
Cada 8 de junio, el planeta celebra el Día Mundial de los Océanos, una fecha establecida por las Naciones Unidas para reconocer el papel fundamental que juegan los mares en la vida cotidiana y para recordar la necesidad de protegerlos frente a la contaminación y la sobreexplotación.
La importancia de este día va mucho más allá de lo simbólico: el océano cubre más del 70% del planeta, produce al menos el 50% del oxígeno que respiramos, regula el clima, alberga la mayor parte de la biodiversidad y es la principal fuente de proteínas para más de mil millones de personas.
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Además, sostiene economías regionales y globales, con proyecciones de empleo que para 2030 rondarían los 40 millones de trabajadores en el sector.

Sin embargo, el informe de la ONU y las organizaciones asociadas advierte que el océano “necesita más apoyo que nunca”. El 90% de las grandes especies de peces se encuentra mermado y el 50% de los arrecifes de coral fue destruido, lo que indica que “estamos extrayendo más del océano de lo que se puede reponer”.
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El llamado es a “crear un nuevo equilibrio en el que no agotemos todo lo que este nos ofrece, sino que restauremos su vitalidad y le devolvamos una nueva vida”.
El lema del Día Mundial de los Océanos 2026, Reimagina, apunta a que la humanidad deje de ser un mero beneficiario y asuma el rol de guardián del futuro marino. El propósito es informar sobre el impacto de los humanos en el océano, desarrollar un movimiento mundial de apoyo y “unir a la población en un proyecto para la gestión sostenible de nuestros mares”.
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El océano también es central para la economía argentina. Argentina figura entre los países con mayor superficie oceánica del mundo, ejerciendo jurisdicción sobre 1.782.500 kilómetros cuadrados y gestionando recursos de forma exclusiva.

Aproximadamente el 8% de esta superficie está protegida a través del Sistema Nacional de Áreas Marinas Protegidas, que incluye sitios emblemáticos como Namuncurá-Banco Burdwood y Yaganes.
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Sin embargo, el calentamiento global y la disminución de las corrientes oceánicas ya afectan el funcionamiento del sistema de circulación, con consecuencias sobre las comunidades marinas y las economías costeras. Este desafío exige “acciones colectivas a nivel mundial para minimizar esta situación”.
En el sur del planeta, el Mar Patagónico absorbe en silencio el calor y el carbono que el mundo sobreproduce. Su papel como regulador climático resulta extraordinario, pero la presión sobre el ecosistema es cada vez mayor. “Un Mar Patagónico sano es un ecosistema con mayor capacidad de adaptación frente al cambio global. Las organizaciones del Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia sostienen que conservar la integridad de este ecosistema es la base para garantizar sus beneficios ecológicos, sociales y económicos en un contexto de cambio inevitable”.
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Las aguas del Atlántico Sudoccidental absorben más CO₂ que cualquier mar tropical, una función crítica que se debilita a medida que el océano se calienta y se acidifica. Las especies marinas desplazan sus áreas de distribución hacia el sur y los frentes oceánicos modifican su dinámica.
“La cuestión ya no es si el cambio llegará, sino cuán preparados estarán sus ecosistemas para responder a él. Los ecosistemas saludables e íntegros se adaptan mejor que los degradados. Por eso proteger y fortalecer las Áreas Marinas Protegidas conectadas en Argentina, Chile, Uruguay y Brasil es hoy la estrategia más concreta de resiliencia climática”.
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La creación del Parque Nacional Albardão en Brasil, el mayor parque marino del extremo sur del país, representa un ejemplo de los frutos de la ciencia aplicada.
Carolina Contato, de NEMA, Brasil, señaló: "Albardão no es el destino de 20 años de trabajo. Es el punto de partida para lo que sigue”. Pero la urgencia se mantiene: la función reguladora del Mar Patagónico está bajo presión climática sin precedentes, lo que exige fortalecer la gestión de las áreas protegidas y su conectividad regional.
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La conectividad es clave porque el Mar Patagónico conecta ecosistemas costeros y marinos de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil a través de corrientes y rutas migratorias que sostienen la alimentación y reproducción de ballenas, tiburones, aves marinas, tortugas y pingüinos. Muchas especies cruzan miles de kilómetros y múltiples jurisdicciones, lo que hace ineficaces las respuestas aisladas.
Las Áreas Marinas Protegidas, bien gestionadas y conectadas, funcionan como refugios climáticos, zonas donde los ecosistemas pueden recuperarse, mantener su productividad y seguir prestando servicios esenciales para las comunidades costeras, incluyendo la pesca artesanal y la regulación del clima local.
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“El océano funciona como un único sistema vivo. Su protección también debe pensarse de manera integrada. La adaptación climática del sur no depende de una sola área protegida ni de un solo país. Depende de nuestra capacidad de trabajar en red”, afirmó Andrea Michelson, Coordinadora regional del Foro.
El Foro para la Conservación del Mar Patagónico, que reúne a 30 organizaciones de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil desde 2004, sostiene que la conservación requiere “escala regional, base científica rigurosa y gobernanza colaborativa”. Su meta es construir una red ecológicamente conectada de Áreas Marinas Protegidas y corredores de conservación en todo el Mar Patagónico, un desafío que demanda la articulación de gobiernos, comunidades, sector científico y sociedad civil.
El deterioro del Mar Patagónico tiene consecuencias socioeconómicas concretas. Las comunidades pesqueras artesanales ya observan cambios en las especies capturadas, las temporadas y los caladeros. La biodiversidad del sur es la base de economías locales, tradiciones culturales y sistemas alimentarios sin sustituto.
El programa regional Mar Patagónico Resiliente, impulsado por el Foro, busca avanzar hacia un mar “climáticamente inteligente”, una generación de conservación capaz de incorporar proyecciones climáticas y fortalecer refugios marinos ante los impactos de la crisis multidimensional.
“Proteger el océano ya no es solamente una causa ambiental. Es una decisión climática, social y económica. Y en el sur, ya tenemos las herramientas, la ciencia y la red para hacerlo bien”, resumió Daniela Castro, Coordinadora del nodo chileno del Foro.
En este Día Mundial de los Océanos, el Foro se une a gobiernos, medios, comunidades y ciudadanía para recordar que “el futuro climático también se juega aquí, en el sur, en y debajo de la superficie. Es momento de cuidarlo, es momento de cuidarnos”.
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