Mayo de 1994, antes de partir a la cobertura de la Constituyente desde Retiro: Analía Argento, Armando Reggis y Adriana Balaguer
Mayo de 1994, antes de partir a la cobertura de la Constituyente desde Retiro: Analía Argento, Armando Reggis y Adriana Balaguer

Mi Olivetti Lettera 32 se encuentra en 'exhibición' en el segundo estante de la biblioteca de hierro y madera que me hice fabricar a medida con los derechos de autor que cobré por un libro. Un día mis hijas me preguntaron qué era. Les conté los detalles de su historia y a sus amigas les han advertido: "No se toca, es una reliquia". Una reliquia que todavía funciona y que tiene cinta. Negra, en este caso, porque no necesitaba aquella mitad tinta negra y mitad tinta roja. Dato para millenials: hay una tecla roja a la derecha que al apretarla (con más fuerza que un click de computadora) pone en uso la mitad inferior de la cinta.

Solía recitarle de memoria a mis hijas el orden de las letras: asdfg para la izquierda y ñlkjh para la derecha, por ejemplo. Las aprendí durante los dos años de clases de mecanografía que tuvimos en el Instituto Ceferino Namuncurá donde a pesar de que el hermano Epifanio, marista, nos dejaba solos en el aula, cumplía la tarea y sin mirar el teclado usaba todos los dedos. Sí, millenials, en los '80 en la secundaria algunos teníamos clases de mecanografía. Y a algunos, además, nos gustaba esa materia.

A los 17 discutí con mi papá Santiago, bancario, cuando planteé mi deseo de estudiar periodismo. Para ser más exactos, Licenciatura en Comunicación Social, una carrera que describí más amplia para convencerlo. "Te vas a morir de hambre", retrucó mi papá. A pesar de la hiperinflación partí a Buenos Aires el 22 de marzo de 1988, el día siguiente a cumplir 18 años. Llegué a Retiro con una valija y una caja en la que entre muchas cosas tenía los dulces caseros de mi mamá, maestra de grado por la tarde y directora de la escuela primaria y nocturna para adultos de mi ciudad, Cinco Saltos, en Río Negro.

Durante el último de los cinco años de facultad escribía a mano las crónicas y trabajos prácticos que Martín Becerra, hoy profesor e investigador del Conicet y docente en la Universidad de Quilmes y la UBA además de celebrity en Twitter,  nos encomendaba durante las tres horas semanales en el aula del taller anual de periodismo. En el último piso de la Facultad de Sociales recién se armaba un taller de radio donde se hacían prácticas que hoy cualquier niño puede realizar con una computadora o un celular.

Antes de que arrancara un taller de agencia de noticias los sábados, dictado por los periodistas Hugo Muleiro y Mónica Beltrán, mi papá me avisó  por teléfono que me había comprado la lettera portátil con un bolso que aún guardo. "La vas a necesitar", me dijo Santiago, mientras preparaba su retiro. La compró en cuotas en la mutual bancaria. "Un fierrazo", me dijeron algunos colegas que tenían una Lettera 22, más 'delicada' que la mía.

En 1992 y con 22 años recién cumplidos entré a trabajar en el diario La Prensa justo cuando cambiaban las máquinas de escribir por computadoras de escritorio aunque los diseños de páginas se hacían con lápiz y a mano y las gacetillas las repartían personalmente los pocos voceros de prensa que había en aquellos días. También llegaban por fax mientras que los cables de agencia se enviaban por teletipos. Detrás de un vidrio había una decena de correctores que leían cada texto y después de un largo pasillo se armaban los moldes para la impresión. En ese tiempo mi mamá hacía un curso de corte y confección (que yo también hice en mi adolescencia) y cosió para mí un vestuario 'de periodista': polleras entalladas, camisas, sacos de vestir, pantalones pinzados y vestidos formales de lino. Tenía uno negro al cuerpo al que en el pecho le había bordado flores con un cordón llamado cola de ratón y otro parecido en tono salmón. A veces me peinaba con un rodete tirante como Liliana López Foresi.

La Convención Nacional Constituyente de 1994 arrancó en otoño y terminó en invierno, del 25 de mayo al 24 de agosto. Mi mamá, excelente maestra que no me dejaba ir a la escuela sin escarapela en las fechas patrias, se esmeró pensando en mi rol como periodista de la Constituyente y confeccionó para mí, a 1200 km de distancia, un traje color lavanda de tres piezas que incluía chaleco. Yo creía que el chaleco aportaba madurez a mi cara de nena y en un viaje al sur volví a Buenos Aires con el chaleco negro que usó mi papá cuando se casó con mamá en San Pedro. También lo llevé a la Constituyente. Y a veces hasta usé sombrero.

Los periodistas Analía Argento y Marcelo Helfgot en el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral
Los periodistas Analía Argento y Marcelo Helfgot en el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral

Era la reforma de la Constitución. Los periodistas nos sentíamos testigos de la historia. No era la única joven. Martín Etchevers, hoy presidente de ADEPA,  la Asociación de Entidades Periodísticas de la Argentina, recordó esta semana en una cena en conmemoración de aquel evento que también él arrancaba su carrera en el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral. Empujaba como muchos representantes de medios el artículo que estableció el resguardo de las fuentes periodísticas entre otros derechos que alcanzaron rango constitucional.

Todo eso aún no había ocurrido cuando en 1994 la empresaria del cemento Amalia Lacroze de Fortabat compró el diario La Prensa y los nuevos directivos y jefes empezaron a planificar el cambio de formato y diseño. Una tarde la empresaria nos visitó y recorrió la redacción dándonos un beso a cada uno.

La Convención Nacional Constituyente tuvo lugar justo en medio de esa transformación cuando los avances tecnológicos aún no modificaban pautas de lectura y todos los diarios eran impresos. Mientras los recién llegados iniciaban las pruebas del 'nuevo' diario junto a mi colega y amiga Adriana Balaguer, apenas un año mayor que yo, nos encomendaron la cobertura de tres meses en la provincia de Santa Fe.

Ella venía de cubrir Gobierno, las amenazas de plebiscito del menemismo, los intentos de acuerdos y las elecciones de convencionales constituyentes. Yo había seguido a los radicales con sus desencuentros, había entrevistado a César Jaroslavsky y a Horacio Massaccesi que con vehemencia defendían una reforma constitucional que por entonces nadie quería en su partido y había logrado la primera entrevista a Raúl Alfonsín después de que en el diario no se lo nombrara como no se nombró por años al 'tirano prófugo', Juan Domingo Perón. También habíamos entrevistado a los que se atrincheraban del otro lado de aquella grieta, políticos como Fernando 'Pino' Solanas o Carlos 'Chacho' Alvarez que cuestionaban la reforma y el intento de Menem de ir por la  reelección.

Nos 'durmió' Ambito Financiero que reveló el Pacto de Olivos y el Núcleo de Coincidencias Básicas, los diez temas que debían votarse en bloque y que fueron parte de la ley presentada por radicales y peronistas en el Congreso de la Nación. "Íbamos hacia el abismo", justificó Alfonsín su decisión tras la primicia.

Alfonsín y el Pacto de Olivos con Menem

Raúl Alfonsín con el ex presidente Carlos Menem firmó el Pacto de OlivosFoto NA
Raúl Alfonsín con el ex presidente Carlos Menem firmó el Pacto de OlivosFoto NA

En Santa Rosa, La Pampa, pasé una noche sin dormir escuchando los acalorados discursos de los radicales a favor y en contra del pacto que Raúl Alfonsín selló con Carlos Menem cuando todavía no había vuelto como presidente del Comité Nacional de la UCR. Cabeceaba en la silla cuando Leopoldo Moreau despertó a más de uno con su enfervorizado y contundente discurso. Aquel debate de la Convención Nacional del radicalismo lo ganó el alfonsinismo por lo que los diputados apoyarían el acuerdo en el Congreso. La UCR no se rompió pero se dobló con Fernando De la Rúa y Federico Storani resistiendo en contra del pacto en Capital y Provincia respectivamente. No había Twitter, ni webs. Desde Santa Rosa envié mis textos tipeados a máquina y escritos en papel. Tras recibir el envío del fax (otra nota para millenials: el fax fue un aparato telefónico con una ranura por la que se escaneaba el texto) en la redacción alguien tipeaba el texto y lo ingresaba al sistema utilizado en las computadoras de escritorio. El debate en la Convención del radicalismo duró hasta por lo menos las 7 de la mañana. Envié las notas por fax y se publicaron al día siguiente.

No teníamos ni internet ni redes sociales en ese momento. Ni email ni Google ni celular. Sólo diarios impresos en papel

Alfonsín primero acordó con Menem y después fue elegido jefe del partido en una convención del Comité Nacional en Parque Norte donde no se alzaron las manos pero en cambio se contaron delegados en una reunión. Enrique 'Coti' Nosiglia, su operador, se mostró de madrugada satisfecho a un costado de un salón. Los periodistas de los medios gráficos nos fuimos a dormir. A las cuatro de la tarde me senté a escribir en la redacción de la calle Azopardo. No teníamos ni internet ni redes sociales en ese momento. Ni email ni Google ni celular. Sólo había diarios impresos en papel. Las urgencias eran menos urgentes que hoy.

También con la Olivetti al hombro viajé a Santa Fe capital. Adriana Balaguer llevó una máquina parecida. Una parte de la inauguración se hizo en esa ciudad y la otra en Paraná, del otro lado del río. en el Teatro 3 de Febrero. La capacidad hotelera estaba colmada por lo que en nuestro caso reservamos habitación en la capital entrerriana para los primeros días y tuvimos que resignarnos a dormir con olor a humedad. Los aviones también estaban colmados y junto a Balaguer y el fotógrafo, Armando Reggis, hicimos el primer viaje juntos en micro desde Retiro.

Los primeros celulares y la transformación tecnológica

El ‘ladrillo’ que usaban algunos periodistas (Gentileza de Martín Canay)
El ‘ladrillo’ que usaban algunos periodistas (Gentileza de Martín Canay)

En la Universidad Nacional del Litoral compartimos sala de prensa con periodistas como Ernesto Tenembaum, María O' Donnell,  Martín Dinatale,  Jorge Sosa, Marcelo Helfgot, Armando Vidal y Alberto Dearriba por algunos de los diarios y Antonio Fernández Llorente, Gustavo Sylvestre, Marcelo López y Horacio Caride por Canal 13, América 2 y Radio Mitre.

Eramos casi tantos como los convencionales constituyentes pero sólo unos pocos tenían computadoras punto a punto con Buenos Aires o con un módem conectado al teléfono para poder enviar el material. El resto usaban computadoras e imprimían sus textos o máquinas portátiles como las nuestras. De las radios, Mitre y Del Plata usaban celulares desde 1992 y en el 94 ya habían pasado de la valija pesada a la livina y de la liviana al celular que llamaban 'ladrillo'. Radio del Plata, con José Ignacio López como gerente de noticias había instalado un estudio en una casa desde donde realizaban programas en vivo. Los canales hacían móviles con microonda (no con señal satelital): era un enlace con la señal de empresas telefónicas y desde ahí se enviaba a Buenos Aires. La mayoría de los medios había duplicado esfuerzos y recursos para estar en forma permanente o con personal rotativo.

En nuestro caso, mientras esperaba mi título universitario que estaba en trámite en la UBA me alterné con mi compañera. Coincidimos en las primeras semanas y al final.

Martín Dinatale, Balaguer, Argento, Horacio Caride, Jorge Sosa y Antonio Fernández Llorente en la Universidad de Santa Fe
Martín Dinatale, Balaguer, Argento, Horacio Caride, Jorge Sosa y Antonio Fernández Llorente en la Universidad de Santa Fe

Durante los debates de comisión y en el recinto conversábamos on y off con figuras como Eduardo Menem, Raúl Alfonsín, Carlos Corach, Augusto Alasino, Cristina Fernández, Néstor Kirchner, Eduardo Duhalde, Antonio Cafiero, Eugenio Zaffaroni, Juan Carlos Maqueda, Rodolfo Barra, Horacio Rosatti,  y hasta Aldo Rico y el obispo neuquino Jaime de Nevares que indignado por no poder abrir el Núcleo Básico renunció a la banca de constituyente. Allí 'descubrimos' el carácter de Elisa Carrió y conocimos a muchos de quienes hoy son figuras destacadas en los medios y en los tres poderes del Estado.

Martín Canay junto a Raúl Alfonsín: entrevistas con grabador y cassette de 60 minutos (Gentileza de Martín Canay)
Martín Canay junto a Raúl Alfonsín: entrevistas con grabador y cassette de 60 minutos (Gentileza de Martín Canay)

En mi caso estaba en Buenos Aires cuando Argentina venció 2-1 a Nigeria en el Mundial de Estados Unidos y cuando se conoció el resultado positivo del antidóping de Diego Armando Maradona por consumo de efedrina. Canay recuerda que le tocó salir a buscar repercusiones. Algunas las grabó en cassettes de 60 minutos de duración. Periodistas y convencionales se  mostraron abatidos con esa noticia.

En la rotación me tocó estar en Santa Fe la tercera semana de julio. Volé el domingo 17 a la tarde y cuando el lunes 18 bajé a desayunar ví por televisión (un aparato de tubo) el atentado a la AMIA. Mirábamos las imágenes conmovidos y casi en silencio. Ese día cerraron los aeropuertos y la mayoría de los convencionales no pudieron llegar. Los periodistas no teníamos qué escribir, ni siquiera repercusiones para contar excepto una declaración de repudio. Por la noche algunos fueron a jugar al fútbol, otros nos juntamos a comer, todos compartimos la sensación de no estar en el lugar donde debíamos estar, allí donde se producía una noticia que nos provocaba tristeza. Y además estábamos impedidos de volver.

El miércoles 24 de agosto atravesamos la provincia de Entre Ríos desde la capital de Santa Fe y llegamos otra vez como equipo completo con Reggis y Balaguer al Palacio San José donde se realizaría la jura del texto de la Constitución. Había tantos convencionales como representantes de los tres poderes y periodistas. Radio, televisión, diarios y agencias de noticias. No existían los portales web. Ni los drones para las coberturas.

Ese día nos sacamos una foto. Reggis imprimió una para mí y otra para Adriana. Es cuadrada y en blanco y negro. Posamos con mi Olivetti frente al portón del histórico palacio en Concepción del Uruguay que mandó a construir el general Justo José de Urquiza.

Adriana Balaguer y Analía Argento, Palacio San José, 24 de agosto de 1994
Adriana Balaguer y Analía Argento, Palacio San José, 24 de agosto de 1994

Un cuarto de siglo después hay muchas cosas que olvidé, incluso el Patio de Honor y el Patio del Parral.

Olvidé anécdotas como la que contó esta semana en la cena de Adepa quien hoy es juez de la Corte, Horacio Rosatti, que en aquel entonces era un joven convencional de muy bajo perfil. Después fue ministro de Justicia y hoy juez del máximo tribunal. Recordó al ser homenajeado que en el folklore popular se decía que habría un barco para fiestas durante el tiempo que durara la Constituyente. No hubo tiempo ni predisposición para eso aunque las tertulias del Paraninfo muchas veces se mudaban a restaurantes donde se comía buen pescado del Paraná o a algún festejo de cumpleaños en el bar Ramona Antigua de Miguel Del Sel.

Mencionó Rosatti que en aquellos 90 días "uno podía codearse con las figuras políticas de la época, todas las figuras, todos los partidos representados, todas las formas de pensamiento representadas". A diferencia de muchos políticos y el periodismo él veía el bosque y no el árbol, creía que no pasaría a la historia esa Constituyente por habilitar la reelección presidencial sino por todos los demás derechos y cambios institucionales como la autonomía  municipal, la elección directa del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, la incorporación de pactos internacionales, el Consejo de la Magistratura, la creación de la figura del Jefe de Gabinete, el tercer senador por distrito y temas ambientales, entre muchos otros.

Aquella otra grieta, consensos y desacuerdos

El juez de la Corte, Horacio Rosatti, recordó y rescató los acuerdos de la Constituyente (Franco Fafasuli)
El juez de la Corte, Horacio Rosatti, recordó y rescató los acuerdos de la Constituyente (Franco Fafasuli)

Lo que no pensó, confesó Rosatti, es que "la Convención Constituyente iba a pasar a la historia por algo que estamos viendo hoy que es la búsqueda de los acuerdos, de los consensos y de la concordia política" para evitar que fuera "un salto al vacío o que la Convención se declarara soberana y que hiciera lo que quisiera". En aquel momento Carrió y De Nevares despotricaron pero los convencionales mantuvieron el acuerdo.

"Hoy lo valoro mucho más en momentos como los actuales", insistió en su discurso y hasta se mostró esperanzado a pesar de que los acuerdos y consensos "lamentablemente" no continuaron los años siguientes. "Antes de 1994 habían pasado cosas muy graves en el país", dijo y recordó los gobiernos que no cumplieron sus mandatos y los jefes de Estado de facto. "No era un momento fácil y sin embargo pudimos conformar un núcleo de asambleístas que privilegió el interés permanente del país. Antes de 1994 también había grieta. Si hace 25 años pudimos superar la grieta ¿como no vamos a poder superarla hoy?", se preguntó antes del aplauso.

La habilitación de la reelección presidencial fue la gran grieta. Menemismo y antimenemismo. Impactó sobre la elección del año siguiente.

No existían las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) y las candidaturas se dirimían en internas partidarias. Para la candidatura presidencial de 1995 en la UCR compitieron Massaccesi y Storani. Ganó el rionegrino que hizo campaña prometiendo rehabilitar los ferrocarriles. Sus propuestas intentó hacerlas oír arriba de un tren.

Para entonces ya usábamos teléfonos celulares. En el recorrido Córdoba-Tucumán transmití las crónicas desde un vagón con una computadora portátil conectada a través de un cable a un teléfono. Eso podía hacerse si había señal. Caso contrario periodistas y reporteros gráficos bajábamos en las estaciones donde se detenía el tren para llamar por teléfono de línea y dictar el material.

No hace falta decir que hoy esta crónica para Infobae podría haberla escrito desde cualquier lugar y desde mi celular. Sólo con clickear en guardar y publicar puede verse en la home dos segundos después.

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