“Es el legado de Yolanda”: así ha sido la lucha para derrumbar las barreras de la eutanasia en Colombia

Lucas Correa, abogado de la mujer que lucha por cambiar uno de los parámetros clave para el acceso a este procedimiento, enmarcado en el derecho a una muerte digna, explica en Infobae el alcance de su cruzada.

Yolanda Chaparro, paciente de ELA que lucha por un mejor acceso a la eutanasia. / Cortesía
Yolanda Chaparro, paciente de ELA que lucha por un mejor acceso a la eutanasia. / Cortesía

Desde finales de la semana pasada viene hablándose en Colombia del caso de Yolanda Chaparro, la mujer de 71 años que, tras ser diagnosticada con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y poco más de un año luchas legales, finalmente tendrá acceso a una muerte digna. Sin embargo, todo parece indicar que esa no será la única victoria para la boyacense en sus últimos días de vida.

También lo será el abrir la senda para que más colombianos puedan acceder a ese mismo derecho fundamental, promulgado en 1997 y regulado desde 2014, sin tener que llegar a las instancias más indignas de su enfermedad. En otras palabras, y si todo sale según lo planeado, quienes tengan patologías degenerativas que ocasionen gran sufrimiento y que definitivamente les llevarán a la muerte, podrían solicitar la eutanasia mucho antes de llegar a la etapa terminal de las mismas.

Quien mejor lo explica es Lucas Correa, escudero de Yolanda en esta epopeya y director de investigaciones de DescLAB, el Laboratorio de Derechos Económicos Sociales y Culturales que le prestó asesoría jurídica desde mediados del año pasado. Esto fue lo que el experto le contó a Infobae Colombia, tanto del proceso como del recorrido de la eutanasia en el país:

¿Cómo terminan trabajando con Yolanda?

Aunque a mi me gusta una frase que dice que ningún encuentro es realmente casual, la verdad es que nos conocimos por casualidades del destino. La decisión de Yolanda de acceder a una muerte digna y a la eutanasia es una decisión reiterada en el tiempo, de hecho tiene un primer documento de voluntad anticipada que firmó en el año 90.

Cuando se entera del diagnóstico de ELA, empieza a buscar opciones con organizaciones sociales que se dedican al tema de muerte digna en Colombia y particularmente en Bogotá. Finalmente, llegó a nosotros porque una de sus hijas y yo tenemos contactos en común y una de estas personas les recomendó que me llamaran.

¿Cómo inicia el proceso una vez resuelven trabajar juntos?

El caso de Yolanda es un caso de litigio estratégico. Es decir, que usa el derecho y las vías judiciales para transformar la realidad social a partir de casos que se llevan ante los jueces, que se masifican en medios de comunicación y que finalmente logran un cambio.

En ese sentido, lo primero que hacemos es aclarar que teníamos pocas posibilidades de ganar, que la tutela que íbamos a interponer y las solicitudes que íbamos a hacer al sistema de salud probablemente iban a ser negadas. Ella es una mujer luchadora, feminista, de izquierda, comprometida con el medio ambiente, con el aborto y con las causas sociales. También entendía que lo que necesitaba cambiar era el derecho, la jurisprudencia de la Corte Constitucional, para derribar esta barrera. La idea le sonó desde un principio y decidió dar esta lucha.

Entonces llegaron las tutelas...

Si. Ella partió por solicitarle el procedimiento a la IPS y a su EPS, que es Compensar. Este fue negado y entonces interpusimos una tutela que perdimos; impugnamos esa tutela para que fuera a la segunda instancia y también la perdimos. Producto de esas dos derrotas, el caso está próximo a llegar a la Corte Constitucional, que va a analizarlo el martes 29 de junio y decidirá si lo selecciona o no. Si la corte está a la altura de los tiempos, y de esta abuela y madre de 71 años, podría transformar su jurisprudencia.

Lucas Correa, director de investigaciones de DescLAB. / Cortesía
Lucas Correa, director de investigaciones de DescLAB. / Cortesía

Antes de pasar a esa posible decisión, ¿de dónde surge la primera negativa a la solicitud de Yolanda?

El caso de Yolanda evidencia quizá la principal barrera que enfrentamos hoy día y que esperamos que la Corte Constitucional revise: para acceder a la eutanasia, el Ministerio de Salud exige al paciente manifestar un consentimiento de forma libre, informada e inequívoca; tener una enfermedad grave, crónica, degenerativa, incurable y que efectivamente vaya a causarle la muerte; y que la misa genere un sufrimiento que la persona considere incompatible con su proyecto de vida.

Acá la discusión está por el segundo requisito. El Ministerio de Salud ha construido una serie de barreras frente a la enfermedad y exige que la persona tenga una enfermedad en estado terminal o que le queden máximo seis meses de vida. Eso es un trampa, porque ni el sistema de salud, ni los médicos, ni la ciencia cuentan con las herramientas para determinar cuál es el tiempo de vida de una persona. De hecho, el mismo ministerio establece que los médicos se equivocan pronosticando el tiempo dos de cada tres veces, unas porque son muy optimistas y otras porque son muy pesimistas.

A Yolanda la obligaron a esperar a que su salud se deteriorara para poder acceder a la muerte digna. Los médicos le dijeron que tenía que esperar a estar postrada en la cama, a no poder masticar la comida, respirar autónomamente, bañarse y necesitar ayuda de manera permanente. Justamente eso era lo que ella quería evitar.

¿Entonces lo que buscan cambiar con ayuda de la Corte Constitucional es el momento en el que un paciente con enfermedades terminales pueden acceder a una muerte digna?

Sin utilizar el adjetivo terminal, porque significa que la muerte es próxima. Como yo lo diría, es que una persona que tenga una enfermedad grave, crónica, degenerativa y que le genera sufrimiento, pueda decidir sobre el fin de su vida sin que le pongan a esperar un tiempo específico o un nivel de deterioro en su salud. Lo que queremos es que eliminen el adjetivo terminal, porque se ha convertido en una barrera para que las personas puedan tomar el control. Ese el legado de Yolanda para los colombianos que vienen, derribar la barrera de la enfermedad terminal.

¿Qué tan común es encontrarse con casos como el de Yolanda, donde los pacientes no quieren esperar hasta la etapa más dura de su enfermedad?

No es un caso masivo, pero es cada vez más común. En Colombia tenemos un índice de 123 eutanasias practicadas desde 2016. Es un número que va en ascenso, el año en el que más procedimientos se llevaron a cabo fue el 2019, con 44 procedimientos practicados. Lo importante no es el número masivo, sino que sepan a qué tienen derecho y puedan tomar las decisiones que ellos consideran justas en el fin de su vida.

¿Es más fácil recorrer un camino con trabas que uno despejado?

Depende de varios factores como dónde está ubicado en el país, pues la mayoría de procedimientos se llevan a cabo en Bogotá y en Medellín; de quién es su operador en salud, de la clínica en la que está, del profesional de la medicina que le atiende. Así como hay lugares fantásticamente preparados para brindar este apoyo, hay otros sin ningún tipo de preparación y hay otras que actúan de mala fe, imponiendo barreras ilegales a las personas.

Mucho de lo que menciona parece estar ligado con el tabú que hay alrededor de la eutanasia, de la muerte, e incluso con creencias religiosas. ¿Cómo es el papel de estos factores hoy? ¿Cómo abordarles?

Las creencias religiosas juegan un papel muy importante y se convierten en una barrera, pero no por ser creencias religiosas, porque la espiritualidad es muy importante en la vida de cada persona. La barrera está cuando las personas, los médicos y las autoridades de salud, utilizan su fe como una herramienta política para imponer una forma de vida y negar los derechos de otros. Esa forma ideológica de ver el mundo me puede llevar a tomar decisiones a favor o en contra de la muerte digna, lo ilegítimo es impedirle al otro acceder a un derecho. Lo ilegítimo es que una clínica que se dice ser religiosa niegue el procedimiento y ponga trabas, o que una EPS que tiene miembros de la Iglesia católica en su junta directiva imponga barreras para que las personas no puedan acceder a un derecho.

Yolanda Chaparro, paciente de ELA que lucha por un mejor acceso a la eutanasia.
Yolanda Chaparro, paciente de ELA que lucha por un mejor acceso a la eutanasia.

Desde DescLAB demuestran amplio interés por la eutanasia, ¿De donde sale?

Nos interesa porque el derecho a morir dignamente es reciente: se convirtió en derecho fundamental en el país en el año 97 con la famosa ponencia de Carlos Gaviria y comenzó a ser regulado, y usado legalmente en el marco del sistema de salud, desde 2014 gracias a la sentencia T-970 de la Corte Constitucional.

Es un derecho nuevo que depende de la movilización social, de los medios de comunicación, del litigio estratégico, para darse a conocer, para que los ciudadanos sepan a qué tienen derecho y para que las autoridades de salud respondan. Por eso desde 2017 creamos la estrategia de Toma el Control con el objetivo de profundizar y avanzar este derecho en Colombia.

¿Qué es la muerte digna para usted?

La veo desde el lente del Derecho. Es la posibilidad de tomar decisiones autónomas sobre la vida. Es reclamar la propiedad de la vida y las decisiones. Es entender que somos personas finitas, que hay un fin y que podemos tomar el control sobre ese fin.

¿Cómo ve a Yolanda estos días?

Yolanda volvió a donde su médico hace un mes, más o menos, y volvió a solicitarle la eutanasia. Como ya su salud se había deteriorado hasta el punto que ella quería evitar, los médicos se la autorizaron. Está próxima a suceder. Es una mujer fantástica, está feliz, rodeada de las personas que más quiere; lee, ve televisión, medita, hace yoga, se le nota tranquila. Por su puesto su estado de salud está muy deteriorado, pero dentro de eso está muy bien.

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