
La luna Europa de Júpiter podría tener un océano de agua líquida bajo su hielo, pero un estudio advirtió que llegar a ese reservorio para buscar señales de vida sería más difícil de lo previsto. La investigación, liderada por Lujendra Ojha de Rutgers, sostuvo que el ascenso de agua desde el océano profundo hacia zonas cercanas a la superficie tendría limitaciones.
El trabajo, publicado en Nature Astronomy, usó simulaciones por computadora para evaluar si el agua líquida podría subir por grietas del hielo y quedar retenida en depósitos poco profundos, una opción que reduciría la necesidad de perforar hasta el océano.
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Ojha, profesor asociado del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de Rutgers, indicó que el objetivo fue establecer si el agua puede desplazarse desde el interior sin congelarse durante el trayecto.
Según los resultados, ese movimiento sería “mucho más complejo” de lo que se estimaba: aunque habría una capa de hielo y agua por debajo, las simulaciones muestran que la posibilidad de que el líquido ascienda intacto hasta la superficie parece limitada y pone en duda la viabilidad de acceder al océano subterráneo a través de grietas.

Por qué el agua se congelaría antes de llegar a la superficie
Bajo la superficie extremadamente fría de Europa, un océano global podría mantenerse líquido porque la gravedad de Júpiter comprime y estira de forma continua la luna, lo que genera calor interno que queda atrapado por la capa de hielo.
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El trabajo se centró en diques, grietas o fracturas estrechas que, en teoría, podrían permitir el ascenso del agua a través del hielo. La idea guarda una relación limitada con el criovulcanismo, aunque Ojha advirtió que el hielo y el agua líquida son muy distintos de la lava y los volcanes terrestres.
Según el estudio, una pieza ausente en modelos anteriores era la turbulencia. Las simulaciones indican que el agua avanzaría con un flujo turbulento, chocaría con las paredes frías de la grieta y perdería calor con rapidez.
Ojha resumió ese comportamiento al señalar que el agua “va a ser turbulenta” y que se enfriará muy rápido al acercarse a la superficie. Al bajar su temperatura, puede entrar en sobreenfriamiento y seguir líquida por debajo de su punto normal de congelación.
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En ese estado pueden formarse pequeños cristales llamados hielo frazil. Esas partículas se acumularían hasta bloquear el conducto.
Las simulaciones muestran que las fracturas estrechas podrían congelarse y cerrarse en cuestión de horas. Incluso en escenarios ideales, las grietas más anchas resultarían menos favorables por la turbulencia.
Además, para explicar algunas estructuras de la superficie, las fracturas tendrían que ser irrealmente largas o aparecer en gran número.
Qué implica esto para buscar señales de habitabilidad

El hallazgo cambia la interpretación científica de cualquier depósito superficial o subsuperficial poco profundo. Si una bolsa de agua no está conectada con el océano profundo, no necesariamente ofrecería una ventana directa al entorno que más interesa en la búsqueda de condiciones habitables.
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Europa atrae la atención científica porque bajo su hielo habría un océano global de agua líquida. El agua líquida, la química y la energía figuran entre los ingredientes esenciales para investigar entornos habitables fuera de la Tierra.
El estudio plantea que el agua cercana a la superficie, si existe, pudo originarse por calentamiento y fusión local dentro de la capa de hielo. Eso desplaza el foco desde un aporte ascendente del océano hacia procesos internos del propio casquete helado.
El papel de Europa Clipper y JUICE
El trabajo se conoce mientras dos misiones ya viajan hacia el sistema de Júpiter. Europa Clipper de la NASA despegó en octubre de 2024 y está previsto que llegue al planeta en abril de 2030 para realizar 49 sobrevuelos cercanos de Europa.
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A esa misión se suma JUICE, de la Agencia Espacial Europea, lanzada en abril de 2023 y con llegada prevista a Júpiter en julio de 2031. Ambas aportarán datos más detallados sobre la capa de hielo, la composición de la superficie y la posible presencia de agua subterránea.
El radar de Europa Clipper podría ayudar a determinar si hay depósitos poco profundos y cómo están estructurados. A la luz de este resultado, la capa helada de Europa aparece como una barrera más exigente entre el océano profundo y cualquier rastro de agua cercano a la superficie.
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