"Sueños de paz", los diarios de una niña judía que sobrevivió al Holocausto (fragmento)

Por Bart Wellet

Carry Ulreich nació en Roterdam
Carry Ulreich nació en Roterdam

La Segunda Guerra Mundial afectó de lleno a los Países Bajos. Paulatinamente, la ocupación alemana, iniciada en 1940, fue alterando la vida de los neerlandeses: resultaba cada vez más difícil encontrar comida, ropa o artículos de primera necesidad, y los bombardeos, el terror nazi y las acciones de la resistencia sembraban el pánico. Al poco tiempo quedó de manifiesto que los invasores se la tenían jurada a la población judía. La fueron expulsando poco a poco de la sociedad con el objetivo final de exterminarla.

¿Qué significaba para una adolescente judía llegar a la edad adulta en esa época? El diario de Carry Ulreich de Róterdam ofrece una respuesta tan sobria como contundente a esta pregunta. Gracias a la observación aguda de la joven protagonista, unida a un acusado sentido de las emociones personales, el lector experimenta la lucha por la supervivencia en carne propia. Estamos ante el relato de la vida de una niña normal y corriente que sufre cada vez más el impacto de la guerra en toda su extensión. Conforme va escribiendo, Carry desarrolla una voz propia. El tono íntimo y personal hace que la distancia entre el entonces y el ahora se desvanezca, hasta el punto de que el lector vive de cerca las experiencias que afloran en los conflictos bélicos.

La «Ana Frank de Róterdam»

En los últimos decenios se han publicado numerosos diarios de guerra. El más célebre es sin duda el de Ana Frank. Se editó en 1947, poco después de la liberación, y con el paso de los años se ha erigido en la «madre de todos los diarios». Cada vez que se descubre uno nuevo, la comparación se vuelve inevitable. Más si cabe en el caso del diario de Carry Ulreich, a causa de las innumerables analogías. Recoge la vida de una adolescente que se cría en una familia muy parecida a la de Ana Frank: padre, madre y hermana mayor. Cuando llega el momento de pasar a la clandestinidad, la despreocupada vida de colegiala, en la que los estudios alternan con el flirteo, se ve reemplazada por una existencia precaria. Carry Ulreich describe con suma precisión el efecto que la dependencia y el miedo causan en ella misma y en los suyos. No en vano firmó en el libro de visitas de la Casa-Museo de Ana Frank en Ámsterdam como «Ana Frank con final feliz».

Sin embargo, pese a todas las similitudes, son las diferencias las que urgen dar a conocer el diario de Ulreich. Debo confesar que, cuando me pidieron que evaluara el texto con vistas a una posible publicación, me mostré más bien escéptico. Como especialista en la historia de los judíos neerlandeses recibo con cierta frecuencia documentos similares, todos ellos escritos en primera persona. Por lo general, ni el estilo ni el contenido son aptos para el gran público, el interés se limita al círculo más cercano de familiares y amigos. Ahora bien, nada más empezar a leer el diario de Carry Ulreich, mi escepticismo se esfumó para dar paso al convencimiento de que se trataba de una obra de trascendencia universal.

Relevancia

¿Dónde radica el interés del diario de Carry Ulreich? La respuesta es múltiple. En primer lugar, se trata de un texto de marcado carácter
roterdamés. La historia de la persecución de los judíos en los Países Bajos queda en buena parte reducida a aquello que sucedió en Ámsterdam, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que la capital albergaba a la comunidad judía más numerosa y más importante del país. En su diario, Ana Frank da testimonio de la animada y multiforme vida capitalina. Así y todo, cabe llamar la atención sobre la existencia de comunidades judías de cierta envergadura en otros municipios, entre ellos Róterdam, donde a comienzos de la Segunda Guerra Mundial residían unos trece mil judíos. El diario de Ulreich muestra cómo se vivieron la persecución, la deportación y la lucha por la supervivencia en Róterdam. Un Róterdam devastado. No olvidemos que el bombardeo de la ciudad en mayo de 1940, a raíz del ataque alemán contra los Países Bajos, había causado estragos. De hecho, aquel bombardeo, que arrasó el casco antiguo, se convirtió en protagonista por antonomasia de la historia bélica de la ciudad portuaria y terminó eclipsando de alguna manera todo cuanto ocurrió después.

En segundo lugar, la joven autora creció en una familia judía muy implicada en los acontecimientos de la época. Aunque entre su círculo de amistades había muchos judíos neerlandeses, ellos mismos eran originarios del este de Europa. No es de sorprender, por tanto, que estuvieran muy atentos a lo que ocurría en el resto del continente y que acabaran desarrollando un sexto sentido para las consecuencias violentas del antisemitismo. La familia abrigaba creencias ortodoxas y comulgaba con el sionismo. En tiempos de guerra, todo ello genera tensiones, enfrentamientos, además de sueños propios y específicos.

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En tanto que Ana Frank nace en el seno de una familia judeoalemana de corte liberal y abraza una visión universal del mundo, Carry Ulreich nos ayuda a entender cómo unos judíos ortodoxos procedentes de la Europa Oriental afrontan la guerra, el mundo y el porvenir desde una perspectiva eminentemente judía. Relata cómo el movimiento juvenil sionista prosigue sus actividades en la clandestinidad tras la prohibición impuesta por las fuerzas invasoras. La guerra no hace más que intensificar los preparativos para la vida en Palestina. Cuando la familia se ve obligada a ocultarse, se desatan las dudas. ¿Qué hacer con la comida kósher? ¿Cómo cumplir en la medida de lo posible con las leyes judías (Halajá)? ¿Hasta qué punto respetar las festividades del judaísmo? Carry y los suyos acaban celebrando las fiestas cristianas con la familia que los esconde. Las barreras religiosas que antes parecían infranqueables van derrumbándose poco a poco. Desde esta óptica, el diario permite hacerse una idea de la vida religiosa de una familia judía tradicional en tiempos bélicos.

En tercer lugar, estamos ante un texto escrito mayoritariamente desde un escondite. Buena parte del diario —más de tres años— cubre las experiencias vividas durante la estancia clandestina en casa de los Zijlmans, una familia católica de Róterdam. ¿Cómo encararon los Ulreich el hecho de tener que permanecer encerrados casi de continuo? ¿A qué se dedicaban para ocupar el tiempo? ¿Qué clase de relación mantenían con quienes los ocultaban? Carry demuestra ser una observadora aguda. Sin dejar de expresar una y otra vez su infinita gratitud por la calurosa acogida, describe las incomodidades a las que están expuestas dos familias muy diferentes que de repente deben convivir bajo el mismo techo. Es fácil identificarse con los roces y la sensación de dependencia total. En medio del flujo constante de rumores y noticias de guerra, unos y otros tratan de vivir la vida lo mejor que pueden. Carry nos retrata el día a día de una familia de judíos escondidos: labores domésticas, largas horas de lectura y de tertulia, debates teológicos con los anfitriones católicos, flirteo entre los jóvenes. Resulta asombroso constatar que incluso salían a la calle, aunque en contadas ocasiones.

Al hilo de lo anterior, en los últimos años se ha originado una viva polémica: ¿hasta qué punto los neerlandeses en general y los judíos en particular estaban al tanto de lo que deparaba «el Este» a los judíos deportados? Según el diario de Carry, la radio inglesa —que la familia escuchaba los sábados pese a las prohibiciones del shabat— difundía ya por 1942 información sobre la masacre de judíos en Polonia. Los Ulreich no eran unos ilusos. Aunque no perdían la esperanza de volver a ver a los amigos y familiares detenidos y deportados, asociaban casi sin reservas el traslado a Polonia con la muerte.

El diario de Ana Frank se interrumpe con brusquedad cuando la detienen y deportan junto con sus familiares, supuestamente como consecuencia de una traición. Solo el padre, Otto Frank, regresó de los campos de concentración. En cambio, el relato de Carry Ulreich tiene en cierto modo un final feliz: la familia al completo sale con vida de su escondite y de la guerra. A este respecto reviste especial interés la descripción del alivio que supuso la liberación en 1945. El diario también alude a la tímida recuperación de la diezmada vida judía a la sombra de la Shoá: el primer servicio religioso oficiado en la sinagoga de un Róterdam liberado, la búsqueda de supervivientes, la construcción de una a modo de comunidad. Con la llegada a los Países Bajos de la Brigada Judía —la formación judeopalestina del Ejército británico— como parte integrante de las fuerzas liberadoras, los ideales sionistas vuelven a resurgir con fuerza. Cuando uno de los soldados se cruza en su camino, Carry rápidamente abandona Róterdam hacia Palestina.

Carry Ulreich y su familia estuvieron escondidos más de 3 años
Carry Ulreich y su familia estuvieron escondidos más de 3 años

El diario y el proceso de edición

En 1946, Carry Ulreich partió al entonces Mandato Británico de Palestina —convertido en 1948 en el Estado de Israel—, donde bajo el nombre de Carmela Mass pasó a ser la matriarca de una larga descendencia. Su diario viajó con ella. Estuvo perdido en el desván de su casa hasta que hace unos años lo desempolvó para compartirlo con sus hijos y nietos. Preparó una versión resumida en hebreo para uso familiar. Así fue como su hijo Oren Mass, editor en Jerusalén, leyó por primera vez algunos fragmentos de las impresiones que su madre había puesto por escrito años antes. Quedó tan asombrado que se los llevó a la Feria de Fráncfort, en busca de una editorial neerlandesa, y la encontró. La editorial Mozaïek, de Zoetermeer, se hizo cargo de la publicación.

El relato comienza el 17 de diciembre de 1941. A partir de esa fecha, Carry escribe prácticamente todas las semanas, en ocasiones varias veces al día. El diario consta de siete tomos: un diario como tal —regalo de su amiga Sonja Taub— y seis cuadernos. En la presente edición, el paso de un tomo a otro se indica oportunamente.

En aras de la legibilidad, el material se divide en tres capítulos. El texto en sí no ha sufrido modificaciones; solo se ha modernizado la ortografía. (…) Si bien los diarios originales obran en poder de la familia Mass, el Museo de la Historia del Holocausto de Jerusalén, Yad Vashem, cuenta con una versión digitalizada para fines de investigación.

 

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