
Cadáveres de niños, animales, ambulancias, juguetes infantiles y hasta maniquíes fueron convertidos en bombas por la exguerrilla de las FARC durante 30 años del conflicto armado, como estrategia de guerra para atentar contra las Fuerzas Militares. Así lo recoge un informe que el Ejército Nacional entregó a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) sobre algunas de las peores tácticas, que conoció la revista Semana.
El Ejército reseña que comenzando la década de los 80's la extinta guerrilla inició su especialización en explosivos, respondiendo al aumento de la ofensiva en su contra. Según el informe, de 6.532 combatientes, 739 eran explosivistas; es decir, al menos la décima parte de las tropas. Una de las primeras tácticas que implementaron son las conocidas minas antipersonal, que siguen usando grupos insurgentes como el ELN.
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Al comienzo las minas estaban diseñadas para mutilar hasta las rodillas las piernas de los militares, lo que causaba, además, una afectación psicológica fuerte. Pero algunos frentes utilizaron después artefactos con mayor alcance que podían matar hasta cinco personas, conocidos como 'borradores' o 'fantasmas'; detalla Semana. Con estos explosivos hacían caminos de defensa para evitar que los soldados llegaran a sus campamentos.

Pero aparte de eso, fueron usuales en todo el territorio nacional la detonación de bombas incorporadas en caballos, burros, ambulancias, cadáveres, balones, bicicletas, maniquíes. Sobre estos, el informe detalla algunas de las peores tácticas usadas por las FARC, que dejaron muertos militares y civiles.
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En mayo de 2002, la base militar de Vista Hermosa, en el departamento de Meta, recibió envuelto en papel el cadáver degollado de un niño de 14 años, acusado de ser informante infiltrado en las filas de las FARC. Entre su ropa había una bomba y una carta firmada por el frente 27 en el que contaban las razones del asesinato.
En diciembre de 2011, una llamada alertó a la Policía de Florencia, capital del departamento de Caquetá, sobre una supuesta persona herida. Al llegar al lugar encontraron el cuerpo sin vida de un indigente con 50 kilos de anfo y metralla dentro de dos cilindros, que fueron detonados controladamente por las autoridades sin dejar heridos; detalla Semana.
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Otros de los peores casos fue el de un caballo bomba en Chita, Boyacá, en septiembre de 2003, que dejó ocho muertos, entre ellos un niño, y 15 heridos. Un campesino fue obligado a dejar al animal, con los explosivos camuflados en bultos de papa, cerca al parque principal. Y el de un balón bomba dejado por el frente 21 en Chaparral, Tolima, detonado por accidente por una niña de cuatro años que murió al instante, y dejó cinco menores más heridos.
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