
Para el barrio Las Malvinas, al sur de Guayaquil, el 1 de enero fue una jornada de duelo y resistencia. Familiares, amigos y vecinos se reunieron para velar y despedir a Josué Arroyo, de 14 años; Ismael Arroyo, de 15; Nehemías Arboleda, también de 15; y Steven Medina, de 11, los cuatro menores asesinados tras ser detenidos por militares el pasado 8 de diciembre. El velorio y cortejo fúnebre se convirtieron en un acto de memoria colectiva y exigencia de justicia, mientras la ausencia de un pronunciamiento del presidente Daniel Noboa acentuó la indignación de los asistentes y de quienes han seguido el caso que ha sacudido al país.
Los arrullos –cantos tradicionales de raíces afro– acompañaban a los féretros, que se velaron en las casas de cada uno, a pocas cuadras de distancia entre sí. Los altoparlantes amplificaban los mensajes de indignación: “Seguimos siendo maltratados por el solo hecho de ser negros”, según reportó Primicias. La música, mezclada con el dolor, la impotencia y la sed de justicia, marcó el inicio de un cortejo que se transformó en una manifestación masiva de exigencia de que los responsables paguen con todo el peso de la ley.

A las 15:00, los cuatro ataúdes fueron cargados al hombro por los vecinos y trasladados desde Las Malvinas hasta el cementerio Ángel María Canals, ubicado en el suburbio de Guayaquil. Aunque estaba previsto un traslado en vehículos, decenas de personas decidieron marchar hacia el camposanto. El candente sol no los detenía y se escuchaba al unísono: “¡Queremos justicia!” y “¡Militares criminales!”.
La multitud también expresó consignas contra el Ejecutivo: “Y como es la huevada, asesinan a los niños y el gobierno no hace nada”. Aunque el Ministerio de Defensa, del Interior y de Derechos Humanos emitieron comunicados lamentando el asesinato de los niños, la Presidencia no se ha pronunciado ni condolido por el suceso, algo que ha sido fuertemente criticado, especialmente en las redes sociales, por actores de opinión que aseguran que el mandatario debió acercarse a las familias que viven el luto.
Un dolor colectivo

El ambiente era desgarrador. Las madres y padres, tíos y abuelas clamaban al cielo mientras los cuerpos eran depositados en cuatro bóvedas de cemento fresco. En la procesión, el sonido de bocinas, motocicletas y fuegos artificiales acompañaba a la multitud, mientras la frustración se dirigía hacia las instituciones del Estado: “Tienen que explicarnos qué pasó con nuestros niños y por qué destruyeron los cuerpos de esta forma”, declaró un familiar, citado por EFE.
Durante el sepelio, compañeros del equipo de fútbol en el que jugaban los hermanos Arroyo recordaron sus sonrisas y sueños, mientras aseguraban: “Vamos a limpiar su nombre. Que esto no se quede en la impunidad”. Según Primicias, los hermanos formaban parte del equipo Sub-15 del club Richard Borja. La detención irregular de los menores sucedió tras jugar fútbol.

El caso ha generado una ola de indignación nacional. Políticos, alcaldes, activistas y ciudadanos comunes han expresado su consternación. Las banderas ondearon a media asta en la Asamblea Nacional, como muestra de luto. La vicepresidenta Verónica Abad publicó una nota de pesar y también dijo haber dispuesto el luto institucional en la Vicepresidencia.
El Ministerio de Defensa, en un comunicado emitido el 31 de diciembre, lamentó profundamente el asesinato de los menores y reiteró su compromiso con la transparencia en las investigaciones. “Reafirmamos nuestro compromiso con la verdad para que este caso sea llevado con total transparencia hasta dar con los responsables de este asesinato”, señaló la institución. Por su parte, el Ministerio de la Mujer y Derechos Humanos llamó a actuar con sensibilidad y respeto hacia las familias, evitando cualquier forma de revictimización.

Mientras tanto, los 16 militares involucrados en el caso cumplen prisión preventiva en Guayaquil. Organismos de derechos humanos, como el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CHD), han calificado el crimen como una muestra de abuso de autoridad y discriminación racial, señalando la urgencia de reformas en los protocolos de actuación de las Fuerzas Armadas.
En los próximos días, y en cumplimiento de lo dispuesto por la magistrada que resolvió el hábeas corpus a favor de los padres de los menores, se espera que el Ministerio de Defensa emita disculpas públicas.
El dolor en Las Malvinas, sin embargo, trasciende los discursos oficiales. Es el grito de una comunidad que clama por justicia y exige que las vidas de Josué, Ismael, Nehemías y Steven no sean olvidadas ni utilizadas para perpetuar sistemas de opresión. Entre lágrimas y consignas, Guayaquil despidió a cuatro vidas jóvenes, cuyas memorias y los guardianes de estas piden que no haya impunidad.
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