En cuestión de minutos, un río puede dejar de ser río y convertirse en una pared de agua, barro y escombros. Eso es una riada: una crecida repentina, rápida y violenta del caudal que eleva el nivel del agua en muy poco tiempo y arrasa a su paso puentes, caminos, viviendas e infraestructuras. El fenómeno quedó bajo atención este miércoles tras la catástrofe registrada en el norte de Nepal, donde una súbita avalancha de agua golpeó la zona fronteriza con el Tíbet y dejó más de 150 muertos y cerca de 700 desaparecidos.
El desastre en el norte del país asiático volvió a poner el foco sobre un fenómeno de aparición súbita, gran velocidad y enorme capacidad destructiva, que puede desencadenarse por lluvias, deslizamientos o liberaciones repentinas de agua. Las autoridades investigaban si el derrumbe de un glaciar podría haber provocado esta nueva y mortífera crecida repentina.
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La crecida del río Bhote Koshi, cerca de la frontera con el Tíbet, sirve para entender qué es una riada, cómo se produce y por qué resulta tan peligrosa en zonas de montaña.
El caso de Nepal que puso el fenómeno bajo la lupa
La emergencia se concentró en el distrito de Rasuwa, en la provincia de Bagmati, después de que una gran masa de agua llegara hacia las 9:15 hora local (3:30 GMT) al río Bhote Koshi desde territorio tibetano. Las localidades de Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi quedaron entre las más afectadas, según las autoridades nepalesas, mientras que el impacto también alcanzó el lado chino de la frontera.
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Las imágenes captadas por cámaras de seguridad mostraron con crudeza qué significa una riada sobre el terreno. En varios registros se observó cómo pequeños poblados, embalses, puentes y otras estructuras eran destruidos en pocos instantes, mientras decenas de personas intentaban escapar a la carrera de una corriente que avanzó sin margen de reacción.
Qué es una riada y cómo se diferencia de una inundación
En el lenguaje común, el término “riada” describe un desborde súbito y de gran fuerza. En la terminología técnica, se aproxima a lo que organismos internacionales llaman inundación repentina o flash flood.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) define este tipo de evento como una inundación que suele comenzar dentro de las seis horas posteriores al hecho que la desencadena. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) la caracteriza como una inundación de corta duración, inicio rápido y pico de caudal elevado.
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La diferencia con una inundación más gradual está en la velocidad. En una crecida convencional, el agua sube a lo largo de horas o días. En una riada, el aumento del caudal ocurre de forma brusca y transforma un cauce en una corriente de gran energía, con capacidad para arrastrar barro, rocas, troncos, vehículos y estructuras completas.
Ese rasgo explica por qué el fenómeno resulta tan peligroso en regiones montañosas. La pendiente acelera el flujo y multiplica la fuerza del agua, sobre todo en cauces estrechos. En esos escenarios, una riada puede devastar comunidades enteras antes de que las alertas logren llegar a todos los puntos expuestos.
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Cuáles son las causas y por qué resultan tan peligrosas
Las riadas no siempre se originan por lluvias intensas en el lugar afectado. También pueden desencadenarse por deslizamientos de tierra, rupturas de diques, colapsos de lagos glaciares o bloqueos temporales del curso de un río que después ceden de golpe. Esa posibilidad ocupa un lugar central en el análisis del desastre de Nepal.
Las autoridades seguían evaluando el origen exacto de la crecida del Bhote Koshi. En un primer momento se manejó la hipótesis de un desbordamiento o ruptura de un lago glaciar en el Tíbet. Más tarde, el ministro de Asuntos Exteriores de Nepal, Shishir Khanal, afirmó de forma preliminar que un terremoto ocurrido a las 8:37 hora local (2:52 GMT) pudo haber provocado un gran deslizamiento de tierra, con un bloqueo del cauce y una posterior liberación repentina del agua. El Servicio Geológico de Estados Unidos registró a esa hora un sismo de magnitud 4,4, con epicentro a unos 77 kilómetros al noroeste de Kodari y a una profundidad de 10 kilómetros.
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El balance oficial dio cuenta de la magnitud humana de la tragedia. La oficina del primer ministro de Nepal informó de 95 cuerpos recuperados en el lado nepalí, mientras que las autoridades chinas reportaron tres muertos en el condado tibetano de Gyirong, con lo que el total ascendió a 98 fallecidos.
La lista de desaparecidos resultó todavía más extensa. China informó de 265 personas sin localizar. En Nepal, las autoridades indicaron la pérdida de contacto con 484 turistas, de los cuales 391 eran extranjeros y 93 nepalíes. A esa cifra se sumaron 44 miembros del Ejército, 28 policías, 13 efectivos de la Fuerza Armada de Policía y 60 trabajadores de proyectos hidroeléctricos, lo que elevó el total a casi 900 desaparecidos.
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Entre los extranjeros sin localizar figuraban dos españoles, además de ciudadanos de India, Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Canadá, Malasia, Ucrania, Singapur, Sudáfrica, Japón, Nueva Zelanda, Alemania, Francia, Irlanda, Países Bajos y Rusia, de acuerdo con el recuento oficial difundido por Katmandú.
Los daños materiales también dieron una dimensión concreta de la fuerza de la riada. Las autoridades informaron de la destrucción de 80 puentes, entre ellos 35 vehiculares y 45 colgantes peatonales. El agua además golpeó con fuerza las instalaciones del proyecto hidroeléctrico Langtang Khola, cuya construcción acababa de concluir.
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Cómo respondió Nepal tras la riada
La respuesta de las autoridades incluyó helicópteros del Ejército y de empresas privadas para evacuar heridos y rescatar a personas atrapadas. Según la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA), los equipos de emergencia lograron rescatar a 80 personas por tierra y a 116 con helicópteros.
El Gobierno de Nepal declaró zona de desastre durante tres meses en las áreas afectadas por la riada del Bhote Koshi. La medida incluyó atención médica gratuita para los heridos, alojamiento y alimentos para quienes perdieron sus viviendas, ayuda económica inmediata para las familias de los fallecidos y órdenes para reabrir carreteras, recuperar servicios básicos y avanzar en la reconstrucción.
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La respuesta internacional comenzó pocas horas después. La Unión Europea (UE) activó el sistema satelital Copernicus para mapear las zonas afectadas, mientras la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró que el bloque estaba listo para movilizar más asistencia. La Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) liberó más de un millón de euros en fondos de emergencia para apoyar la respuesta humanitaria.
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