El padre de Messi, cara a cara con el presidente Bartomeu: las estrategias en una pelea de final abierto

El primer encuentro entre el representante del futbolista y el club es inminente. Mientras la Pulga insiste con que “el ciclo está cumplido”, al arribar su padre dijo que ve “difícil” la negociación y que no había “hablado con Guardiola”. Las cartas que jugarán las partes durante el cónclave, mientras el Manchester City aguarda su oportunidad

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Con vistas al encuentro con el presidente del Barcelona, Josep Maria Bartomeu, Jorge Messi ya aterrizó en la Ciudad Condal, donde intentará destrabar la salida de su hijo Lionel, al que todos los rumores ubican cerca del Manchester City de Inglaterra. “No sé nada, muchachos”, se limitó a decir el padre de la Pulga en su arribo, según informó Mundo Deportivo de España. Su avión privado aterrizó alrededor de las 8.45 (3.45 hora argentina) y luego se dirigió a unas oficinas en el centro de la ciudad. Allí fue consultado nuevamente por la prensa ibérica, por lo que Jorge Messi admitió que veía “difícil” la negociación y desmintió haber “hablado con Guardiola”. Esos fueron sus primeros pasos en tierras españolas, de cara a una pelea que aún tiene final abierto.

Los dos teléfonos de Jorge Messi están estallados. El argentino y el español. Siempre son una extensión de su mano. Más aún desde que se filtró que Leo le había enviado el burofax al Barcelona avisando que se quiere ir del club. Igual no fueron sólo ocho días intensos. Arrancó antes de que el club filtrara la información. Cuando su hijo le dijo que pensara la salida. Ahí Leo ya había definido con la familia moverse de la zona de confort porque quería intentar ganar la Champions. “Es un ciclo cumplido”, dijo el 10 en su intimidad. Fue entonces que pidió una salida sin escándalos. Irse de la mejor forma posible. Una situación que implica trabajo full time de los abogados y una estrategia definida.

De las dos partes entonces dejaron trascender -a propósito- posturas inflexibles. Hasta que se avanzó telefónicamente hacia una reunión. En este tsunami de rumores, el jueves de la semana pasada se instaló que Jorge estaba en Manchester, aunque nadie había visto una foto. Siempre estuvo en Rosario. “Lo hará cuando sea necesario”, dijo una voz en off que hizo 2x1: respondía cuándo iba a hablar Messi y cuándo viajaría su papá. El momento llegó. El martes, unas horas después de que el avión privado se dejara ver en el aeropuerto de Fisherton, Jorge metió un trote rápido para subirse a la nave blanca y repasar la hoja de ruta.

Ver a Leo en su casa de Castelldefels. Reunirse con los abogados. Hablar con Bartomeu. Escuchar otras posibilidades. Todo cuidando las formas. No a lo Koeman con Luis Suárez. Hasta mentalmente se pueden hacer los ítems de la agenda antes de saber los horarios. Ahí habrá que ver si hay reunión este miércoles o se pasa para el jueves. Lo que tenía claro Jorge -más allá de las especulaciones- es que partía entre las 12.30 y las 13.30 desde Rosario con toda la familia expectante. Hay ansiedad por la definición en el mundo Messi. No es que toda su gente sabe el final. Se maneja de un modo discreto.

Ellos están al tanto de todas las noticias allá y acá. De chico fue así. Aunque en esa época no se movía en un avión privado valuado en un poco más de 15 millones de dólares. Es muy a su gusto. En la escalera tiene -en orden descendiente- los nombres de Leo, Antonela, Thiago, Mateo y Ciro. La capacidad es para 16 personas. Los asientos pueden unirse para formar 12 camas. Más dos baños y una cocina súper equipada. Esta vez -un detalle- no se le vio pintado el 10. Jorge, al tener pasaporte europeo, no debe estar 14 días aislado. Desde acá hay dos vuelos semanales de Aerolíneas Argentinas a Madrid. Se llaman especiales pero puede comprarlos cualquiera. También vuela Iberia. Si uno no tiene pasaporte de la comunidad, se pide el traslado a otro país o cumplir la cuarentena.

A Jorge, como mucho, le tomaron la fiebre al llegar a El Prat. Ahí estaba repleto de cámaras. Aunque apenas se le escucharon unas pocas palabras. Hace largo tiempo que no da una entrevista. Su única aparición pública fue la semana pasada desde su cuenta de Instagram, desde donde mira más de lo que muestra. Publicó una story para desmentir un supuesto audio de Leo. En realidad eran de un imitador, no una filtración del deseo de jugar en el City. Una vez allá empezará el round. Aunque hay que leer bien entrelíneas cómo se transmite la pelea. Del lado de Messi desmintieron que Guardiola le haya dicho que si no va libre, no va. Pep lo espera con los brazos abiertos más allá de que cuida las formas delante de los ojos catalanes. Y no parece ser todo tan inflexible. Mientras, el Inter otro de los interesados, se bajó públicamente de la puja.

Quienes más conocen la intimidad de la dirigencia de Barcelona ven las distintas puestas en escena del presidente. Como cuando filtró que se iba si el 10 se quedaba y blanqueaba que su problema era con él. Dicen que buscaría un buen dinero para equilibrar números en rojo. Los Messi se hacen fuertes en la cláusula para decidir irse unilateralmente, pero quieren una salida en paz. Recién después se podría pensar que acepten poner un precio que destrabe el contrapunto. No existe ninguna chance de que alguien pague los famosos 700 millones de euros. Cristiano Ronaldo se fue del Madrid a la Juventus por 112 millones de euros. Tenía 33 años también. Por eso podría servir de base para discutir.

“O se va a otro club o se va a su casa, pero Messi ya se fue del Barcelona. Estoy totalmente convencido, no tengo ninguna duda... A sus 33 años, Messi ya no se siente con fuerza para tirar solo del Barcelona, pero quiere seguir siendo Messi. El ya se fue, digan lo que digan los papeles. Y en algún lugar tiene que recalar”, opinó Jorge Valdano, lúcido analista del juego y los jugadores. Eso mismo piensa Leo. Por eso él nunca dudó de no presentarse a los estudios PCR del domingo, a la práctica del lunes, y a la del martes. Allí donde estuvo todo el resto, como el marginado Luis Suárez. O el chileno Arturo Vidal, que ahora habla de “cambiar el ADN del club”. Imposible con Messi adentro. El interrogante estaba planteado en los medios por falta de información o porque algunos encontraban ahí una forma de exponerlo con los hinchas. No es un Maradona que se plante a los gritos, pero él ya decidió irse. Algo que le duele pero lleva más de una semana asimilando. Lo entendió Koeman cuando se juntaron cara a cara y el holandés se mostró poco flexible a escuchar. Y lo saben sus compañeros más cercanos como Luis Suárez, con quien está en contacto permanente; Jordi Alba o Busquets. Incluso lo perciben algunos de los muchachos con los que no tienen tanta relación. Más allá que Messi no haya abandonado el grupo de WhatsApp de todo el plantel.

El 2 de septiembre puede quedar agendado para siempre. Se puede reescribir el guión. Hasta las personas más cercanas a Messi reconocen que “sólo Leo sabe qué hará”. Sí es sabido que Leo -a través de su padre y representante- pedirá la libertad de acción. Está muy bien asesorado y se hará fuerte en la cláusula. De hecho los únicos que leyeron en detalle el contrato son ellos. Desde afuera se especula. Aunque hay una vieja entrevista que se viralizó en la que el propio Bartomeu cuenta que al final de esta temporada el 10 puede irse como premio a todo lo que le dio al club. Igual bajó el mensaje de que él pedirá renovar dos años más de contrato porque no quiere perder a la estrella. Messi es el jugador más preponderante de la historia del Barcelona. Por encima de Cruyff, Ronaldinho, Maradona, Ronaldo, Rivaldo, Xavi, Iniesta... Ahora se disputa otro partido en el que no piensan tratarlo como una estatua viviente. Igual se pueden abrir una gran cantidad de variables para tratar de destrabar la situación. Un cónclave que será seguido en directo desde Manchester por Guardiola y Agüero. Ellos -el City- esperan esa salida para avanzar por el crack. Sus teléfonos tampoco paran de sonar. Como los del papá de Messi.

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