Chernóbil, 40 años después: los perros que sobrevivieron al desastre nuclear son genéticamente distintos, según un estudio

La investigación analizó los genomas de 63 animales y halló variaciones en más de 100 zonas del ADN vinculadas con el cáncer, la reparación celular y la respuesta inmunitaria del organismo

Un perro negro y blanco camina sobre un camino de asfalto, mientras un perro blanco descansa en el césped cerca de edificios
Los perros de la central de Chernóbil presentan diferencias genéticas tras más de 30 generaciones en la zona de exclusión (Universidad Estatal de Carolina del Norte.)
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Los perros que viven junto a la central nuclear de Chernóbil en Ucrania, muestran cambios en su ADN que podrían explicarse por selección natural -supervivencia del más apto- tras más de 30 generaciones en la zona de exclusión. Un nuevo estudio analizó los genomas de 63 animales e identificó cambios en más de 100 regiones del ADN, próximas a genes vinculados al cáncer, la reparación celular y la inmunidad.

Desde el accidente del 26 de abril de 1986, la zona quedó rodeada por un perímetro de unas 2.600 kilómetros cuadrados. Las familias evacuadas debieron abandonar a sus mascotas y, aunque los llamados liquidadores recibieron la orden de sacrificar a los animales, cientos de perros sobrevivieron. Según el medio alemán Deutsche Welle, sus descendientes siguen habitando ese territorio y se convirtieron en objeto de estudio científico.

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Los perros junto a la central son genéticamente distintos a los de la ciudad, a solo 16 kilómetros

Ilustración de un perro con una hélice de ADN, la central nuclear al fondo y seis recuadros con gráficos explicativos en tonos oscuros.
Una infografía detalla las diferencias genéticas y las hipótesis evolutivas en las poblaciones de perros de la central y la ciudad de Chernóbil en Ucrania (Imagen Ilustrativa Infobae)

La diferencia fue detectada en 2023, cuando investigadores compararon el ADN de los perros de la central con el de los que viven en la ciudad de Chernóbil, a apenas 16 kilómetros. Los análisis mostraron que la población urbana compartía material genético con perros de Rusia y Polonia, mientras que los de la central presentaban diferencias en regiones del ADN relacionadas con su reparación, de acuerdo con la Universidad Estatal de Carolina del Norte.

Ese hallazgo abrió una hipótesis: que la radiación hubiera provocado mutaciones que explicaran las diferencias. Un estudio de 2024 la descartó al no encontrar pruebas de que los animales de la central acumularan más mutaciones que los de la ciudad.

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El nuevo estudio descarta la deriva genética y refuerza la hipótesis de la selección natural

Sin pruebas de mutaciones adicionales, los investigadores examinaron dos mecanismos evolutivos alternativos. El trabajo, publicado en la revista científica Genes, utilizó los genomas de 63 perros —33 de la central y 30 de la ciudad— para analizar la deriva genética y la selección natural. La primera explica cambios por azar en poblaciones pequeñas y aisladas; la segunda, por ventajas reproductivas concretas.

La investigación comparó 33 ejemplares cercanos a la planta con 30 de la ciudad para evaluar la deriva y las ventajas reproductivas como mecanismos evolutivos
La investigación comparó 33 ejemplares cercanos a la planta con 30 de la ciudad para evaluar la deriva y las ventajas reproductivas como mecanismos evolutivos

Los análisis indicaron que la población de la central se redujo hace entre 35 y 40 generaciones, un período compatible con el accidente y el sacrificio masivo de animales. Aun así, no se encontró la pérdida de diversidad genética que cabría esperar si la deriva fuera el principal motor del cambio.

El equipo también comparó ambos grupos con perros de las islas Galápagos y encontró algo que no anticipaba: los animales de la ciudad se parecían más a los isleños que a sus vecinos de la central. Ese resultado reforzó la hipótesis de la selección natural. Megan Dillon, primera autora del estudio, reconoció que aún no pueden confirmarlo, aunque los datos muestran “firmas genómicas que sugieren la existencia de selección”, según indicó al medio alemán.

Los investigadores advierten que la radiación no es la única explicación posible

Detectar indicios de selección no equivale a demostrar que los perros se adaptaron a la radiación. Matthew Breen, genetista y coautor del trabajo, planteó que los animales que sobrevivieron a las primeras exposiciones quizá ya poseían variantes genéticas ventajosas, que luego se extendieron entre sus descendientes sin que aparecieran nuevas mutaciones.

Vista aérea de un vasto campo cubierto de cientos de vehículos abandonados: numerosos transportes blindados, camiones y helicópteros en un paisaje desolado
Una vista aérea muestra el vasto cementerio de vehículos abandonados, incluyendo carros blindados y helicópteros, utilizados en las labores de limpieza tras el desastre nuclear de Chernóbil, ahora en la zona de exclusión. (Foto AP/Efrem Lukatsky, archivo)

Por su parte, Jim Smith, investigador de la Universidad de Portsmouth ajeno al estudio, fue más cauteloso. En declaraciones a Popular Mechanics, señaló que los dos grupos tienen orígenes distintos y pueden diferir en alimentación, enfermedades y contacto con otros contaminantes. Advirtió, además, que no existen pruebas de laboratorio de que la radiación sea suficiente para influir de manera significativa en la selección natural, por lo que considera prácticamente imposible aislar su peso real en un entorno tan complejo.

La cuestión de las mutaciones tampoco está cerrada del todo. Timothy Mousseau, coautor del estudio, continúa investigando su posible papel y compara perros de las islas Marshall y del antiguo campo de pruebas soviético de Semipalatinsk, donde se realizaron más de 450 ensayos nucleares. Espera obtener resultados en uno o dos años. Por ahora, el ADN de los perros de Chernóbil ofrece pistas sobre cómo cambian las poblaciones en entornos contaminados, pero la pregunta central permanece abierta.

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