
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la contaminación plástica puede alterar los hábitats y los procesos naturales, lo que reduce la capacidad de los ecosistemas para adaptarse al cambio climático y afecta directamente los medios de vida de millones de personas, la capacidad de producción de alimentos y el bienestar social.
En ese sentido, la posibilidad de que nanoplásticos terminen en los alimentos que llegan a la mesa es una preocupación de la ciencia. Un equipo de la Universidad de Plymouth, en Reino Unido, ha planteado que estos diminutos fragmentos, con diámetros de apenas una millonésima de centímetro, podrían atravesar las barreras naturales de las plantas y acumularse en las partes comestibles de los cultivos.
La investigación, publicada en la revista Environmental Research, se centró en el cultivo de rábanos en un sistema hidropónico. Los científicos expusieron las raíces no carnosas de las plantas a una solución de nanopartículas de poliestireno marcadas con carbono radiactivo. Tras cinco días, los análisis revelaron que casi el 5% de los nanoplásticos presentes en la solución inicial había sido retenido por el sistema radicular, lo que representa millones de partículas incorporadas al cultivo. De ese total, alrededor de una cuarta parte se localizó en las raíces carnosas comestibles y el 10% se acumuló en las hojas.

Para contextualizar: de acuerdo con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, “los microplásticos (MP) son fragmentos con tamaño inferior a 5 milímetros, mientras que los nanoplásticos (NP) incluyen partículas con tamaños inferiores a 1 micra, es decir, mil veces más pequeñas que 1 milímetro”.
El doctor Nathaniel Clark, profesor de Fisiología Vegetal y autor principal del estudio, explicó que las plantas cuentan con una estructura interna en sus raíces, la franja de Casparian, que actúa como filtro natural frente a partículas potencialmente dañinas. Sin embargo, los resultados obtenidos muestran que los nanoplásticos pueden superar esa barrera.
Los expertos consideraron en la publicación que la capacidad de los cultivos “para acumular nanoplásticos ha permanecido relativamente inexplorada debido en gran parte a limitaciones analíticas”.
“Este es el primer estudio que demuestra que las partículas nanoplásticas pueden traspasar esa barrera, con el potencial de acumularse en las plantas y transmitirse a cualquier alimento que las consuma. No hay motivos para creer que esto sea exclusivo de este vegetal, ya que existe una clara posibilidad de que los nanoplásticos estén siendo absorbidos por diversos productos agrícolas cultivados en todo el mundo”, afirmó Clark en declaraciones recogidas por la Universidad de Plymouth.
Otras investigaciones de estos especialistas han documentado la presencia de partículas plásticas tanto en las profundidades oceánicas como en las laderas del Monte Everest, según divulgaron.

Además, tal como precisaron, han identificado fuentes de contaminación que van desde el desgaste de neumáticos y el lavado de ropa hasta la degradación de objetos plásticos de mayor tamaño. E
El profesor Richard Thompson, jefe de la Unidad Internacional de Investigación de Basura Marina de la universidad y coautor del estudio, contextualizó los resultados dentro de la trayectoria del equipo: “Hasta cierto punto, estos hallazgos no deberían ser una sorpresa; después de todo, en todos nuestros trabajos anteriores hemos encontrado contaminación por microplásticos en todos los lugares donde la hemos buscado”, declaró Thompson a la Universidad de Plymouth.
Añadió que “este estudio proporciona evidencia clara de que las partículas en el ambiente pueden acumularse no solo en mariscos, sino también en vegetales. Este trabajo forma parte de nuestra creciente comprensión de la acumulación y los efectos potencialmente nocivos de las micropartículas y nanopartículas en la salud humana”.
El estudio subraya la urgencia de profundizar en la investigación sobre los riesgos que representa la presencia de nanoplásticos en la cadena alimentaria, tanto para el medio ambiente como para la salud pública. Los autores advierten que se trata de un problema emergente de seguridad alimentaria, cuya magnitud y consecuencias aún requieren ser determinadas con precisión.
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