
La noche del 26 de septiembre de 1984, Mary McLaughlin, madre de 11 hijos, jugó al dominó en un pub de Glasgow antes de regresar sola a su apartamento. En el trayecto, pasó por una tienda de comida rápida y un taxista la vio descalza, seguida por un hombre. Seis días después, su hijo la halló sin vida en su hogar. La autopsia reveló que había sido estrangulada días antes, pero la falta de pruebas cerró el caso en un año.
Lo que en ese momento pasó inadvertido resultaría ser la clave para resolver el crimen más de tres décadas después. En la escena, entre las pruebas recolectadas, se encontraba una colilla de cigarrillo de la marca Embassy, diferente a la que Mary solía fumar. Con el avance de la tecnología forense, ese pequeño objeto permitiría identificar al responsable 40 años después.
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Investigación inicial
Según informó la BBC, tras el hallazgo del cuerpo de Mary, la policía emprendió una investigación exhaustiva. Se recopilaron más de 1.000 declaraciones y se analizaron las pruebas halladas en la escena del crimen, incluidas muestras de cabello, raspaduras de uñas y colillas de cigarrillos. Sin embargo, las limitaciones técnicas de la época impidieron extraer perfiles de ADN, lo que dificultó la identificación del asesino.
Las pesquisas se estancaron rápidamente, sin testigos clave ni evidencia concluyente. Aunque un taxista había reportado haber visto a un hombre siguiendo a Mary la noche del crimen, no pudo proporcionar una descripción clara. La falta de indicios sobre una entrada forzada en el apartamento también dejaba abierta la posibilidad de que la víctima conociera a su agresor.
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Finalmente, las autoridades cerraron el caso en 1985. Sin embargo, la familia de Mary nunca dejó de buscar respuestas.
El hallazgo clave
En la escena del crimen, la policía halló una colilla de cigarrillo de la marca Embassy, distinta a la que fumaba Mary McLaughlin. Décadas después, el Scottish Crime Campus (SCC), con tecnología forense avanzada, obtuvo de ella un perfil de ADN masculino completo, que coincidió con Graham McGill, un agresor sexual reincidente.
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Para reforzar la acusación, los investigadores analizaron el cordón de la bata con el que Mary fue estrangulada. Al desatar el nudo, descubrieron más rastros de ADN de McGill, confirmando su implicación en el crimen. Además, su semen fue encontrado en el vestido de la víctima. Con estas pruebas, la policía finalmente identificó al asesino tras 35 años de incertidumbre.

El perfil del asesino
A pesar de la contundencia de las pruebas forenses, un obstáculo inesperado surgió en la investigación: los registros indicaban que Graham McGill estaba preso en la cárcel de Edimburgo cuando Mary fue asesinada. Esta aparente coartada generó dudas entre los detectives, quienes se vieron obligados a indagar más a fondo en su historial penitenciario.
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El exsargento Kenny McCubbin revisó archivos en el SSC y encontró la clave en los diarios del alcaide de la prisión: McGill había obtenido un permiso de fin de semana como parte del programa “Training For Freedom” (Entrenamiento para la libertad).
Fue liberado temporalmente por dos días, con tres adicionales previos a su libertad condicional, regresando a la prisión el 27 de septiembre de 1984, un día después del asesinato. Con esta nueva evidencia, la policía concluyó que había tenido la oportunidad de cometer el crimen.
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En diciembre de 2019, más de 35 años después, McGill fue arrestado nuevamente. En ese momento, tenía 59 años y trabajaba como fabricante en una empresa, aun bajo supervisión como delincuente sexual. La noticia de su detención trajo alivio a la familia de Mary, que había esperado justicia durante décadas.

Juicio y condena
El juicio de Graham McGill se llevó a cabo en abril de 2021 en el Tribunal Superior de Glasgow. Durante cuatro días, la fiscalía presentó la abrumadora evidencia en su contra, basada en las pruebas de ADN recuperadas de la escena del crimen. McGill, que tenía 22 años en el momento del asesinato, se sentó en el estrado con 59 años, enfrentando finalmente las consecuencias de su crimen.
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El juez Lord Burns dictó una condena mínima de 14 años de prisión, destacando que la familia de Mary había esperado casi cuatro décadas para conocer la verdad. “Nunca perdieron la esperanza de que algún día descubrirían lo que le había ocurrido a ella”, declaró.
Gina McGavin, hija de Mary, expresó su alivio tras el veredicto: “Nunca pensé que iba a ver esto en mi vida”. Para la familia, la condena representó el cierre de una larga lucha por justicia y el reconocimiento de que, a pesar del tiempo transcurrido, la verdad finalmente salió a la luz.
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