Conozca la historia de la poderosa banda que se ocultaba en el sur de Bogotá

La peligrosa banda delincuencial logró convertirse en la principal proveedora de drogas en la capital de Colombia, ganando más de $2.000 millones mensuales.

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El negocio de tráfico interno de drogas sigue aumentando en Colombia.

El patrullero Ángel Eduardo Amórtegui, de 33 años, fue asesinado el pasado 26 de julio en medio de un acto de intolerancia en la Autopista Sur, en el sector de Guadalupe. La muerte causó conmoción entre los habitantes de la zona.

El presunto responsable, de acuerdo con El Tiempo, fue un presunto vendedor de carnes de la zona con el que el uniformado tuvo un choque simple de tránsito. El asesinato fue grabado y subido a redes sociales, por lo que la Policía de Bogotá de inmediato ordenó un operativo para esclarecer el caso.

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El general Óscar Gómez Heredia, comandante de la Policía de Bogotá, ordenó intervenir la zona en donde fue asesinado el patrullero. Gracias a esta operación y el testimonio de algunos testigos se supo que las extorsiones a comerciantes de la zona iban en aumento. Había denuncias por ocupación de inmuebles, microtráfico, homicidios selectivos y daños ambientales al río Tunjuelo.

Después de esto, la Seccional de Inteligencia de la Policía -Sipol- infiltró agentes en la zona que se ganaron la confianza de los carniceros, pero pronto se percataron que estos mismos eran los que los que robaban, vendían droga y hasta rellenaron una parte del río Tunjuelo para montar allí un parqueadero y vender lotes a personas que, por la desesperación de tener un hogar, caían en la trampa de la banda.

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Las investigaciones continuaron y los agentes se dieron cuenta que nadie en Guadalupe podía hacer nada sin la autorización de este grupo delincuencial, incluso las autoridades que tenían que ir a hacer labores administrativas.

“Empezamos a determinar que el único problema de esta estructura no era solo usurpación de propiedades y venta de lotes, sino que también hacían tráfico de estupefacientes grande; logramos determinar que era muy poderosa en tráfico de drogas. Les alcanzamos a incautar en un mes 2.500 kilos de marihuana”, contó al diario uno de los agentes que interceptó varias llamadas telefónicas.

Se descubrió que eran los responsables de surtir buena parte de los alucinógenos de seis localidades de la ciudad. Al mes movían entre dos y tres toneladas de drogas por distintas zonas de la capital de Colombia, obteniendo ganancias de al menos $2.800 millones mensuales.

El líder de la banda, alias Coco, originario de Arauca, llegó a Soacha hace siete años, donde se dedicó a montar negocios criminales menores. Su contacto, alias Michael, quien vivía en Guadalupe, fue el encargado de impulsarlo en el mundo criminal.

Así, se unieron, hace unos tres años cerca de ocho jóvenes que empezaron a extorsionar a los carniceros, además de instrumentalizar a migrantes venezolanos y menores de edad para hacer crecer su empresa criminal, llegando incluso a unirse a un grupo armado organizado residual del Valle del Cauca, que los llevó a convertirse en los líderes de la venta de marihuana y coca en Bosa, Kennedy y Ciudad Bolívar.

Los investigadores descubrieron que el homicidio del patrullero Amórtegui fue perpetrado por alias Michael, el segundo al mando de la banda denominada ‘los Maimai’.

Todo esta información recopilada por la inteligencia policial llevó a que el jueves 1 de octubre se llevará a cabo un operativo, que permitió la captura de 28 integrantes de esta banda.

Al respecto, Hugo Acero, secretario de Seguridad aseguró que “este es un territorio con tres jurisdicciones, casi cuatro: tiene a Ciudad Bolívar, Kennedy, Bosa y Tunjuelito si lo extiende un poco más; de complejidad delincuencial, con esto estoy diciendo que allí hay negocios formales, hay una economía alrededor de la carne, lo que está al lado son quienes extorsionan a los comerciantes”.

Desarticulada la banda, Acero prometió que vienen una serie de intervenciones de carácter social para evitar que otros se apropien de la economía ilegal que allí circulaba.

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