Calor extremo en las ciudades del mundo: cómo el cambio climático transforma la vida urbana

Las altas temperaturas modifican rutinas, vínculos sociales y condiciones de vida en las grandes urbes, según recientes hallazgos científicos

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La isla de calor urbana ocurre cuando las ciudades presentan temperaturas más altas que las zonas rurales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las ciudades albergan el 45% de la población del mundo y, según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), están en aumento debido a la creciente urbanización.

Sin embargo, los escenarios urbanos enfrentan un desafío urgente: son especialmente vulnerables al aumento de temperaturas producto del calentamiento global, responsable de que el 2025 esté entre los tres años más cálidos jamás registrados.

En las urbes ocurre un fenómeno llamado “isla de calor urbana”. Según la NASA, este efecto “se produce cuando una ciudad experimenta temperaturas mucho más elevadas que las zonas rurales cercanas. La diferencia de temperatura se debe a la capacidad de las superficies de cada entorno para absorber y retener el calor”. Sin embargo, esta no es la única amenaza que enfrentan.

El aumento de las temperaturas, la expansión urbana y la desigualdad social crean un conjunto de variables que intensifican los riesgos. El impacto de las olas de calor, el deterioro de la calidad del aire y el incremento de las emisiones urbanas de gases de efecto invernadero configuran un peligro complejo que ya transforma la vida cotidiana, la salud pública y la economía urbana.

Diversos informes científicos muestran que esto no solo afecta a las grandes capitales, sino también a ciudades medianas y pequeñas, especialmente en regiones con menor capacidad de adaptación. Los hallazgos apuntan a la urgencia de políticas integrales que consideren tanto los factores ambientales como las desigualdades sociales y la infraestructura urbana.

El calor extremo como motor de cambio en las rutinas urbanas y en la interacción social

Mujer visiblemente afectada por el calor, secándose el rostro con una toalla y sosteniendo una botella de agua, mientras camina por una avenida urbana llena de vehículos y peatones bajo un sol intenso.
La expansión urbana y la desigualdad social intensifican riesgos como las olas de calor, la mala calidad del aire y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un estudio publicado en PNAS Nexus analizó datos de 13 millones de usuarios anónimos de telefonía móvil en España durante los veranos de 2022 y 2023. Los resultados mostraron que la movilidad urbana disminuye hasta un 10% en días calurosos y hasta un 20% en las tardes de mayor temperatura.

Esta reducción afecta principalmente a actividades no rutinarias y se agrava entre adultos mayores y personas con menores ingresos. Mientras los mayores limitan sus traslados incluso hacia el trabajo, quienes tienen menos recursos no pueden evitar desplazarse por motivos laborales, lo que revela una menor capacidad de adaptación y amplía las desigualdades sociales.

El análisis destacó que los viajes cortos, usualmente realizados a pie, son los más afectados, y que la caída de la movilidad se centra en los núcleos urbanos, donde disminuye la interacción social y económica. Este fenómeno amenaza el dinamismo de las ciudades como polos de innovación y productividad.

Además, el estudio demostró que no existen diferencias significativas en la respuesta al calor según género, pero sí por edad y nivel socioeconómico. Las personas mayores son quienes más reducen sus salidas y actividades en días calurosos, mientras que quienes tienen menos recursos económicos no pueden dejar de desplazarse para trabajar, aunque las condiciones sean adversas.

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El calentamiento global elevó las temperaturas y en 2025 ubicó a ese año entre los tres más cálidos jamás registrados, las ciudades son especialmente vulnerables (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las olas de calor hacen que la gente se mueva menos por la ciudad y se relacione menos con personas de diferentes barrios o grupos sociales. Esto puede debilitar el sentido de comunidad y la vida social que suele caracterizar a las grandes ciudades.

La investigación subrayó la necesidad de políticas de adaptación urbana, como la expansión de áreas verdes y la adopción de estrategias de enfriamiento ambiental, para mantener la vitalidad y la equidad en las ciudades que enfrentan un futuro más cálido.

Cuando el calor y la contaminación se cruzan

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Las ciudades analizadas emiten cerca del 10% del metano antropogénico global, el metano proviene de vertederos, aguas residuales y distribución de gas (Imagen Ilustrativa Infobae)

En esta línea, el trabajo liderado por Daniel O’Brien, profesor de la Universidad Northeastern, y publicado en Environment and Planning B: Urban Analytics and City Science, explora la coincidencia de calor extremo y contaminación del aire en 55 ciudades de Estados Unidos.

El estudio identifica que la exposición simultánea a ambos riesgos, denominada “exposición a multiamenazas”, se concentra en barrios con alta densidad de calles y escasa cobertura arbórea, características más comunes en comunidades de bajos ingresos.

La correlación entre calor y contaminación varía entre ciudades, pero tiende a ser mayor donde la infraestructura urbana carece de árboles y abunda el pavimento. El análisis muestra que la planificación urbana históricamente relegó a las comunidades marginadas a zonas más expuestas, perpetuando la injusticia ambiental.

Además, la investigación señala que la solución a estos riesgos múltiples exige intervenciones integrales: aumentar la presencia de árboles en barrios densamente urbanizados puede reducir tanto la temperatura como los niveles de contaminantes, aunque no resuelve por sí sola la raíz estructural de las desigualdades.

La evidencia también indica que la variabilidad en la distribución de árboles y calles dentro de una ciudad determina la magnitud de la exposición multirriesgo. Así, la planificación urbana y la distribución equitativa de infraestructuras verdes emergen como herramientas clave para reducir las brechas de riesgo y mejorar la resiliencia urbana frente al cambio climático.

Por su parte, la NASA demostró que la vegetación urbana es un factor clave para limitar el efecto de isla de calor, reduciendo las temperaturas locales hasta en dos grados cuando hay suficiente cobertura arbórea. Así, la combinación de datos satelitales y modelización ambiental permite identificar con precisión las áreas de mayor riesgo y orientar las intervenciones más eficaces para mitigar el impacto del calentamiento global en las ciudades.

El futuro urbano frente al calentamiento global

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Mejorar la precisión de los pronósticos meteorológicos y la comunicación de alertas puede reducir la mortalidad por olas de calor hasta en un 25% para 2100 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las investigaciones sobre los riesgos urbanos no solo se centran en la exposición al calor y la contaminación, sino también en cómo las ciudades contribuyen activamente al problema climático. Mientras los estudios sobre multirriesgo urbano revelan la superposición de amenazas ambientales que afectan de manera desigual a distintos barrios, otros trabajos ponen el foco en el papel de las urbes como emisoras de gases de efecto invernadero y en las posibilidades reales de adaptación frente a un clima cada vez más extremo.

Un análisis publicado en PNAS revela que las emisiones urbanas de metano, un gas de efecto invernadero especialmente potente, aumentaron de forma sostenida en casi 100 ciudades del mundo entre 2019 y 2023. Basado en observaciones satelitales, estima que las ciudades analizadas representan cerca del 10% del metano antropogénico global, y que tanto las urbes comprometidas con la reducción de emisiones (como las del grupo C40) como las que no forman parte de estos acuerdos, muestran tendencias al alza.

Las principales fuentes de emisiones de este gas incluyen los vertederos de residuos, el tratamiento de aguas residuales y la distribución de gas natural. Estos sectores urbanos liberan metano a la atmósfera durante el manejo y descomposición de residuos orgánicos, así como por fugas en los sistemas de transporte y consumo de gas. La diversidad de actividades industriales, residenciales y comerciales explica la complejidad a la hora de identificar y controlar el origen de esta sustancia.

El trabajo pone en duda la precisión de los inventarios urbanos y advierte que los compromisos actuales, como la reducción del 34% del metano para 2030, requieren acciones mucho más rápidas y efectivas. Los resultados enfatizan la necesidad de sistemas de monitoreo independientes para evaluar el impacto real de las políticas urbanas y ajustar las estrategias de mitigación.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Aumentar la presencia de árboles puede bajar la temperatura y los contaminantes, pero no soluciona por sí solo las desigualdades estructurales según el estudio (Imagen Ilustrativa Infobae)

En paralelo, el estudio liderado por Jeffrey Shrader, profesor de la Universidad de Columbia, destaca cómo la mejora en la precisión de los pronósticos meteorológicos puede salvar miles de vidas cada año, especialmente en escenarios de mayor calentamiento.

El equipo de investigadores estima que, si la capacidad predictiva mejora al ritmo esperado por expertos, la mortalidad asociada a olas de calor podría reducirse hasta un 25% para 2100 en Estados Unidos. La investigación enfatiza que invertir en observación terrestre, modelos climáticos y comunicación de alertas es crucial para potenciar la adaptación cotidiana de la población urbana frente al aumento de extremos climáticos.

Según el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), el rápido crecimiento urbano, junto al déficit de adaptación y la desigualdad estructural, incrementa la exposición y la vulnerabilidad ante el clima extremo, la escasez de agua y los eventos compuestos, como el calor asociado a mala calidad del aire. La mayoría de la población expuesta a olas de calor en las próximas décadas residirá en centros urbanos, y las ciudades de regiones menos desarrolladas enfrentarán los mayores desafíos.

El futuro de las urbes dependerá de su capacidad para adaptarse y reducir su impacto ambiental. La evidencia científica subraya la urgencia de políticas integrales que combinen mitigación, adaptación y equidad social, claves para enfrentar los desafíos del calentamiento global en los entornos urbanos.

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