(Ilustración: Rodrigo Acevedo Musto)
(Ilustración: Rodrigo Acevedo Musto)

Las separaba una década. Valeria Mesalina nació en el 25 después de Cristo, y Estatilia Mesalina en el 35. Las dos fueron emperatrices de Roma. Valeria, según varios historiadores, era bellísima. Estatilia, según las mismas fuentes, "la menos atractiva de las esposas de Nerón".
Valeria vivió apenas 23 años. Estatilia, 33.

Pero este comienzo, que suena a colegial, elemental apunte de historia, es apenas la cáscara de dos vidas cortas y turbulentas de poder, sexo, conspiraciones, crímenes, suicidios, corrupción.

A ellas vamos…

Valeria Mesalina y su familia eran los parientes pobres, la rama caída del clan Julia. Sin dote, esencial para atraer a un hombre de peso y fortuna, no tuvo otra salida que casarse con Claudio, tío del demente y brutal emperador Calígula.

Ella tenía 16 años. Él, ¡52! Y con dos matrimonios y dos divorcios en su espalda. Un senador rico, viejo, de grotesca figura, rengo, tartamudo, y tenido –erróneamente– por idiota: fue un gran gobernante y estratega militar muy querido por su pueblo…

En cuanto a Valeria, no hay mejor retrato que el de Robert Graves en su novela Yo, Claudio, cuando le hace describir a éste, enamorado de su joven mujer: "Mesalina era una muchacha hermosísima, esbelta y de veloces movimientos, ojos tan negros como el azabache, y rizados cabellos negros. Tenía una sonrisa misteriosa que casi me enloqueció de amor. Pero cuando un cincuentón no muy inteligente y no muy atrayente se enamora de una muy atrayente y muy inteligente muchacha de tan pocos años…, las perspectivas son muy malas".

La boda, en el año 40, fue una larga y costosa fiesta. Tuvieron una hija: Octavia, que sería una de las esposas de Nerón, y un hijo, Británico. Una vida de apariencia normal que no tardaría en mostrar su espantosa cara…
Porque en Mesalina latía un monstruo. Una mujer ambiciosa, despiadada, que convirtió a Claudio en un títere, y lo obligó a nombrar a amigos y amantes en altos puestos del gobierno. Sin embargo, no sería lo peor…

Asesinado Calígula (año 41), Claudio se convierte en emperador, y Valeria en emperatriz.

¡Todo el poder en sus manos!

Valeria Mesalina y su hijo Tiberio Claudio Británico (Museo del Louvre)
Valeria Mesalina y su hijo Tiberio Claudio Británico (Museo del Louvre)

Y mientras Claudio, a la cabeza de sus legiones, conquistaba Britannia, ella se despoja de su respetable hábito y se viste con la túnica de una lujuria insaciable.

Décimo Junio Juvenal escribe en una de sus Sátiras: "Tan pronto como creía que su marido estaba dormido, esta prostituta imperial salía de la casa, de noche y acompañada por una esclava, disimulaba su cabello negro con una peluca rubia, y se dirigía al lecho barato de un lupanar, donde tenía reservada una cámara, y tomaba su puesto, desnuda y con sus pezones dorados, atendiendo con el nombre de Lyscisca".

Testigos y rumores juraron que se acostaba con criados, soldados, gladiadores, nobles, etcétera… Y con Palas, el corrupto administrador del Tesoro, que derramó sobre ella una fortuna en denarios, la moneda de plata oficial.

Entre sus amantes apareció Tito, de 15 años "y gran vigor sexual" (dato de una crónica). Una relación tan ardiente como escandalosa, ya que el adolescente la reveló por media Roma. Fue su último acto: Mesalina, con ayuda de su amiga Locusta, lo envenenó…

El historiador Suetonio refiere que "le gustaban sus aventuras en los prostíbulos del barrio de Suburra, se hacía azotar, le gustaba el sexo duro, y cobraba como una prostituta de lujo".

La leyenda –implacable– dice que en su noche de bodas, mientras Claudio dormía, ella se acostó con un esclavo que cuidaba el jardín, y que un día desafió a Escila, la puta romana más famosa, a una carrera de sexo: quién de las dos atendía a más hombres en cierta cantidad de horas…, y ganó: Escila se rindió después de veinticinco hombres.

Pero el fin se acercaba…

En el año 48, Mesalina se enamoró del cónsul Cayo Silio, lo obligó a divorciarse de su mujer, se casó con él mientras Claudio estaba en Ostia, y celebró la unión con un colosal banquete al que invitó a cónsules, senadores y personajes de la alta sociedad, y que duró todo un día.

El casamiento de Mesalina con Cayo Silio por Nikolaus Knüpfer
El casamiento de Mesalina con Cayo Silio por Nikolaus Knüpfer

Entretanto, tramaba una conjura para derrocar a Claudio e instalar en el sillón del emperador a su nuevo marido.

Pero Claudio, informado de la bigamia por Narciso, un esclavo liberto, partió de Ostia hacia Roma, hizo matar a Cayo Silio, y condenó a Mesalina a la pena de muerte.

La hizo ejecutar Narciso, por la espada de un centurión, en los magníficos jardines de Lúculo, gran político, militar y gourmet. Un lugar que ella amaba…

Claudio murió en la noche del 13 de octubre del 54, envenenado con hongos letales puestos en uno de sus platos favoritos. La instigadora habría sido Agripina, la madre de Nerón.

La otra Mesalina

Estatilia fue la tercera esposa de Nerón (años 66 al 68). De familia patricia, no fue muy popular entre los romanos. En realidad, una mujer intrascendente…

Era –se supone– hija de Tito Estatilio Tauro, general triunfante y dos veces cónsul.

No mató a nadie –o no hay registros de ello–, pero fue cómplice de las tropelías, los delirios y los crímenes del demente emperador, que para casarse con ella empujó al suicidio a su marido, el cónsul Vestinio Atico.

El clan Estatilia era opulento, culto, y seguía a una elitista secta neopitagórica que urdía sus ritos en lugares subterráneos. Ceremonias que muchos confundieron con brujería…

Según el cónsul e historiador Tácito, "Nerón fue amante de Estatilia antes de que ella se casara con Atico, y aún mientras estaba casado con Popea".

Hay dudas: ¿era bella o fea? En todo caso, otros historiadores aseguran que fue la menos atractiva de las mujeres de Nerón. Que había sido gran amigo de Atico…, pero esa relación se quebró cuando éste, nombrado cónsul, empezó a burlarse de Nerón en público, en las fiestas, y haciendo escarnio de su persona.

Estatilia Mesalina
Estatilia Mesalina

La amistad viró hacia un odio que acabó con su vida: Nerón lo acusó de conspirador y ordenó su muerte.

Si bien es cierto que Estatilia actuaba como una gran dama, una matrona romana que cumplía con todos los cánones de su rol, y que más allá de los rumores jamás pudo probarse que intrigara o conspirara contra su atroz marido, no podía ignorar sus crímenes.

Toda Roma sabía que envenenó a Británico, su hermanastro. Que hizo asesinar a Claudia Octavia, su primera esposa, de apenas 22 años, acusándola de adulterio. Que mató de una patada en el vientre a su segunda esposa, Popea Sabina, embarazada. Que hizo envenenar a su antiguo tutor, el militar Sexto Afranio Burro. Y que en el verano del 64, mientras durante seis días ardió un tercio de la ciudad, cantó y tocó la lira en su villa de Antium…

El fuego empezó en los frágiles caseríos de los barrios pobres, y siempre se sospechó que el instigador fue Nerón, obsesionado por convertir esos miserables nichos en un sector de lujo.

Pero Estatilia calló siempre. Aun después de la muerte del tirano. Una indiscutible forma de la culpa…

(Post scriptum: la época de las dos mesalinas –algo antes y bastante después– fue un período de vicio, degradación y corrupción como nunca antes había conocido Roma. La ambición de poder hizo correr mucha sangre. Las ejecuciones y los"suicidios" obligados, una constante. Pero también emergió una secta cuyo líder, Jesús de Nazareth, predicó todo lo contrario: el cristianismo. Su noción de un único dios, y la expansión de ese credo, cegó de furia a Nerón. Entre otras cosas, porque los romanos adoraban muchos dioses, y ese andamiaje podía derrumbarse frente a esos hombres y mujeres que seguían a su Mesías. No hubo piedad para ellos. Empezaron a morir en la arena bajo la espada de los gladiadores. A morir decapitados, crucificados, quemados vivos. El apóstol Pedro murió en la cruz, de cabeza. El apóstol Pablo fue torturado hasta morir. Pero el martirio fue la semilla de un árbol gigantesco…)

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