
Un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Stanford, EEUU, encontró una fuerte asociación entre el consumo frecuente de marihuana y un mayor riesgo de ataque cardíaco prematuro y enfermedad cardiovascular. Los resultados de la investigación fueron publicados en la revista científica Cell.
Además, la investigación encontró que el tetrahidrocannabinol (THC), uno de los componentes psicoactivos de la marihuana, provoca inflamación en las células que recubren el interior de los vasos sanguíneos, así como aterosclerosis (endurecimiento o engrosamiento de las arterias), en pruebas de laboratorio con ratones.
“La marihuana tiene un efecto adverso significativo sobre el sistema cardiovascular. Nuestros estudios de células humanas y de ratones describen claramente cómo la exposición al THC inicia una cascada molecular dañina en los vasos sanguíneos. No es una droga benigna”, dijo uno de los autores principales de la investigación, el biólogo Mark Chandy, de la Universidad de Stanford.
La investigación analizó registros de 500.000 participantes de entre 40 y 69 años, y los datos fueron obtenidos del Biobanco del Reino Unido. Casi 35 000 participantes informaron que fumaban cannabis; de ellos, unos 11.000 fumaban más de una vez al mes.

Quienes fumaban más de una vez al mes tenían significativamente más probabilidades que otros en el estudio de sufrir un ataque al corazón después de controlar otros factores como la edad, el índice de masa corporal y el sexo. Los investigadores encontraron que los fumadores frecuentes de marihuana también tenían más probabilidades que los no consumidores de sufrir su primer ataque cardíaco antes de los 50 años.
“Hay una percepción pública cada vez mayor de que la marihuana es inofensiva o incluso beneficiosa”, dijo Joseph Wu, autor principal del estudio y director del Instituto Cardiovascular de Stanford. El especialista explicó que “la marihuana claramente tiene usos medicinales importantes, pero los usuarios recreativos deben pensar cuidadosamente sobre el uso excesivo”.
La inflamación de los vasos sanguíneos es una característica principal de la aterosclerosis, el engrosamiento de la pared del vaso debido a la acumulación de placas formadas por grasas, colesterol y otras sustancias, que puede provocar un ataque al corazón. Los investigadores encontraron que los niveles de moléculas inflamatorias en la sangre de los voluntarios que fumaban un cigarrillo de marihuana aumentaron significativamente durante las siguientes 3 horas.
Además, demostraron que el THC promueve la inflamación y las características de la aterosclerosis en células endoteliales humanas cultivadas en el laboratorio.

Asimismo, los ratones de laboratorio criados para tener niveles altos de colesterol y alimentados con una dieta alta en grasas desarrollaron placas de aterosclerosis significativamente más grandes cuando se les inyectó THC a niveles comparables a fumar un cigarrillo de marihuana por día que los animales de control.
El THC se une a un receptor llamado CB1 en las células del cerebro, el corazón y el sistema vascular humanos. El receptor reconoce los cannabinoides naturales, o endocannabinoides, que regulan el estado de ánimo, la percepción del dolor, la función inmunitaria y el metabolismo. Pero el consumo frecuente de marihuana provoca una activación inapropiada de CB1, lo que puede causar inflamación y aterosclerosis, y está asociado con la obesidad, el cáncer y la diabetes.
Los investigadores han estado tratando de desarrollar moléculas llamadas antagonistas para bloquear la función de CB1 en condiciones en las que el receptor es hiperactivo, como la obesidad, pero hasta ahora el uso de los antagonistas se ha visto frustrado por los efectos secundarios psiquiátricos, incluidos los trastornos del estado de ánimo y la ansiedad que surge de su actividad en el cerebro.
Además de los investigadores de la Universidad de Stanford, también contribuyeron en la investigación científicos de la Universidad Nacional de Taiwán, la Universidad de Copenhague, la Academia Sínica de China, la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado y la UC-San Francisco, EEUU. Asimismo, el estudio fue apoyado por la Asociación Estadounidense del Corazón.
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