Louisa Alcott y
Louisa Alcott y "Mujercitas", Lucy Montgomery y "Ana de las tejas verdes"

“Estoy enojada casi todos los días de mi vida”. Esta frase la dice Marmée, la madre de las mujercitas, en una conversación con su hija Jo cuando llega a la casa desolada porque su hermana Amy casi muere ahogada por su culpa. Amy había quemado los únicos manuscritos que Jo conservaba y que eran el trabajo literario de “toda su vida”. Y Jo no se la va a hacer fácil. Indignada con la frivolidad y poca empatía de Amy, decide que no la perdonará nunca. Amy la persigue, desesperada por pedirle disculpas y cae en un lago congelado. Frente a la posibilidad de peligro de su hermanita, Jo recapacita y vuelve a tiempo para salvarla, obviamente con la ayuda de Laurie porque, sin él, la muerte de Amy hubiese sido segura. Jo reniega de su ira, un sentimiento bajo, poco femenino.

Marmée continua diciendo, frente al estupor de su hija ante semejante confesión, que aprendió a ser paciente, a irse o contar hasta diez para no estallar, gracias a su marido que es como un maestro, un guía, un padre que es un ejemplo de todas las virtudes. Puede que esto haya sido una clara ironía por parte de Louisa Alcott para desnudar la infelicidad y la frustración de muchas mujeres en su época pero la verdad es que en cada uno de los intentos por emancipar a las mujercitas en su escritura, se queda a medio camino entre el deber ser y las posibilidades reales de vivir en el mundo que les toca.

Pocas veces se hace referencia a Marmée, una mujer abnegada que intenta inculcarle a sus hijas valores de libertad y autonomía a la vez que reprime casi a diario su ira y cuenta hasta diez antes de despotricar contra todas las adversidades que se suceden en una novela que toca por arriba y sin solución real problemas como la discriminación por clases, el poder económico de los hombres, la necesidad casi inescapable de las mujeres de buscar un buen partido, las apariencias, la caridad como forma de chivo expiatorio. Marmée quiere darles a sus hijas algo que ella no tuvo y sabe que muy probablemente ellas tampoco tendrán: independencia. Jo, el personaje más adorado de la novela por su tenacidad, su elocuencia y su falta de interés por los temas mundanos (solo le interesan los libros y las bibliotecas, obviamente) encarna las aspiraciones y los miedos de Marmée, la improbable convivencia entre libertad interior y vida en sociedad.

Trailer de "Mujercitas", la versión de Greta Gerwig sobre la novela de Louisa M. Alcott

Solapada en esa sola frase de Marmée, Mujercitas es un manual de buenas costumbres para niñas de finales del siglo XIX en Estados Unidos. Publicado por primera vez en 1868, el libro recibió inmediata recepción en una nación que buscaba una creciente independencia cultural de la Inglaterra victoriana a la vez que intentaba, tardíamente, repetir los patrones de una sociedad que a esa misma altura, y del otro lado del atlántico, estaba recibiendo con brazos abiertos autoras como las hermanas Brontë, Jane Austen, George Elliot o Mary Shelley. Autoras todas que, desde principios del siglo XIX y con una perspectiva más auténtica y prosa mucho más elaborada, encontraron en la literatura una forma de defensa de las mujeres y una crítica social dura en referencia al rol que ocupaban en la sociedad.

Claro que Alcott se empeña en hacer de sus mujercitas personajes que buscan el amor, la independencia, la búsqueda de la libertad y la excelencia intelectual. Su club de lectura es una clara muestra de ello, aunque ni siquiera en la privacidad del club se llaman a ellas mismas por sus nombres sino que se hacen llamar con nombres masculinos.

Pero vayamos al comienzo. Mucho se ha dicho de las varias referencias autobiográficas de la autora en Mujercitas. En efecto, podría pensarse así. Las coincidencias con su vida son notables: la figura de Meg está muy emparentada con la hermana mayor de Alcott, Anna; mientras que la autora es, por supuesto, Jo. Otra de sus hermanas, May, le dio la vena artística y un poco de cabeza fresca a Amy y la desaparición de su hermanita menor, Lizzie —quien había muerto a los 22 años de escarlatina— se convirtió en el material perfecto para la creación de la desafortunadísima Beth.

Claro que, a diferencia de su progenitor, el padre de las mujercitas es un valiente patriota que se pasa casi toda la novela en el frente pero eso también fue la forma que tuvo Alcott de representar a su propio padre, un pensador idealista muy poco preocupado por el bienestar de la familia Alcott que bien podría haberse ido a la guerra porque su presencia y asistencia en la casa eran nulas.

"Mujercitas", edición anotada

Lousia Alcott adoraba escribir historias de suspenso, que vendía por muy poco dinero a las revistas para poder ayudar a la familia (al igual que Jo). Cuando un editor le pidió que escribiera una novela costumbrista sobre niñas y adolescentes, Alcott se negó, pero, ante la insistencia de su padre, decidió hacerlo. Tardó dos meses en escribirlo y lo consideraba un libro aburrido y cargado de tonterías sin mayor sentido. Alcott era muy radical en su pensamiento y había decidido que nunca iba a casarse.

El éxito rotundo de Mujercitas significó un alivio para toda la familia y una nueva carga: las lectoras clamaban por saber qué había sido de las vidas de estas mujercitas y si Jo se iba a casar o no con el bien amado Laurie. El dinero y la tranquilidad que la serie de libros de Mujercitas le dio a Alcott le permitió varias cosas: escribir sobre lo que ella quería, mantener a su familia y permanecer soltera tal como era su deseo. Cuando algunas lectoras se acercaban a la casa para conocerla, Alcott salía y les decía que era la mucama. No las soportaba.

Louisa May Alcott (Foto: Shutterstock)
Louisa May Alcott (Foto: Shutterstock)

Con el paso de las ediciones, los editores le pidieron a Alcott que quitara de sus novelas ciertos pasajes definitivamente muy reivindicativos de la mujer y así fue que durante muchos años esta novela circuló en su versión más breve (de 500 páginas entre todas las novelas quedó reducida a una de alrededor de 200), lo que hace aún más incomprensible su éxito.

Las situaciones que atraviesan las mujercitas en esta versión edulcorada raramente se resuelven, las amigas son todas arpías y quedan pocos diálogos en los que se discuta el rol de la mujer en profundidad, salvo el de la constante intención de dejar en claro que ser mujer es muy difícil y que la binaria situación libertad-conveniencia económica no podía pensarse desde otro lugar que no fuera la posibilidad radical de emancipación por medio de ingresos autónomos o la rendición a las reglas del juego social y el consecuente enojo contenido casi diario. Empaticé mucho con la ira contenida de Marmée, que es, para mí, la gran protagonista de esta novela.

Trailer de la segunda temporada de "Anne with an E", la versión audiovisual de "Ana de las tejas verdes"

Por otro lado, Ana de las tejas verdes de L. M. Montgomery y sus siete libros posteriores me dieron, de pequeña, una mirada compleja de la vida, de las relaciones familiares, de la amistad incondicional en el personaje de Diana, y del amor; del pasaje de la niñez a la adolescencia y de los peligros del mundo. Aprendí que una amiga siempre puede salvarte y que con imaginación y una sonrisa podías comerte al mundo y hacer que los demás no se sintieran solos, ni discriminados por ser “diferentes”.

La creadora de Ana, la escritora canadiense Lucy Maud Montgomery (1874-1942), nació y creció en la Isla del Príncipe Eduardo a donde llega Ana con sus diez años y una terrible experiencia en un orfanato. En parte la vida de Montgomery también se refleja en las peripecias que sufre en los primeros años de vida la propia Ana. Montgomery, al igual que la protagonista de sus novelas, fue criada por sus abuelos tras la muerte de su madre. Ambos fueron demasiado estrictos y distantes con la pequeña Lucy. Se salvó de una vida sombría y poco aventurera gracias a su extremado talento como estudiante. Fue primero docente y luego periodista. Publicó su novela más famosa, Ana de las tejas verdes, en 1908 y disfrutó mucho del éxito de sus historias.

Convirtió a sus abuelos en dos hermanos (un hombre y una mujer de mediana edad: Marilla Cuthbert y Matthew Cuthbert) que viven juntos en Tejas Verdes, una granja en un pequeño pueblo imaginario llamado Avonlea, en la Isla del Príncipe Eduardo. Esta pareja de hermanos espera a un niño llegado de un orfanato para que los ayude en la granja. En su lugar llega una niña de cabellos rojos, una verborragia casi intolerable y un deseo intenso de amar y ser amada. La historia de esta familia extraña crece en cada vuelta de página y los lazos que crean son profundos y amorosos.

Lucy Maud Montgomery
Lucy Maud Montgomery

Al igual que Jo pero con mucha más contundencia y constancia, Ana va derribando todas las barreras que la separan de sus sueños: aprende a leer y a escribir, logra amistades profundas, acepta y es aceptada en sus diferencias siempre dejando en evidencia la pacatería y los prejuicios de la época, su intelecto es superior, su constancia y empeño arrasador y su imaginación siempre supera todas las expectativas. Rompe una y otra vez con todos los estereotipos victorianos.

Así como el personaje que crea, Montgomery sufre en carne propia las rígidas creencias de la sociedad en la que vivió. Una vida complicada, un matrimonio fallido, hijos difíciles, un aparente amorío, dolores crónicos, medicamentos constantes y la imposibilidad de ser feliz. Deja sus notas en un diario personal al que llama “libro gruñón” y en el que, como el personaje de Marmée, registra todas sus frustraciones e ira, pero también el optimismo en el futuro de las niñas. En una entrada de 1922 en el “libro gruñón”, se puede leer esta nota a una bisnieta imaginaria:

Viví cien años antes que tú; pero mi sangre corre por tus venas y he vivido, amado, sufrido, disfrutado, trabajado y luchado como tú. Encontré la vida buena, a pesar de todo. Que la encuentres así. Descubrí que el coraje y la amabilidad son las dos cosas esenciales. Son tan esenciales en tu siglo como lo fueron en el mío. . . . Espero que seas alegre e ingeniosa, valiente y sabia; y espero que te digas a ti misma, “si la tatarabuela estuviera viva hoy, creo que me gustaría a pesar de sus faltas”.

Publicaciones de la serie
Publicaciones de la serie "Ana de las tejas verdes"

Si bien la vida de Ana Shirley fue escrita en 1908, está ubicada históricamente a finales del siglo XIX y es casi coetánea de Jo. A diferencia de esta última, Ana es un personaje encantador porque está lejos de ser perfecta, comete errores todo el tiempo, asume y se preocupa por todos y a veces va más allá de lo políticamente correcto, y los lectores podemos reírnos con ella y entender su corazón libre y radical. Como bien recita la canción que abre cada capítulo de la nueva versión de Ana de las tejas verdes en Netflix “Anne with an e”, esta chica sí que estaba “adelantada cien años”.

Siempre Ana, nunca Jo.


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