
Un equipo internacional documentó que los pulpos modifican la forma de atravesar huecos más pequeños que su propio cuerpo según el espacio disponible. El estudio, publicado en el Journal of Experimental Biology, analizó el comportamiento de ejemplares jóvenes de Octopus vulgaris y Octopus maya frente a aperturas de distintos tamaños.
La capacidad de estos animales para deformar su cuerpo ya era conocida, aunque hasta ahora no se había descrito con precisión la secuencia de movimientos que les permite cruzar aberturas inferiores al diámetro de su manto. El hallazgo aporta información sobre la locomoción de cefalópodos y podría trasladarse al diseño de robots blandos destinados a tareas de rescate o exploración.
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La investigación fue liderada por Wenci Xin, de la Universidad Nacional de Singapur, junto con Michael Kuba, de la Universidad de Nápoles Federico II, y Tamar Gunit y Daniel Abed-Navandi, vinculados al acuario Haus des Meeres-Aqua Terra Zoo de Austria.
La distancia entre los ojos marca un límite físico
Los científicos tomaron como referencia la distancia entre los ojos de los pulpos, que en los ejemplares observados osciló entre 15 y 35 milímetros. Esa medida permite aproximarse al tamaño de la estructura cartilaginosa que protege el sistema nervioso central, una de las partes menos deformables del animal.
Con esos datos, Xin diseñó cajas individuales de acrílico con dos tipos de salidas. Algunas tenían un ancho apenas superior a la distancia entre los ojos del animal; otras eran cinco milímetros más estrechas. Las pruebas se registraron en video para reconstruir, movimiento por movimiento, la manera en que cada ejemplar lograba escapar.
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Los resultados mostraron que los pulpos comunes no aplican una única maniobra. Por el contrario, cambian su secuencia de acciones cuando el paso representa un obstáculo mayor para el manto y la cabeza.
“Los pulpos pueden cambiar la forma de su cuerpo para pasar por agujeros diminutos, casi como el agua que fluye por una abertura”, explicó Xin en declaraciones recogidas por el Journal of Experimental Biology. Esa plasticidad hace que el tamaño externo del animal no siempre determine los lugares a los que puede acceder.
Los brazos funcionan como anclas y puntos de tracción
Ante una abertura relativamente amplia, los pulpos comenzaban por inspeccionarla con los brazos. Luego introducían uno, con frecuencia uno de los dos brazos delanteros izquierdos, y pasaban hasta otros cinco por el mismo espacio.
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La siguiente fase dependía de la acción de dos brazos que ya estaban del otro lado de la pared. Los animales los extendían hacia atrás, fijaban sus ventosas en la superficie y endurecían temporalmente las extremidades. Con ese apoyo, empujaban contra la separación y tiraban del resto de los brazos, de la cabeza y del manto.
El proceso completo podía durar cerca de 20 segundos en las condiciones observadas. La combinación de ventosas, flexibilidad y control muscular les permitía transformar los brazos en un sistema de agarre para desplazar el cuerpo hacia delante.

La maniobra, sin embargo, se modificó cuando el agujero era más estrecho. En esos casos, el pulpo común no conseguía introducir la misma cantidad de brazos antes de intentar pasar la parte central de su cuerpo.
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Los espacios más estrechos obligan a dividir la maniobra
Frente a las aperturas pequeñas, los animales resolvieron el cruce en dos momentos. Primero trasladaron los brazos restantes a través del hueco. Después comprimieron parcialmente el manto y lo arrastraron por la abertura.
Según el trabajo, la separación de ambas etapas fue la principal diferencia entre los intentos realizados en huecos amplios y estrechos. El equipo esperaba que los pulpos emplearan el mismo procedimiento sin importar el tamaño del paso, por lo que el cambio de estrategia fue uno de los resultados relevantes del experimento.
El comportamiento del pulpo maya fue distinto. Esta especie no intentó superar la abertura más angosta: los individuos permanecieron en una esquina de la caja y no la examinaron con los brazos. Cuando tuvieron dos alternativas, una angosta y otra más grande, primero revisaron la menor, pero finalmente salieron por la amplia.
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Esa diferencia sugiere que la capacidad de atravesar espacios reducidos no depende solo de la anatomía, sino también de la conducta y de la evaluación que cada especie realiza de una posible vía de escape.
El estudio busca aplicaciones para robots de rescate

Xin y Cecilia Laschi, también de la Universidad Nacional de Singapur, plantean que las observaciones pueden servir de base para robots de cuerpo blando capaces de moverse entre escombros o inspeccionar zonas submarinas.
Los equipos usados en búsqueda y rescate suelen tener diseños alargados, similares a serpientes, para circular por corredores estrechos. Esa configuración reduce el espacio disponible para incorporar sensores y elementos de manipulación.
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Un sistema inspirado en los pulpos podría conservar un cuerpo de mayor volumen y, aun así, adaptarse a aberturas reducidas mediante mecanismos de deformación y anclaje comparables a los observados en el experimento.
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