
La publicación de un nuevo estudio sobre fósiles de Dinamarca meridional aporta datos para reconstruir cómo eran los ecosistemas marinos del pasado.
Junto a los huesos de una ballena de hace unos 9,5 millones de años, investigadores encontraron placas microscópicas de una estrella frágil que no se conocía hasta ahora.
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La concentración de esas piezas sugiere que estos animales se reunieron alrededor del cadáver. El hallazgo resulta relevante porque las estrellas frágiles viven hoy cerca de cadáveres de ballenas que llegan al fondo del mar, pero faltaba una prueba comparable en el registro fósil.
Un estudio publicado en la revista Neues Jahrbuch für Geologie und Paläontologie – Abhandlungen describe la nueva especie, Ophiura huebnerjenseni, y propone que sus placas podrían constituir el primer registro fósil de estrellas frágiles asociadas con una caída de ballena.

La cuestión no era solo si estos invertebrados ya aprovechaban esas fuentes de alimento. También había que determinar si la cercanía con los huesos reflejaba una relación real o una coincidencia causada por corrientes marinas o por diferencias en la conservación.
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La hipótesis se apoya en la distribución de las muestras y en la comparación con otros fósiles del mismo sedimento, no únicamente en la cercanía entre los dos hallazgos.
Los restos de la nueva especie aparecieron solo junto a la ballena
Los materiales proceden de la cantera de arcilla de Gram, donde se conserva la Formación Gram, formada por sedimentos que se depositaron en el mar durante el Mioceno tardío, hace millones de años.

En 2018, una excavación recuperó la mandíbula inferior y varias vértebras de una ballena picuda. El sedimento que rodeaba los huesos permitió buscar fósiles mucho más pequeños e identificar qué otros animales habían estado en el lugar.
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El equipo lavó y tamizó las muestras, separó los fósiles diminutos con un microscopio y analizó algunos ejemplares con microscopía electrónica de barrido.
Esta técnica permite observar con gran aumento la superficie de las piezas. Así identificaron osículos, pequeñas placas calcáreas que forman el esqueleto interno de las estrellas frágiles.
La pista decisiva fue el lugar donde aparecieron. El comunicado de Museum Sønderjylland, difundido por EurekAlert, informa que solo tres muestras recogidas junto a los huesos de la ballena contenían ejemplares de la especie.

Las muestras extraídas de la misma capa, pero a mayor distancia, y otras usadas para comparar no contenían placas de estrellas frágiles.
Los erizos de mar ayudaron a descartar una acumulación casual
Encontrar placas junto a una ballena no alcanza para afirmar que ambos animales estuvieron relacionados. Las corrientes podrían haber llevado los fragmentos hasta los huesos y ciertas condiciones del entorno podrían haber favorecido su conservación en ese punto.
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Para poner a prueba esas posibilidades, los investigadores compararon el patrón con otros fósiles de las mismas muestras. Los fragmentos de erizos de mar, parecidos a los osículos en tamaño y composición mineral, aparecieron en todas las muestras analizadas.
Según explicó Ben Thuy, autor principal del estudio, en el comunicado de Museum Sønderjylland, esa presencia extendida hace menos probable que la acumulación de placas de estrellas frágiles se deba únicamente a cómo se conservaron los restos.

El sitio retrata una etapa inicial de una caída de ballena en aguas poco profundas
Cuando el cadáver de una ballena llega al fondo del mar, forma una caída de ballena, una fuente temporal y concentrada de alimento que puede atraer a otros organismos. Las comunidades que se forman alrededor de esos cadáveres cambian con el tiempo y según la profundidad.
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En el mar profundo pueden aparecer etapas posteriores relacionadas con el sulfuro, una sustancia que se genera durante la descomposición de materia orgánica cuando hay poco oxígeno.
El estudio no halló señales de esas comunidades posteriores en Gram. En cambio, interpreta el lugar como una caída de ballena en aguas poco profundas, en una fase en la que los nutrientes liberados por la carcasa favorecieron a animales oportunistas.

Se trata de organismos que aprovechan un alimento disponible en un momento y un lugar determinados, sin depender necesariamente de él para sobrevivir.
Mette Elstrup, investigadora del estudio, indicó en el comunicado de Museum Sønderjylland que el yacimiento corresponde a una etapa de enriquecimiento alrededor de la carcasa y que no hay indicios de la fase posterior vinculada con el sulfuro, propia de algunos ambientes profundos.
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Esa diferencia precisa el alcance de la comparación con los ecosistemas actuales: el caso danés no reproduce todas las etapas que pueden darse en el océano profundo. Los fósiles tampoco muestran si Ophiura huebnerjenseni comía directamente tejido de la ballena o si dependía de las carcasas.

A partir de la comparación con comunidades actuales, los autores proponen que pudo ser un animal generalista del fondo marino que se concentró alrededor de una fuente local de alimento.
La especie fue nombrada en homenaje a los fundadores del festival Wacken Open Air. El registro de Gram sugiere que una relación observada hoy en el mar pudo haber dejado una huella reconocible hace millones de años.
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La nueva especie y su ubicación junto a la ballena no permiten reconstruir toda la cadena alimentaria, pero aportan indicios sobre la respuesta de animales pequeños ante un cadáver en un antiguo fondo marino poco profundo.
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