
El campo español y europeo ha recibido el nuevo año con otro frente abierto, que se suma a la reducción económica del Presupuesto Agrario Común (PAC) de la Unión Europea y al alza en los costes de producción. Esta vez, desde Europa, el impulso de un acuerdo comercial con los países que integran el Mercosur, ha puesto en pie de guerra a ganaderos y agricultores, que han convocado movilizaciones entre el 26 y el 30 de enero a lo largo de todo el territorio español.
Desde el campo, las principales organizaciones han presentado una respuesta conjunta, aunque existen discrepancias respecto a los beneficios y perjuicios de este acuerdo comercial. “Es desequilibrado para toda la Unión Europea. Aquí en España, en la ganadería, las consecuencias son muy importantes, sobre todo el vacuno, el avícola y el porcino. Además de la producción de miel”, ha señalado a Infobae Andoni García, responsable de Organización de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG).
García sostiene que, en cuanto a los volúmenes de importaciones y exportaciones, la balanza para el sector agrario es negativa: “¿Hasta dónde se puede arriesgar la seguridad y la soberanía alimentaria en favor de unos intereses limitados?” Según el responsable de Organización, este acuerdo beneficia a las multinacionales en contra de los agricultores, ganaderos y el propio consumidor.
Además, destaca que la eliminación o reducción a máximos de los aranceles permite la entrada de productos a precios más bajos que los costes de producción que existen en España: “Se suman varias cosas, en Europa los costes están condicionados por normativas respecto a medioambiente, seguridad, sanitarios, bienestar animal, y los productos del Mercosur van a entrar sin cumplir con estas normativas”. También perjudica al campo europeo la gran diferencia entre el nivel de vida existente con el de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, lo que la entrada de productos a muy bajo coste.
Los productos más perjudicados por las importaciones
Lo que realmente preocupa a algunos sectores del campo es la sustitución de productos locales por otros de importación. En esta línea, García señala a la carne vacuna como una de las producciones que más se importa a Europa. “La repercusión es muy seria. Actualmente, después de muchas crisis, el equilibrio que hay es muy débil”, sostiene, y añade que “no hay necesidad de comprar esta carne en Europa y traerla a un mercado que no la necesita es crear problemas, porque va a entrar más barata y sustituye la producción de pequeños y medianos ganaderos”.
“El acuerdo no quiere decir que ahora se abra la puerta, llevamos muchos años importando desde el Mercosur”, explica a Infobae Cristóbal Cano, secretario general de Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), que destaca que, la importación de carne vacuna está en torno a las 200.000 toneladas y, con el nuevo acuerdo, se prevé añadir otras 99.000 adicionales con aranceles reducidos.
Otra importación que destacan ambas organizaciones es la de la soja o los cereales, por la dependencia que existe para la alimentación animal en Europa. Cano explica que la soja de trae principalmente desde Brasil, para destinarla a pienso: “La mayor parte se concentra en alimentos destinados a la ganadería”, señala, haciendo alusión también al peso de las importaciones de otros productos como la carne avícola, el azúcar o la miel.
Respecto a las consecuencias, el secretario general de UPA considera que España, como “potencia agroalimentaria”, no tienen que temer a ningún país. “Siempre que hemos tenido acceso a otros mercados hemos salido reforzados. Se trata de hacer un llamamiento a nuestra autoestima como productores, no podemos estar presos del miedo”, considera.

El vino y el aceite como posibles beneficiados
Pese a que algunas producciones tendrán que competir con el desembarco de mayores cantidades de importaciones del Mercosur, el vino y el aceite podrían verse beneficiadas, aumentando las exportaciones a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, pese a que estos beneficios no están claros para las organizaciones.
“Lo hemos analizado. En el vino, Argentina es una gran productora, ya hay importaciones a Europa y esto va a facilitarlas aún más. cuando se habla de beneficios no se calcula que los impactos negativos de las importaciones pueden ser mucho mayores de lo que se logra”, sostiene García. Respecto al aceite, señala que “habrá que ver el incremento de consumo que se pueda dar, porque no es una zona que culturalmente use el aceite de oliva”.
Por el contrario, Cano se mantiene más optimista: “En el caso del aceite de oliva, cuando se firmó el acuerdo con Canadá se multiplicó por ocho el envío. Estoy convencido de que en este caso el potencial es mayor”. Además, fija la mirada en Brasil, que concentra el 98% de las exportaciones españolas al Mercosur. Lo mismo opina sobre el vino, que se verá beneficiado si se eliminan o reducen los aranceles del 35%.
García también destaca el miedo de algunos agricultores y ganaderos de que las producciones se trasladen a países del Mercosur: “Fue el caso del acuerdo con Marruecos, inicialmente nos encontramos con importaciones a bajo precio, que inciden en la bajada de los precios. Luego, en una segunda fase, se deslocalizó la producción, empresas españolas y europeas empezaron a producir en este país. Tememos que el aceite acabe deslocalizándose”.
Por el contrario, Cano considera que “el sector agrario no es fabricar tornillos”, y explica que para producir son necesarias unas condiciones agronómicas y un clima óptimo, así como la experiencia de los agricultores y ganaderos. “Aquí no podemos producir café, por mucho que queramos. En toda España no se puede producir aceite de oliva, imagínate en Mercosur”, explica el secretario de UPA.
Productos baratos, pero con menos controles alimenticios
Otro de los puntos que más preocupa a los ganaderos y agricultores es el desajuste en los controles e inspecciones de los productos que se importan desde fuera de la Unión Europea. “Una vez que se hacen estos acuerdos las partes aceptan que el país de origen y sus empresas tienen la capacidad de garantizar las condiciones establecidas en el comercio internacional, que no son las mismas que tienen la Unión Europea. El internacional tiene unas normas y el europeo va más allá”, explica García.
El representante de COAG sostiene que no se establecen controles sistemáticos para garantizar que se cumplan las normativas internas y que el Mercosur no tiene establecida una trazabilidad respecto a los productos. “Solo se actúa cuando las organizaciones denuncian situaciones donde se hunde el precio o donde hay crisis y la administración actúa, pero cuando ya prácticamente no tiene remedio”.
Por su parte, Cano destaca que, tras la acción de las organizaciones, han conseguido que se incrementen los controles en frontera por parte de la Comisión Europea y la posibilidad de hacer auditorías en terceros países. “El número de auditorías en países de la UE va a aumentar en un 50% y los controles fronterizos en un 30%, aunque, evidentemente, no se puede controlar el 100% de lo que cada consumidor compra en los supermercados”.
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