Encuentran rastros de antílope en pigmentos de hace 60.000 años, un hallazgo que podría reescribir el uso de las primeras herramientas

Vestigios microscópicos extraídos de un yacimiento costero prueban que los grupos ancestrales integraban conscientemente restos de animales con diversas tierras para la vida diaria o la realización de ritos

Interior de una cueva con un antílope, herramientas de piedra sobre tierra roja, una piedra de moler y una estructura molecular flotante.
Un estudio de paleoproteómica identificó proteínas de antílope en sedimentos con ocre de hace sesenta mil años en Sudáfrica. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El empleo de pigmentos minerales rojos en el sur de África acompaña las primeras manifestaciones del pensamiento abstracto y la inventiva de nuestros antepasados. A lo largo del tiempo, los restos de ocre, una tierra arcillosa rica en óxidos de hierro pulverizada para diversas funciones, suscitaron profundas dudas sobre las tareas cotidianas de las comunidades cazadoras.

Ahora, un grupo internacional de especialistas logró identificar restos biológicos invisibles en sedimentos prehistóricos, un hallazgo que comprueba la estrecha relación entre los tintes minerales y la fauna del entorno hace 60 mil años.

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Hasta este descubrimiento, averiguar la composición precisa de las mezclas que contenían aquellas tierras constituía un reto casi imposible para la arqueología. En los climas cálidos del territorio africano, las altas temperaturas degradan con rapidez el material genético antiguo, lo que priva a los investigadores de testimonios directos sobre los componentes orgánicos que acompañaban al polvo rojizo. Aquella destrucción natural impedía comprobar si los grupos humanos combinaban las tierras con sustancias de origen animal para fijar pinturas, confeccionar adhesivos o ablandar cueros, lo cual dejó sin respuesta una incógnita central sobre el ingenio y las costumbres de la humanidad ancestral.

La revelación surgió gracias a la paleoproteómica, una disciplina orientada al estudio de proteínas antiguas conservadas en fósiles y sedimentos arqueológicos. Mediante esta técnica, un estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B identificó por primera vez proteínas de colágeno de un antílope en sedimentos con ocre de la Edad de Piedra Media en Sudáfrica.

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El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Kyushu, la Universidad de Bergen y la Universidad de Copenhague, confirmó que los estratos de sesenta mil años resguardan rastros biológicos del eland común, lo que aporta una prueba molecular sin precedentes sobre el uso deliberado de fauna junto con pigmentos minerales.

Huellas moleculares en el yacimiento costero de Klipdrift

Piel animal extendida con pigmento rojo en el centro, junto a una piedra redondeada y dos raspadores líticos sobre una roca.
Los cazadores de la Edad de Piedra Media combinaban el polvo mineral con materias animales para elaborar adhesivos o ablandar pieles. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo concentró sus tareas en el refugio arqueológico de Klipdrift, un abrigo rocoso ubicado en los acantilados de la Reserva Natural De Hoop, en Sudáfrica. En ese paraje, los estratos vinculados a la cultura de Howiesons Poort, una etapa de la Edad de Piedra Media famosa por sus adelantos en el tallado de cuchillos y puntas, conservan un suelo continuo teñido de un intenso color bermejo.

La superficie analizada posee un metro de longitud, cuarenta centímetros de ancho y un grosor de un centímetro. Los fragmentos examinados formaban parte de muestras recolectadas durante campañas científicas realizadas entre 2011 y 2013, las cuales se encontraban almacenadas en laboratorios de Ciudad del Cabo.

Con el propósito de desentrañar el contenido químico de las partículas del suelo, los expertos recurrieron a una técnica analítica de alta precisión capaz de separar las moléculas diminutas y calcular su masa exacta. Luego, contrastaron las secuencias de aminoácidos obtenidas con extensos catálogos de fauna actual y extinta.

A diferencia de lo que ocurre con el ADN, las estructuras proteicas poseen una resistencia notable ante el paso de las eras geológicas y logran adherirse con firmeza a los granos de arena y arcilla, una cualidad que hace posible recuperar información biológica en terrenos donde otros métodos moleculares resultan inviables.

El antílope eland y la unión entre materia prima y simbolismo

Un antílope eland de pie sobre un terreno rocoso con vetas rojizas y arbustos bajos, frente a un acantilado y el mar al atardecer.
Las poblaciones de la región integraban al eland común en ceremonias colectivas y relatos sobre el origen del mundo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los análisis identificaron colágeno tipo I, la proteína más abundante en la piel, los tendones y los tejidos conectivos de los mamíferos. Los resultados coincidieron de manera concluyente con las secuencias del eland común, un herbívoro de gran tamaño fundamental en los ecosistemas de la zona.

A través de un comunicado oficial, la Universidad de Kyushu remarcó que este resultado proporciona la confirmación más contundente lograda hasta el presente de que los primeros grupos humanos combinaban de forma intencional productos de origen animal con pigmentos naturales durante la prehistoria.

El hallazgo plantea explicaciones concretas sobre los métodos de trabajo de los cazadores de la Edad de Piedra Media. Según se detalla en el estudio, los resultados “sugieren la mezcla deliberada” de proteínas de antílope con polvo de ocre, ya sea para fabricar pegamentos destinados a ensamblar lanzas o para curtir pieles protectoras sobre el suelo del refugio. Asimismo, el trabajo concluye que la paleoproteómica funciona como una vía confiable orientada a reconstruir la cultura material prehistórica de Homo sapiens.

Un nuevo horizonte para desenterrar la conducta de los primeros humanos

Perfil de suelo estratificado con una franja roja central de la que se desprende un fragmento iluminado por un haz cilíndrico azul.
Los científicos examinaron fragmentos de un suelo teñido de bermejo recolectados durante campañas realizadas entre 2011 y 2013. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La presencia de estas sustancias también adquiere un sentido cultural de hondo alcance. En el registro arqueológico y en las tradiciones etnográficas documentadas en Sudáfrica, el eland común constituía mucho más que una simple presa alimenticia, pues representaba un animal ligado a relatos cosmogónicos y ceremonias comunitarias.

La unión del pigmento rojo con partes orgánicas de este animal sugiere que las poblaciones primitivas no solo resolvían necesidades prácticas inmediatas, sino que entrelazaban sus innovaciones técnicas con una rica concepción espiritual del entorno natural.

El éxito de este procedimiento analítico abre una ventana prometedora para la investigación de la evolución humana en regiones de clima desfavorable. La universidad japonesa subrayó en su comunicación institucional que esta estrategia metodológica demuestra la viabilidad de rescatar biomoléculas intactas directamente de la tierra, lo que transforma los sedimentos de los yacimientos en testimonios directos de gran valor histórico. Gracias a este enfoque renovador, la ciencia actual dispone de una llave para iluminar facetas de la vida cotidiana ancestral que permanecían ocultas a la mirada de la arqueología clásica.

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