
Durante la última semana, el número mundial de nuevos casos de afectados por el COVID-19 disminuyó un 19% mientras que el número de nuevas muertes se mantuvo similar al de la semana anterior. En la región de América, los casos se redujeron el 32%. Pero la pandemia por el coronavirus aún continúa.
El riesgo de infectarse aún es alto, y la vida cotidiana no ha vuelto a la normalidad de hace más de dos años. Una situación que ha disparado la “fatiga pandémica”, que implica cansancio persistente y frustraciones por no hacer las actividades habituales en un contexto que aún obliga a seguir los cuidados de prevención.
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Los casos por la variante Ómicron de coronavirus empezaron a aumentar en noviembre pasado y generaron picos en pocas semanas que llevaron al desborde de los centros de testeos en grandes ciudades. También afectó la salud mental o acentuó algunas situaciones personales previas.
“Ómicron rompió con la ilusión de que estábamos saliendo de la pandemia -dijo a Infobae Alicia Stolkiner, profesora titular de la cátedra de Salud mental y Salud pública de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires-. Casi no dejó a nadie sin afectar de manera directa o indirecta.
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Hubo una cierta banalización al creerse que era de menor riesgo, pero esa idea entró en duda porque muchos pacientes se recuperan lentamente, señaló Stolkiner. Hay agotamiento frente a la situación y desaliento y han aumentado mucho las consultas por cuadros de ansiedad y ataques de pánico”, afirmó la psicóloga.
En diálogo con Infobae, Marcelo Cetkovich, médico psiquiatra y director médico de INECO, hoy comentó que la fatiga pandémica “es hoy un problema de preocupación internacional. Por un lado, hay personas que tuvieron el COVID-19 y que han desarrollado secuelas posteriormente. Entre ellas, experimentan un cuadro de fatiga persistente que puede durar varios meses”.
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En tanto, hay personas que pueden no tener secuelas por la infección o aún no se han contagiado y padecen algún grado de fatiga por el tipo de vida que hay que llevar en el contexto de la circulación del coronavirus, más allá de que no haya confinamientos como durante la primera etapa de la pandemia.
“La primera etapa de la pandemia produjo una convulsión social por los confinamientos y las diferentes restricciones. Aumentaron los cuadros de estrés, y hay gente que le cuesta recuperarse. La visión de la apertura en el futuro no es suficiente. Sienten que nunca se alcanza el fin y están como agotados”, afirmó el doctor Cetkovich.
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La pandemia llevó a gran parte de la humanidad a vivir como en un estado de “semi-reposo”, señaló. “Muchas personas pasaron a tener más reuniones virtual o a trabajar de manera remota. Fue deshabituación del ritmo de vida y ahora cuesta retomar al ritmo anterior”, agregó Cetkovich.
Para el especialista, la sobreinformación sobre la pandemia, el uso excesivo de las redes sociales y la reducción de horas dedicadas a la actividad física son algunos de los factores que han contribuido a que muchas personas padezcan hoy la fatiga pandémica.
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Aquí van 5 recomendaciones para lidiar con la “fatiga pandémica”:
1- Definir cuáles son las prioridades hoy
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Como la vida cotidiana cambió por la emergencia de la pandemia, hubo proyectos que quedaron sin realizarse y se empezaron a hacer otras actividades diferentes. Según el doctor Cetkovich es conveniente pensar e incluso escribir cuáles son las cuestiones urgentes e importantes para atender hoy y descartar las que no lo sean.
2- Limitar el uso de las redes sociales
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Con la pandemia hubo un uso excesivo de las redes sociales. “Algunas personas no tienen en cuenta que las redes sociales sí producen mucha fatiga. Son un residuo cognitivo. Nos ocupan la atención. Toman mucho de nuestro tiempo que podríamos aprovechar en nuestras prioridades”, advirtió Cetkovich.
3- Hacer actividad física y recuperar consumos saludables
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La pandemia implicó estar mucho tiempo quietos para muchas personas. Por lo cual, aconsejan recuperar o aumentar la actividad física que le guste más a cada persona para que la pueda sostener con el paso del tiempo, como caminatas rápidas, andar en bicicleta, patinar, nadar, entre otras. “La actividad física es el más potente antidepresivo y antiinflamatorio”, destacó.
También hay personas que aumentaron el sobrepeso o que consumieron más alcohol o tabaco, entre otras sustancias tóxicas. “Se aconseja tratar de retomar una alimentación saludable para bajar el sobrepeso y tratar la cuestión de los consumos problemáticos”, añadió Cetkovich.
3- Retomar una vida social con cuidados
“Es una pandemia que resulta muy difícil para todos. Todavía no se terminó de procesar”, dijo hoy a Infobae Alberto Álvarez, médico psiquiatra y psicoanalista y vicepresidente del Capítulo de Psicoanálisis Subjetividad y Comunidad de la Asociación Psicoanalítica Argentina y de la Asociación de Psiquiatras Argentinos.
Aún hay personas que no se han animado a volver a encontrarse con familiares o amigos. “Es recomendable que puede volver a reunirse al aire libre con amigos y familiares”, recomendó Álvarez. “Al reencontrarse al aire libre, las personas van rompiendo con el miedo a contagiarse. Hay que priorizar las actividades que saben que les hacen bien”.
4- Conectarse con un proyecto nuevo

No se necesita seguir el conteo de la cantidad diaria de infectados y los muertos, según Cetkovich. “Son datos importante para las autoridades sanitarias principalmente. Si hay fatiga, es conveniente despegarse un poco del tema COVID-19, pero seguir con los cuidados de prevención como la ventilación cruzada en ambientes cerrados o vacunarse con la dosis de refuerzo si corresponde”.
Para este año 2022, “sería ideal que la persona con fatiga define algún proyecto nuevo, como escribir un libro, retomar un hobby o alguna actividad placentera que tenga pendiente”, afirmó Cetkovich. “Cuando llegue el fin de la pandemia, es posible que algunas personas tengan la sensación de que se ha vivido como una guerra o que se ha estado en un país diferente. Será momento de volver a readaptarse”.
5- Tomarse días para el descanso
Con los cambios que implicó la pandemia, hubo familias que se mudaron a lugares más tranquilos. Hubo personas que se dieron cuenta que ya no querían vivir una vida laboral con tanto estrés y cambiaron de trabajo. Pero hay también personas que sienten la fatiga y no puede hacer cambios tan drásticos.
“Es recomendable también irse de vacaciones para descansar en lugares donde no haya hacinamiento de personas. Si hay mucha gente, una persona que se cuidó mucho no se va a sentir bien. Lo ideal es ir de a poco retomando actividades que nos dan placer”, afirmó Álvarez.
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