
Durante miles de años, los perezosos, los caballos prehistóricos y los mastodontes que habitaban en el sur de Sudamérica no solo compartieron territorio con los primeros grupos humanos, sino que fueron el plato principal en sus fogones.
Tres científicos de la Argentina demostraron que esa megafauna fue el alimento favorito de los cazadores-recolectores por encima del consumo de guanacos y ciervos. Son los investigadores del Conicet y la Universidad Nacional de La Plata Luciano Prates, Matías Medina e Iván Pérez. Publicaron sus hallazgos en la revista Science Advances.
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Con datos arqueológicos, confirmaron que los humanos prehistóricos de la Argentina, Chile y Uruguay eligieron animales gigantes como prioridad alimentaria.

“Los resultados de nuestro nuevo trabajo obligan a reconsiderar la idea dominante de que los humanos fueron un actor secundario en la extinción de la megafauna entre 12.000 y 11.000 años antes del presente en Sudamérica”, dijo el doctor Prates al ser entrevistado por Infobae.
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En tanto, el científico Pérez, quien también forma parte del Museo Histórico y Arqueológico de la Municipalidad de Senillosa, Neuquén, detalló. “Hay más pruebas de la paleontología, la paleoecología y la arqueología que demuestran de manera cada vez más nítida que los humanos fueron probablemente los principales responsables de la desaparición de esas especies”.
Los nuevos resultados permiten entender mejor por qué cuando esos animales desaparecieron por su extinción masiva cambió por completo la alimentación y la vida de los pueblos nómades.
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Qué comían los primeros humanos en Sudamérica

“Es probable que los primeros pobladores dedicaran gran parte de su tiempo a las actividades de caza y recolección. La vida no era tan intensa como la actual”, comentó Pérez.
Durante años, armar el menú de los primeros pobladores de Sudamérica fue un misterio. Se pensó que ellos comían lo que encontraran: desde guanacos hasta aves y pequeños mamíferos, y que la megafauna era marginal.
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Pero había un problema con esa hipótesis, porque surgía al combinar en un mismo análisis restos de campamentos previos y posteriores a la extinción de la megafauna. “Esto implicaba sobrevalorar las presas que se cazaron cuando ya no existía la megafauna”, acotó Prates.
Por eso, el trío de investigadores decidió concentrarse en el Cono Sur, la región con mayor abundancia y diversidad de megafauna de Sudamérica.

El objetivo del estudio fue conocer si realmente los grandes mamíferos, como el perezoso gigante o los caballos prehistóricos, fueron una presa importante para los cazadores antiguos o si preferían animales más pequeños y aún vivos, como el guanaco.
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Para evitar dudas, los investigadores descartaron cualquier resto de fechas confusas y miraron solo contextos bien datados y asignables a momentos previos a la extinción (es decir, anteriores a los 11.600 años atrás).
“Solo analizamos conjuntos pre-extinción inequívocos y excluimos los que presentaban evidencias dudosas”, explicó. Así, los investigadores lograron reconstruir el menú original de los primeros sudamericanos.
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Cómo fue el trabajo científico

Revisaron 41 sitios arqueológicos de las regiones de Patagonia y la Pampa en Argentina y del centro de Chile, aunque eligieron 20 con mucha certeza sobre su antigüedad.
Analizaron qué animales aparecían en cada uno y comprobaron si había marcas humanas en los huesos, como cortes o fracturas. En 18 de los 20 sitios estudiados encontraron restos de megafauna, y en 13 de ellos detectaron señales claras de manipulación humana.
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Esto significa que los cazadores-recolectores no solo los hallaban, sino que también los cazaban y comían. Los huesos de estos animales, incluso en algunos casos, son más del 90% de los restos.
El equipo agrupó a los animales por tamaño: grandes (más de 44 kilos), medianos (4-44 kilos) y pequeños (menos de 4 kilos).

Para saber cuáles preferían, usaron una técnica llamada NISP, que es como contar cuántos huesos pueden identificarse de cada animal en un sitio.
La megafauna dominó los resultados. Los científicos remarcaron: “la megafauna extinta domina en 15 de los 20 conjuntos arqueológicos preextinción”. Esto incluye perezosos gigantes, caballos y mastodontes enormes, que estaban presentes en la mesa antes que los guanacos o ciervos.
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Además, los investigadores calcularon cuánta energía aportaba cada especie cazada. Los animales extintos siempre estuvieron en la cima del ranking: “las especies extintas ocupan los primeros lugares del ranking de presas por aporte calórico”. Es decir, tenían más carne y energía que ofrecer que los animales actuales.

Solo en dos sitios no encontraron megafauna y los humanos comían principalmente guanacos o vicuñas. Eso ocurrió en regiones donde había muy pocos animales grandes al momento de la ocupación humana.
La investigación reveló que “el consumo de especies de menor tamaño solo se volvió importante después del colapso de la megafauna”, cuando los humanos necesitaron recurrir a otros recursos ante la desaparición de los gigantes.
El equipo advirtió que el ranking de las especies más consumidas es una guía para entender la dieta, pero no una regla universal para todo el continente.
“Antes de la extinción, los gigantes del pasado dominaron la dieta de los cazadores-recolectores”, señalaron. El fin de estos animales obligó a los humanos de Sudamérica a reinventar sus estrategias de caza y alimentación.
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