El espacio contiene vestigios de los primeros pasos de la formación planetaria. Los cometas, cuerpos helados que vagan entre estrellas, son una caja negra que preserva las condiciones físicas y químicas de los orígenes del cosmos local. Y uno de ellos es 3I/ATLAS, el objeto interestelar que tiene a los astrónomos asombrados.
Si bien los cometas del Sistema Solar fueron, durante décadas, las piezas fundamentales para reconstruir el pasado del vecindario solar, en los últimos años la ciencia fue testigo de llegadas inesperadas: pequeños cuerpos celestes de otros sistemas planetarios que cruzaron nuestro espacio y desplegaron actividad semejante a la de los cometas tradicionales.
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Estos visitantes abren una puerta única para comparar cómo surgen los planetas y los hielos entre diferentes estrellas y ofrecen un vistazo directo a la diversidad cósmica de la Vía Láctea.
Hasta hace poco, todos los objetos de estudio en el sistema solar compartían una historia común: nacieron, evolucionaron y recorrieron órbitas bajo la sombra del mismo sol. Sin embargo, la aparición de cuerpos interestelares revolucionó la astronomía.

El primero en ser detectado fue 1I/’Oumuamua, avistado el 19 de octubre de 2017 mientras ya se alejaba irremediablemente del sistema solar. No mostró rastros visuales de actividad, como gas o polvo, pero su trayectoria presentó una peculiar aceleración no gravitacional. Aquel detalle, según los investigadores, fue consistente con la liberación de gases internos. El misterio de su naturaleza y la imposibilidad de estudiarlo en profundidad dejaron a la comunidad científica con más preguntas que respuestas.
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El segundo objeto interestelar, 2I/Borisov, fue descubierto el 29 de agosto de 2019 y permitió un seguimiento mucho más detallado. Borisov mostró una actividad clara de desgasificación y su composición resultó similar a la de los cometas autóctonos del sistema solar, aunque con un rasgo distintivo: su contenido en monóxido de carbono era notablemente alto.
Este dato indicaba un origen en regiones extremadamente frías y sugería que la variedad de condiciones en que pueden formarse los cometas es mucho mayor de lo que se suponía.
La expectativa por el hallazgo de un tercer visitante interestelar creció durante años. Finalmente, el 1 de julio de 2025, los telescopios detectaron un nuevo objeto viajero: 3I/ATLAS. Solo un día después, la comunidad astronómica logró identificarlo como un cometa, confirmando que su perihelio, el punto más cercano al sol, ocurriría a 1,36 unidades astronómicas el 29 de octubre de 2025.
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La oportunidad para analizar un cuerpo semejante, en tiempo real y con instrumentos de última generación, fue recibida con entusiasmo por observatorios terrestres y espaciales.
Un visitante de los confines helados

El análisis de 3I/ATLAS trajo consigo una serie de novedades que enriquecieron de forma notable la comprensión de la formación planetaria fuera del sistema solar. Astrónomos británicos, liderados por la doctora Lea Ferellec de la Universidad de Northumbria, estudiaron el cometa empleando tecnología punta.
Utilizaron el modo de Unidad de Campo Integral Grande (LIFU) de un nuevo instrumento, el Explorador de Velocidad de Área Mejorada del WHT (WEAVE), instalado en el Telescopio William Herschel de 4,2 metros del Grupo Isaac Newton. Este desarrollo fue posible gracias al apoyo del Consejo de Instalaciones Científicas y Tecnológicas.
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La combinación de la espectroscopia de imágenes LIFU de WEAVE con las capacidades de guiado no sideral del WHT permitió identificar cinco iones distintos en la cola del cometa. Este logro fue calificado como excepcional no solo para un cometa común, sino como un hito extraordinario para un objeto interestelar. El nivel de detalle alcanzado al analizar los gases que emanaban de 3I/ATLAS a medida que se alejaba del sol superó los registros obtenidos en estudios previos de cuerpos similares.

La clave del análisis estuvo en la medición de los gases presentes, en particular la comparación entre el dinitrógeno y el monóxido de carbono. El equipo determinó que la proporción observada solo podía explicarse si el cometa se formó en un entorno con temperaturas inferiores a los -240 °C (-400 °F), condiciones aún más extremas que las encontradas en los confines del sistema solar.
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“Este objeto nos brinda una oportunidad única para estudiar material que se formó en un lugar completamente diferente a nuestro propio sistema solar”, explicó Ferellec. “El hecho de que sea tan rico en nitrógeno nos indica que probablemente se formó en condiciones extremadamente frías, lejos de su estrella de origen”, sumó.
El hallazgo respalda la idea de que 3I/ATLAS nació en los márgenes exteriores y más helados de su sistema estelar, mucho más allá de la llamada línea de hielo, donde los compuestos volátiles permanecen sólidos durante milenios. Su composición resulta tan exótica que permite a los astrónomos realizar comparaciones directas con los modelos teóricos de formación planetaria en otras estrellas.
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Cada uno de estos objetos, afirma el equipo de investigación, ayuda a comprender mejor cómo surgen los planetas alrededor de otras estrellas y cuáles son las condiciones límite para el nacimiento de cometas y mundos primitivos.
A diferencia de los cometas locales, estos visitantes interestelares llevan consigo la huella química de ambientes radicalmente distintos. De vez en cuando, una roca helada, formada alrededor de una estrella lejana, inicia un viaje de millones de años que la trae hasta el entorno del sol.
El descubrimiento de 3I/ATLAS, que fue identificado en julio de 2025 mientras pasaba cerca del sol y partía hacia el espacio profundo, es una muestra tangible de la diversidad cósmica. “Cada uno de estos objetos que estudiamos nos ayuda a comprender un poco mejor cómo se forman los planetas alrededor de otras estrellas”, señaló la líder del estudio.
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Una ventana a la formación planetaria galáctica

El estudio de 3I/ATLAS ofrece a la ciencia la posibilidad de comparar, por primera vez en detalle, los procesos de formación planetaria entre el sistema solar y otros entornos estelares. Los cometas locales funcionan como cápsulas del tiempo: sus hielos y polvos preservan información de las primeras etapas de la evolución solar. Sin embargo, la llegada de objetos como 1I/’Oumuamua, 2I/Borisov y 3I/ATLAS permite contrastar esos datos con materiales que se desarrollaron bajo condiciones y reglas completamente diferentes.
El primer visitante, 1I/’Oumuamua, fue un enigma. Su comportamiento, con aceleraciones inexplicables por la sola gravedad, sugirió una composición distinta y una dinámica de desgasificación muy particular. 2I/Borisov, por su parte, mostró una estructura y actividad muy similares a los cometas familiares, pero enriquecido en monóxido de carbono, una característica que lo ubicaba en los extremos más fríos de su región de origen.
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3I/ATLAS, por último, se convirtió en el primer cuerpo interestelar estudiado con un nivel de detalle sin precedentes, tanto en su composición como en la dinámica de su cola.
El equipo de la Universidad de Edimburgo, que participó en el seguimiento de 3I/ATLAS, logró analizar cómo cambiaban los iones a lo largo de la cola del cometa. La cola surge cuando el plasma solar arrastra partículas cargadas hacia el espacio, formando un rastro luminoso que puede extenderse millones de kilómetros. Capturar las variaciones en la composición iónica a lo largo de ese trayecto fue posible gracias al WEAVE-LIFU, un espectrógrafo de campo integral de alta sensibilidad en el espectro óptico azul.
El director del Grupo Isaac Newton, Rubén Sánchez-Janssen, destacó: “Los potentes espectrógrafos de campo integral (IFU) de gran formato y alta sensibilidad en el espectro óptico azul, como el WEAVE-LIFU del telescopio WHT, están abriendo nuevas fronteras para el estudio de los cometas y otros objetos del sistema solar”.
La observación de 3I/ATLAS fue considerado un ejemplo perfecto del valor del llamado DDT, un sistema creado para permitir observaciones de excepcional y urgente importancia científica. El acceso a instrumentación avanzada, sumado a la coordinación internacional, permitió que el estudio de este cometa interestelar fuera mucho más exhaustivo que en casos anteriores.

La comunidad científica reconoce que cada objeto de este tipo es una muestra rara de otro sistema planetario. El seguimiento de los cambios en la cola de 3I/ATLAS, así como la identificación de sus gases y la determinación de su temperatura de formación, representan un salto cualitativo en la comprensión de la química interestelar.
La aparición de estos cuerpos en el sistema solar es excepcional. Solo tres fueron detectados hasta ahora. Su estudio, sin embargo, permite evaluar la diversidad de la galaxia y reformular las hipótesis sobre la formación de planetas, cometas y otros cuerpos primitivos.
Los estudios realizados desde observatorios terrestres y espaciales durante la aparición de 3I/ATLAS acotaron de manera precisa la composición de su coma, la envoltura gaseosa que rodea a estos objetos cuando se aproximan al Sol.
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