
El coronavirus que causa la enfermedad COVID-19 dio lugar a la emergencia de salud pública global en 2020 y preocupó a la comunidad científica por sus efectos más allá de los pulmones.
Desde el inicio de la emergencia, varias señales hicieron pensar que el virus también podría afectar el cerebro de algunas personas y se han realizado varios estudios al respecto.
Ahora, investigadores de los Estados Unidos descubrieron que la infección por el coronavirus puede hacer que ciertas células del cuerpo formen grupos de una proteína llamada amiloide-beta en la retina humana.

La amiloide-beta se junta y forma pequeños cúmulos que, en el cerebro, están relacionados con el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, que afecta la memoria y el pensamiento.
El equipo científico está integrado por Sean Miller, David Hafler y colaboradores de las universidades Yale y Harvard. También participaron científicos del Instituto Broad, que depende del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y Harvard, y está dedicado a la genómica en biomedicina. Publicaron el trabajo en la revista Science Advances, editada por la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia.
A partir del hallazgo, estiman que se abre la posibilidad de trabajar en el desarrollo de fármacos que consigan prevenir o limitar los daños del coronavirus. Al mismo tiempo, insistieron en la necesidad de que se realicen más estudios en pacientes vivos para confirmar los resultados.
Cómo afecta el coronavirus al cerebro

Ya se sabía que la infección por el coronavirus afectaba el cerebro de distintas formas. Los síntomas frecuentes iban desde la pérdida de olfato hasta dolores de cabeza y confusión mental.
Las células de defensa del cerebro pueden reaccionar ante el virus y liberar sustancias dañinas para las neuronas si se produce una activación excesiva.
Se han encontrado pequeñas lesiones en cerebros de personas fallecidas por la infección. Eso llevó a la idea de que el virus puede impactar en zonas claves para la memoria y el pensamiento.
Muchos pacientes, jóvenes y adultos, reportaron “niebla mental” luego de cursar el cuadro respiratorio. Esta expresión describe problemas de concentración, memoria y rapidez al pensar.

Uno de los temores era que el coronavirus pudiera acelerar los procesos de formación de placas por la proteína amiloide-beta en algunas personas.
La acumulación de amiloide-beta no implica que una persona desarrolle Alzheimer inexorablemente. Pero puede indicar un riesgo aumentado si la situación persiste.
Los investigadores que publicaron el estudio en Science Advances intentaron averiguar si el virus podía causar directamente la formación de placas amiloides en la retina humana.
Querían saber si la infección tenía la capacidad de dar ese primer paso sin la necesidad de otros factores como edad avanzada o antecedentes familiares.
Cómo se realizó el estudio

Los experimentos se realizaron con tejido humano donado tras el fallecimiento y organoides. No trabajaron con animales ni personas vivas.
Los científicos prepararon ambos tipos de tejido en laboratorio y los expusieron al coronavirus SARS-CoV-2. “La observación directa con microscopía mostró el desarrollo de lesiones típicas de amiloide-beta en los organoides y en las retinas”, afirmaron.

Esto confirma que el virus, por sí solo, podría dar origen a placas asociadas a la enfermedad de Alzheimer en tejidos humanos.
Los investigadores descubrieron que las células de defensa del cuerpo contribuyen también a la formación de estas placas. “Las células inmunes locales responden al virus y ayudan a agrupar la proteína amiloide-beta”, expresaron.

Detallaron que al bloquear la entrada del virus a través de la proteína neuropilina-1, la formación de placas disminuye de manera marcada. Los resultados experimentales demostraron que restringir la entrada del virus redujo la formación de agrupamientos dañinos en la retina.
Entre los medicamentos a probar, los científicos mencionan los inhibidores de una proteína llamada NRP1 y también algunos antivirales. “Los inhibidores de NRP1 o medicamentos antivirales pueden servir como herramientas terapéuticas para prevenir estas consecuencias”, sostuvieron.
Por otra parte, en diálogo con Infobae, Gabriela González Alemán, investigadora de la Universidad Católica Argentina, quien viene también estudiando los efectos del coronavirus después del cuadro agudo, comentó: “Desde fines de 2020 nosotros estamos haciendo un seguimiento de personas que tuvieron COVID-19 en Jujuy, Argentina. En algunas personas, que fueron afectadas por las primeras variantes del virus, se ha detectado deterioro cognitivo”.

Con investigadores estadounidenses, la especialista publicó este año un trabajo en la revista Frontiers in Aging Neuroscience. Pertenece al consorcio global de la Asociación de Alzheimer que investiga las secuelas neuropsiquiátricas crónicas del COVID.
Encontraron que el riesgo de presentar un deterioro cognitivo de moderado a severo resulta cerca del doble en adultos mayores en comparación con los más jóvenes.
Además, “dos factores aparecen de manera consistente como principales predictores de cuadros graves: la necesidad de hospitalización por un cuadro grave de COVID-19 y la intensidad de la disfunción olfatoria (anosmia)”, detalló.

Con respecto al nuevo estudio, la experta destacó que “los hallazgos son importantes para comprender mejor cómo la infección impacta en las neuronas”.
De acuerdo con González Alemán, “las personas deberían prestar atención a los olvidos frecuentes que generan interferencias en su vida cotidiana con el paso del tiempo y hacer la consulta médica. La persona puede apreciar lo que le sucede, como la queja por los olvidos, y debe ser escuchada”.
Recomendó el aumento del consumo de frutas, verduras y pescados para cuidar la salud cerebral y realizar actividades de estimulación cognitiva.
Para las familias y los profesionales de la salud, aconsejó que “deberían estar atentos a las quejas por olvidos para tomar decisiones de diagnóstico y tratamiento de manera temprana”.
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