de The Conversation, esas acumulaciones son tan voluminosas que resultan detectables desde el espacio mediante los satélites Landsat de la NASA.

Lo que hace útil al guano como fuente de datos no es su cantidad, sino su color. El kril, pequeños crustáceos semejantes a los camarones, tiene un exoesqueleto de tono rosado que los pingüinos no digieren por completo, lo que imprime una tonalidad rojiza a sus heces. Los peces producen un resultado de color diferente. Esa variación, tal como la registran los satélites, fue la base del análisis.
PUBLICIDAD
Los autores encontraron que la presencia o ausencia de hielo marino en las inmediaciones de cada colonia determina en gran medida qué comen los pingüinos. Cuando el hielo marino es abundante, la dieta se inclina hacia los peces. Cuando escasea, el kril ocupa ese lugar. También documentaron diferencias marcadas en la alimentación de las colonias según la región del continente y variaciones entre temporadas dentro de un mismo año.
4.000 imágenes satelitales y un laboratorio improvisado en un barco
La traducción del color del guano en datos sobre dieta exigió el desarrollo de un método específico. El equipo recolectó muestras de guano en distintos puntos de la Antártida y las procesó con un espectrómetro (instrumento que mide las propiedades del color con la precisión con la que lo haría un satélite) en un laboratorio improvisado a bordo de un barco en aguas antárticas. Mediante herramientas de química ambiental, determinaron qué composición dietaria había producido cada muestra y su color correspondiente.
PUBLICIDAD
Esa correspondencia entre color y dieta se integró luego en modelos estadísticos que organizan la información en niveles para identificar patrones que de otro modo quedarían ocultos. El resultado fue un sistema capaz de inferir qué come una colonia de pingüinos a partir de las imágenes satelitales. En total, el equipo procesó alrededor de 4.000 imágenes del programa Landsat para cubrir toda la distribución global de la especie entre 1984 y 2013, un período de tres décadas.
El estudio también combinó espectroscopía de imágenes (técnica que identifica materiales a partir de su color captado por satélite) con análisis de isótopos estables, un método de química que rastrea el tipo de organismos que consumió un animal a través de las huellas moleculares que persisten en sus tejidos. Según los autores, esta es la primera vez que observaciones satelitales se aplican para capturar las relaciones de alimentación entre especies a escala continental y durante décadas.
PUBLICIDAD
Donde los pingüinos comen menos pescado, las colonias se reducen
Los efectos de la dieta sobre las poblaciones son concretos. Youngflesh precisó que los pichones de pingüino de Adelia alimentados con peces tienden a pesar más que los criados a base de kril, y que un mayor peso al momento de abandonar el nido se asocia directamente con mayores probabilidades de sobrevivir hasta la adultez.
A partir de ese vínculo, el estudio determinó que las colonias donde los pingüinos consumen menos peces registraron una reducción en su número de individuos a lo largo de las últimas décadas. Las colonias con mayor acceso a peces, en cambio, se mantienen estables o crecen.
PUBLICIDAD

El contexto que rodea estos datos es adverso. Desde la década de 2010, el hielo marino antártico acumuló caídas históricas, con varios años que establecieron mínimos sin precedentes. Las proyecciones científicas indican que esa tendencia continuará. A eso se suman otras presiones sobre el ecosistema.
En la península Antártica, que es la franja del continente más próxima a América del Sur, las poblaciones de ballenas barbadas, que se alimentan principalmente de kril, se recuperaron de forma notable tras el fin de la caza comercial hace décadas. Los pingüinos papúa, otra especie del mismo género, desplazan su área de distribución desde el subantártico hacia el sur a medida que el clima se calienta, lo que intensifica la competencia por los mismos recursos. Al mismo tiempo, barcos pesqueros industriales extraen grandes volúmenes de kril para su uso en alimento de peces de cultivo y suplementos dietarios para consumo humano.
PUBLICIDAD
La investigación concluye que el cambio ambiental podría reestructurar las redes alimentarias antárticas y condicionar el futuro del pingüino de Adelia, una especie considerada un indicador clave del estado de salud del ecosistema polar. Los autores también destacan que el avance en tecnología satelital (mayor resolución, menor intervalo entre capturas y nuevos tipos de sensores) abre la posibilidad de transformar el monitoreo de fauna silvestre en regiones de difícil acceso a escala global.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
“Ayuda” y “SOS”: los dramáticos mensajes en el fondo de un lago que está a punto de secarse en Europa
Una combinación de sequía extrema, olas de calor y fisuras geológicas dejó varadas a las embarcaciones turísticas en la frontera franco-suiza. La cuenca natural del río Doubs disminuye su nivel a ritmo acelerado mientras los vecinos temen por la desaparición definitiva del lugar
El Niño y el Atlántico: las señales que podrían anticipar olas de calor extremas en la Amazonía
Investigadores de Brasil y Australia hallaron indicios climáticos que podrían mejorar la preparación frente a episodios de altas temperaturas, sequías e incendios en la cuenca amazónica

Cómo algunos corales lograron sobrevivir a la peor ola de calor marina jamás registrada en Florida
Un estudio de la Universidad de Georgia analizó distintas colonias de Acropora palmata en los Cayos de Florida y halló un factor geográfico que marcó la diferencia entre la vida y la muerte del coral durante el episodio de blanqueamiento de 2023

Lluvias persistirán en El Salvador por remanentes de onda tropical; sigue alerta amarilla focalizada
El Observatorio de Amenazas prevé tormentas desde la tarde hasta la noche, especialmente en el occidente, la cordillera volcánica y la capital del país, por la influencia de la ZCIT

Cuatro universitarios suizos taparon un glaciar de los Alpes con lana de oveja y lograron reducir su deshielo en más de un 50% en solo tres meses
Estudiantes de la UNIL probaron una alternativa biodegradable a las lonas sintéticas sobre el glaciar Tsanfleuron y los primeros resultados superaron las expectativas. Aunque, advirtieron que las mantas protectoras son una medida paliativa, no una solución estructural




