Mercurio se contrajo hasta un 30% más de lo estimado: las huellas que ocultaron los meteoritos

Un equipo de geólogos planetarios postuló que el polvo y las rocas arrojadas por impactos antiguos taparon fallas en la superficie de este mundo, lo que obligó a corregir las mediciones sobre la reducción de su diámetro

(Foto: Cortesía de la NASA)
(Foto: Cortesía de la NASA)
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Desde su formación hace unos 4.500 millones de años, Mercurio perdió calor y, al hacerlo, se contrajo. Ese enfriamiento dejó huellas físicas en su superficie: arrugas y escalones rocosos (escarpes) que los geólogos planetarios usan para medir cuánto se redujo el planeta. Pero parte de esas huellas quedaron sepultadas bajo los escombros de meteoritos, y por eso los cálculos de contracción estuvieron siempre por debajo de la realidad.

Un equipo de investigadores determinó que el planeta más cercano al Sol se contrajo entre un 10% y un 30% más de lo que indicaban las mediciones anteriores. El hallazgo forma parte de un estudio publicado en Geophysical Research Letters.

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Las huellas en la superficie que revelan cómo cambió Mercurio

Como todos los planetas rocosos del sistema solar, Mercurio se formó a partir de colisiones violentas entre rocas y asteroides. Esos impactos generaron enormes cantidades de calor, que el planeta perdió con el tiempo. Al enfriarse, su interior se contrajo, y la capa rocosa exterior se adaptó a ese cambio con pliegues y fracturas. El resultado visible son las estructuras de acortamiento: relieves que funcionan como huellas de las fallas tectónicas que absorbieron esa compresión.

A mosaic of images by NASA's Messenger spacecraft shows an impact crater on the surface of Mercury, named Hokusai, October 6, 2008. New research suggests that the surface of exoplanet LHS 3844 b may resemble that of Mercury.  NASA/Handout via REUTERS    THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. BEST QUALITY AVAILABLE.
A mosaic of images by NASA's Messenger spacecraft shows an impact crater on the surface of Mercury, named Hokusai, October 6, 2008. New research suggests that the surface of exoplanet LHS 3844 b may resemble that of Mercury. NASA/Handout via REUTERS THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. BEST QUALITY AVAILABLE.

Según el estudio, el grado de contracción es fundamental para entender la evolución interna del planeta: cuánto se enfrió, qué tan grande es su núcleo metálico, cuántos elementos ligeros como el silicio contiene ese núcleo y cuál fue su temperatura inicial. Las estimaciones previas situaban la contracción del radio de Mercurio entre 1 y 7 kilómetros. Sin embargo, el equipo liderado por Gaku Nishiyama, científico planetario del Instituto de Investigación Espacial del Centro Aeroespacial Alemán (DLR), encontró que esas cifras quedaron cortas.

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El problema central es que las estructuras no están distribuidas de forma uniforme sobre la superficie de Mercurio. Si el planeta se encogió por enfriamiento global, se esperaría encontrar ese tipo de relieves en proporciones similares en todas las regiones. Pero los mapeos existentes muestran zonas con abundantes escarpes largos y otras casi sin rasgos tectónicos visibles.

Según el estudio, una de las causas de esa irregularidad es que los escombros dejados por impactos de meteoritos recientes cubrieron estructuras preexistentes, lo que dificulta su identificación o directamente las borra del registro visual.

Los cráteres que esconden parte de la historia tectónica

Para comprobar esa hipótesis, el equipo utilizó la rugosidad superficial como indicador de frescura geológica. La rugosidad mide cuán irregular es una superficie: cuanto más accidentado es el terreno, más reciente fue la actividad que lo modificó, principalmente la caída de meteoritos y el depósito de los fragmentos de roca que salen disparados durante el impacto y cubren el terreno circundante.

Esta imagen compuesta, facilitada el 22 de octubre de 2013 por la NASA, el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins y la Institución Carnegie de Washington, muestra a Mercurio tal como apareció ante la sonda espacial Messenger tras un sobrevuelo del planeta. (NASA/Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins/Institución Carnegie de Washington vía AP)
Esta imagen compuesta, facilitada el 22 de octubre de 2013 por la NASA, el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins y la Institución Carnegie de Washington, muestra a Mercurio tal como apareció ante la sonda espacial Messenger tras un sobrevuelo del planeta. (NASA/Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins/Institución Carnegie de Washington vía AP)

El equipo comparó un nuevo mapa global de rugosidad de Mercurio con catálogos de estructuras de acortamiento. Para construir ese mapa, combinaron datos de la misión MESSENGER, de la NASA, con modelos de terreno generados a partir de imágenes.

En las regiones con mayor rugosidad, los científicos encontraron menos estructuras tectónicas identificables. Eso es llamativo porque las propias crestas y escarpes son relieves que hacen el terreno más irregular: si hubiera muchas estructuras de acortamiento en una zona, esa zona debería verse más rugosa. Pero los datos muestran lo opuesto: donde el terreno es más accidentado, hay menos marcas de contracción, no más. El estudio propone tres explicaciones posibles.

La más respaldada por las observaciones es que los escombros de grandes cráteres recientes enterraron estructuras tectónicas previas: alrededor del cráter Rachmaninoff, por ejemplo, las arrugas más largas se ubican fuera de la zona de escombros, y las pocas que la atraviesan pierden altura a medida que se acercan al centro del impacto, como si estuvieran tapadas. Las otras dos hipótesis plantean que la superficie irregular dificulta la identificación visual de esas estructuras, o bien que los terrenos muy bombardeados por meteoritos podrían directamente impedir la formación de grandes fallas.

Los datos que pueden redefinir lo que se sabe del planeta

Con base en esa relación inversa, el equipo diseñó un método de corrección: tomaron las zonas con poca rugosidad, donde las estructuras tectónicas son visibles y confiables, y usaron esos datos para estimar cuánta contracción debería haberse producido también en las zonas más accidentadas, donde el registro está incompleto.

ARCHIVO - Esta imagen sin fecha, facilitada por la Agencia Espacial Europea, muestra fotografías en primer plano del polo norte de Mercurio captadas por la sonda espacial euro-japonesa BepiColombo. (ESA vía AP, Archivo)
ARCHIVO - Esta imagen sin fecha, facilitada por la Agencia Espacial Europea, muestra fotografías en primer plano del polo norte de Mercurio captadas por la sonda espacial euro-japonesa BepiColombo. (ESA vía AP, Archivo)

Los números cambian de forma significativa. Antes de la corrección, la reducción del radio del planeta se estimaba en 8,3 kilómetros. Con la corrección, ese valor sube a 11,6 kilómetros, una diferencia de 3,3 kilómetros. En términos de diámetro total, Mercurio se redujo hasta 23 kilómetros, en lugar de los 4 a 16 kilómetros calculados hasta ahora. “30% es un poco sorprendente, pero la cantidad corregida de contracción tiene sentido para mí”, declaró Nishiyama.

Los autores aclaran que esa corrección es un piso, no un techo. El estudio señala que parte de la deformación pudo quedar almacenada en la litosfera (la capa rocosa exterior del planeta) sin generar estructuras visibles, y que el volcanismo antiguo también pudo sepultar marcas tectónicas en algunas regiones.

Los nuevos valores también cambian lo que se sabe del interior de Mercurio. Una contracción mayor apunta a un núcleo con menos azufre, una capa superficial de polvo y roca (llamada regolito) más delgada, y un menor contenido de elementos radiactivos que generan calor desde adentro. Todos esos factores determinan cómo se enfrió el planeta y cómo creció su núcleo sólido interior.

03/09/2024 Módulo de transferencia de Mercurio (MTM) con sus propulsores iónicos en funcionamiento
POLITICA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA
ESA
03/09/2024 Módulo de transferencia de Mercurio (MTM) con sus propulsores iónicos en funcionamiento POLITICA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA ESA

El efecto no se limita a Mercurio. La Luna tiene una rugosidad media un 40% mayor que la de Mercurio, lo que sugiere que allí el ocultamiento de estructuras tectónicas podría ser incluso más pronunciado. Los modelos físicos predicen más contracción lunar de la que las observaciones muestran, y esa brecha podría explicarse, en parte, por marcas tectónicas enterradas bajo la superficie accidentada, según el estudio.

En noviembre de 2026, la misión BepiColombo, desarrollada por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), prevé comenzar a recopilar datos de alta resolución de Mercurio. Su altímetro láser BELA podrá mapear la superficie a escalas de hasta 100 metros, frente a los varios kilómetros que permiten los datos actuales.

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