¿Dormir, pero sin sueños?: qué pasa realmente con el descanso de los animales cuando hibernan

Durante el letargo, el corazón late con extrema lentitud y la temperatura corporal desciende hasta casi los cero grados, un estado que limita funciones cerebrales esenciales y restringe las experiencias oníricas

Un oso con escarcha en el pelaje duerme enrollado dentro de una cueva de tierra rodeada de nieve y hojas secas.
El invierno obliga a diversas especies animales a reducir al mínimo el gasto de energía para sobrevivir (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Para muchos animales, el invierno supone una prueba de supervivencia que obliga a reducir el gasto de energía al mínimo. En ese estado, conocido como hibernación, el organismo baja su temperatura, desacelera la respiración y reduce drásticamente su actividad metabólica. Ese apagamiento fisiológico tiene una consecuencia llamativa: los animales que hibernan no sueñan durante los períodos de torpor.

La explicación está en la diferencia entre dormir e hibernar. Aunque desde fuera ambos estados puedan parecer similares (un animal inmóvil durante horas o días), el sueño mantiene una actividad cerebral que la hibernación restringe de manera extrema. Según Science Focus, esa reducción impide la actividad neuronal necesaria para que se produzcan los sueños.

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El sueño conserva una actividad cerebral que el torpor limita

Dormir es un proceso biológico activo. Durante el descanso convencional, el cerebro atraviesa distintas fases y coordina funciones esenciales para el cuerpo, como la recuperación de tejidos, la regulación hormonal y la consolidación de ciertos recuerdos.

Una de esas fases es el sueño de movimientos oculares rápidos, conocido por sus siglas en inglés como REM. Es el período asociado de forma más directa con los sueños, aunque la actividad mental puede presentarse en otras etapas del descanso. En REM, el cerebro mantiene una actividad elevada y los ojos se desplazan rápidamente bajo los párpados cerrados.

La hibernación funciona de otra forma. Los animales no entran en una versión prolongada del sueño diario, sino en un estado de torpor que les permite sobrevivir cuando el alimento escasea y las temperaturas bajan. Durante ese período, el organismo prioriza el ahorro energético por encima de las funciones habituales.

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Tres hombres con batas de laboratorio frente a una pantalla con escaneos cerebrales e imágenes térmicas, junto a una mesa con instrumental médico.
El sueño preserva una actividad cerebral que el estado de hibernación restringe de forma extrema (Imagen Ilustrativa Infobae)

El metabolismo puede caer hasta el 5% de su nivel normal

Los cambios corporales de un hibernador son profundos. La frecuencia respiratoria disminuye, el corazón late con lentitud y la temperatura corporal desciende de forma marcada. Britannica señala que, en los llamados hibernadores verdaderos, la temperatura puede acercarse a los 0°C.

La reducción del metabolismo puede llegar a cerca del 5% de los niveles habituales, de acuerdo con Science Focus. En esas condiciones, la actividad cerebral resulta demasiado baja para sostener las dinámicas propias de la fase REM y de los sueños.

Un animal en hibernación puede dar la impresión de estar muerto. Su respiración se limita a unos pocos movimientos por minuto y los latidos pueden ser casi imperceptibles. Si se lo expone a un ambiente moderadamente cálido, recupera de manera gradual su temperatura y su estado de alerta, un proceso que puede requerir más de una hora.

Los verdaderos hibernadores no incluyen a todos los animales de madriguera

El uso cotidiano de la palabra hibernación suele abarcar distintas formas de inactividad invernal, pero la clasificación biológica establece diferencias. Los osos, por ejemplo, pasan gran parte del invierno en sus refugios y reducen sus movimientos, aunque su temperatura corporal no desciende tanto como la de los hibernadores estrictos.

Además, los osos pueden despertarse con relativa facilidad. Por esa razón, no suelen considerarse hibernadores verdaderos en el mismo sentido que los murciélagos, los erizos, las marmotas y varias especies de ardillas terrestres.

Decenas de murciélagos con pelaje marrón y alas plegadas cuelgan boca abajo del techo rocoso de una cueva
Los murciélagos, los erizos y los roedores combinan grasa acumulada, reservas de alimento y madrigueras para subsistir al frío (Imagen Ilustrativa Infobae)

Entre los mamíferos, los hibernadores estrictos se encuentran principalmente en los murciélagos, los erizos y otros insectívoros, además de los roedores. Para atravesar el invierno, dependen de una combinación de grasa corporal acumulada, reservas de comida (en especial entre los roedores) y refugios protegidos.

El torpor no siempre transcurre de manera continua

La hibernación tampoco implica permanecer inmóvil durante toda la estación fría. A intervalos de varias semanas, algunos animales elevan su temperatura corporal y salen temporalmente del torpor. En esos despertares pueden moverse, alimentarse y luego regresar a su estado de baja actividad.

Esos períodos resultan relevantes porque permiten recuperar algunas funciones fisiológicas que quedan limitadas durante el letargo. Sin embargo, no equivalen a una rutina normal de sueño y vigilia. El patrón depende de cada especie, de las reservas energéticas disponibles y de las condiciones ambientales.

En regiones desérticas, algunas especies utilizan una estrategia comparable durante los meses de calor intenso y sequía. Ese estado se denomina estivación y, al igual que la hibernación, reduce la actividad metabólica para atravesar una etapa desfavorable.

El lémur enano de cola gruesa es la excepción entre los primates

Dos lémures de pelaje grisáceo, ojos grandes y colas tupidas se sostienen de una rama entre hojas verdes
El lémur enano de cola gruesa de Madagascar es el único primate documentado que hiberna y conserva fases de sueño REM (Imagen Ilustrativa Infobae)

Existe, sin embargo, una excepción documentada: el lémur enano de cola gruesa, originario de Madagascar. Esta especie es el único primate conocido que hiberna y, durante ese proceso, los científicos han observado períodos de sueño REM.

El caso del lémur muestra que la frontera entre hibernación y sueño puede tener matices según la especie. Mientras la mayoría de los animales reduce su actividad cerebral a niveles incompatibles con los sueños, este primate conserva episodios de la fase vinculada con esa experiencia mental.

La observación abre preguntas sobre la función del sueño REM y sobre cómo distintos cerebros administran la energía en condiciones extremas. Por ahora, la regla general se mantiene: para la mayoría de los hibernadores, el invierno transcurre en un torpor profundo, con muy poca actividad cerebral y sin sueños.

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