La Registraduría Civil dio a conocer el listado de los nombres femeninos y masculinos más repetidos este año entre los recién nacidos en Colombia, incluidos aquellos que desde ahora llevan nombres irrepetibles y hasta impronunciables.

Shimunkezhu o Bunkuawimaku, para ellos; o Jairliainnys o Circuncisión, para ellas, fueron algunos de los nombres extraños que ahora reposan en los listados oficiales de los nuevos ciudadanos.

Tener un nombre extravagante en Colombia no es una novedad; el seguidor de un equipo se cambií su apellido por "Deportivo Independiente Medellín", hay quien se llama "Wolfgang David Esteban Alejandro" y no falta "Usnay", un nombre común en un puerto local donde por años atracaron barcos de la armada estadounidense.

Según la Registraduría, a 26.178 niñas recién nacidas las bautizaron con el nombre de Luciana y a otras 18.748 con el de Salomé, los dos nombres más populares este año en el país.

Mientras que a 13.955 niños les pusieron Santiago y a 12.070 Matías, entre los niños.

Pero a esos nombres comunes, se opusieron otros que difícilmente tendrán un "tocayo" o alguien que lleve su mismo nombre.

A diez colombianas las registraron con nombres como Resurrección, Valloleidys, Yariangelis, Betsililiana, Bunkwaneywin, Deilin Sofía y Juseanderlis.

Otro tanto de niños llevan desde ahora nombres como Maximillian, Montserrath, Shunguemaku, Shimunkezhu y Bunkuawimaku.

Para el sociólogo colombiano Fabián Sanabria la responsabilidad de estos nombres "rimbombantes" recae en los padres de los menores, que a falta de un "buen apellido" acudieron al "imaginario" para que su hijo destacara por el nombre.

"Esta es una maldita desgracia, porque a esos niños les van a tomar del pelo en el colegio y de seguro los van a convertir en blanco fácil del bullying", criticó el académico consultado por ANSA.

Reclamó "campañas" para evitar que "no dañen a los niños así" y lleven nombres "castizos, en el idioma que hablamos". Deploró también que en el país vaya primero el apellido del padre y luego el de la madre, en una muestra de una sociedad machista y dominada por los mandatos de la iglesia Católica.

"En Colombia usamos los dos apellidos por la ramplonería del concordado aún vigente entre la iglesia Católica y el Estado", precisó Sanabria, quien dijo que todo esto no es más "un complejo del matrimonio idílico de la familia del tipo San José, La Virgen y el Niño Jesús, que sería bueno acabar de una vez por todas".

Por ley, los colombianos pueden cambiar tanto su nombre como su apellido, al menos una vez, en un trámite directo y expedito cuyo costó no supera los 30 dólares. 

Con información de ANSA