
Trece infantes de marina griegos completaron once horas de combate simulado con una armadura de bronce de 23 kilos, una prueba que aporta datos sobre la capacidad militar de los guerreros micénicos hace 3.500 años. El experimento, basado en la panoplia hallada en Dendra, al sur de Grecia, evaluó el esfuerzo físico, la temperatura corporal y la resistencia de los participantes.
La investigación fue dirigida por Andreas Flouris, de la Universidad de Tesalia, y reunió a especialistas en fisiología, arqueología, historia y simulación numérica. Sus resultados fueron publicados en la revista científica PLOS One y respaldan la posibilidad de que este tipo de protección metálica hubiera sido utilizada durante enfrentamientos prolongados.
PUBLICIDAD
Hasta ahora, parte de la comunidad académica consideraba que la llamada armadura de Dendra podía haber tenido una función ceremonial o funeraria. Su estructura de placas curvas de bronce, que cubría el torso, los hombros y las piernas, parecía demasiado rígida y pesada para acompañar los desplazamientos y choques de una batalla.
La armadura fue descubierta en una tumba cercana a Micenas
La panoplia apareció en 1960 dentro de una tumba de cámara próxima al poblado de Dendra, en la región de la Argólida. El conjunto incluía protecciones de bronce y un casco decorado con colmillos de jabalí, elementos asociados con la élite guerrera de la Grecia de la Edad de Bronce.
PUBLICIDAD
La pieza original no podía ser sometida a pruebas físicas debido a su estado de conservación. Por ese motivo, los investigadores recurrieron a la arqueología experimental y encargaron una réplica fabricada con una aleación de cobre y zinc similar al material empleado en la antigüedad.

El resultado fue un equipamiento de 23,32 kilos, cerca de cinco kilos más pesado que el objeto arqueológico conocido. Esa diferencia responde a que la armadura original perdió partes de su estructura a lo largo de los siglos. Los voluntarios también utilizaron reproducciones de espadas y lanzas con filos romos.
Según informó Muy Interesante, el objetivo fue determinar si un combatiente protegido de esa forma podía mantener actividad física durante una jornada bélica sin alcanzar límites fisiológicos peligrosos.
PUBLICIDAD
El protocolo reconstruyó una jornada bélica descrita por Homero
Para diseñar las pruebas, tres integrantes del equipo analizaron referencias de la Ilíada sobre las dinámicas de combate, las pausas, los horarios, los alimentos y las heridas de guerra. Aunque el poema fue compuesto siglos después de la época micénica, los investigadores consideraron que conserva elementos útiles para reconstruir prácticas militares antiguas.
Los trece voluntarios pertenecían a las Fuerzas Armadas griegas y fueron seleccionados por sus características físicas, comparables con las atribuidas a los guerreros de ese período. La actividad comenzó a las 7:00 y terminó a las 17:54, dentro de un esquema que replicó la salida del campamento varias horas después del amanecer y el regreso antes de la caída del sol.
PUBLICIDAD
Durante ese lapso, los participantes realizaron desplazamientos, acciones con lanza y espada, y simulaciones de combate cuerpo a cuerpo. También siguieron una alimentación inspirada en los pasajes homéricos: pan, queso de cabra, aceitunas y vino tinto por la mañana, además de carne y vino al finalizar la jornada.

La dieta diaria aportó unas 4.400 kilocalorías, una cifra orientada a cubrir el gasto energético de una actividad de alta exigencia. Los científicos monitorearon de forma continua el ritmo cardíaco, la glucosa sanguínea, la temperatura corporal y la potencia de los golpes.
Los soldados soportaron el esfuerzo sin cuadros clínicos graves
Los trece infantes completaron el protocolo sin registrar problemas médicos graves. El ritmo cardíaco llegó, en algunos momentos, al 80% de la frecuencia máxima estimada, con picos de 166 pulsaciones por minuto. La temperatura corporal se movió entre 36,4°C y 37,7°C, un rango compatible con una hipertermia leve.
PUBLICIDAD
La glucosa en sangre descendió de un promedio de 105,5 a 89,4 miligramos por decilitro. Solo uno de los participantes terminó con valores asociados a hipoglucemia. El estudio señala que el desgaste fue alto, en especial durante las secuencias de lucha cercana, aunque no impidió que el grupo concluyera la actividad prevista.
Los golpes efectuados con las armas de réplica alcanzaron una fuerza media de 3,5 kilonewtons. Los autores indicaron que una descarga de esa intensidad podría causar fracturas graves en un combate real, lo que permite dimensionar la violencia de los enfrentamientos de la época.
Seis de siete escenarios térmicos permitieron sostener la batalla

Además de las mediciones sobre los voluntarios, el equipo desarrolló un modelo matemático para calcular el intercambio de calor entre el cuerpo, la armadura y el ambiente. La simulación incorporó variables como la temperatura exterior, el viento, la radiación solar y la intensidad de las acciones de combate.
PUBLICIDAD
El programa evaluó siete escenarios ambientales. En seis de los siete casos, el modelo concluyó que un guerrero equipado con una protección similar a la panoplia de Dendra podía completar una jornada de once horas sin superar un umbral térmico de riesgo.
La única excepción combinó temperaturas elevadas, viento casi inexistente y actividad física intensa. Incluso bajo esas condiciones, la simulación estimó que el combatiente habría podido continuar durante unas siete horas y media antes de requerir una interrupción.
Los autores sostienen que estos datos apoyan la hipótesis de que la tecnología militar micénica facilitó operaciones prolongadas y pudo contribuir a la influencia de esa civilización en el Mediterráneo oriental durante la Edad de Bronce.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La NASA probó con éxito un sistema de navegación autónoma para aterrizajes en la Luna y Marte
La agencia aeroespacial estadounidense validó la tecnología mediante un vehículo no tripulado, capaz de generar mapas tridimensionales del terreno en tiempo real con el propósito de esquivar obstáculos geográficos y dirigir el descenso de futuras naves
El telescopio submarino que puso a prueba a Einstein desde el fondo del mar Mediterráneo
A 2.450 metros de profundidad, la instalación científica registró miles de partículas capaces de atravesar la Tierra para examinar si las leyes de la física se mantienen iguales en todas las direcciones del universo

Chernóbil, 40 años después: los perros que sobrevivieron al desastre nuclear son genéticamente distintos, según un estudio
La investigación analizó los genomas de 63 animales y halló variaciones en más de 100 zonas del ADN vinculadas con el cáncer, la reparación celular y la respuesta inmunitaria del organismo

Dientes de un cementerio inglés sugieren que el clima contribuyó a enfermar a los niños durante la Revolución Industrial
Un estudio liderado por la Universidad de Durham analizó piezas dentales de Coach Lane y halló que los choques climáticos naturales pudieron agravar la deficiencia de vitamina D en la infancia durante los siglos XVIII y XIX

Arte de la Edad de Hielo a plena vista: descubren 280 grabados paleolíticos en una cueva turística de Cataluña
Un equipo de arqueólogos identificó el tercer conjunto parietal más grande de la fachada mediterránea ibérica en una caverna frecuentada por miles de personas durante más de seis décadas




