
Un pasajero llega al aeropuerto cansado y hambriento. No tuvo tiempo de comer nada antes de subirse al vuelo ni de comprarse algo en la terminal. Por eso espera con ansias ese momento en el que se suba al avión y escuche el ruido del carrito con los refrigerios. En vuelos domésticos en Argentina de Aerolíneas Argentinas o LATAM, los más comunes incluyen las famosas cajitas con alfajorcitos o galletitas y algún que otro snack salado. En vuelos internacionales, el abanico es infinito.
En vuelos domésticos estadounidenses como de American Airlines o de Southwest, por ejemplo, lo común sería recibir una bolsita con pretzels, galletitas o hasta maní. En Delta, en cambio, vienen sirviendo hace ya tres décadas sus icónicas galletas Biscoff. En JetBlue se puede elegir entre varios snacks de marcas conocidas.
Otras aerolíneas internacionales suben la apuesta. Air New Zealand reparte caramelos duros realizados por Horner's Confectionery, Swiss Air ofrece chocolates de Chocolat Frey y Turkish Airlines opta por sus tradicionales y casi obvias turkish delights. Pero, ¿cómo deciden las aerolíneas qué snack servir durante un vuelo?

No sorprende que el precio sea el factor más relevante, por lo que eliminar ciertos snacks -o directamente no ofrecer refrigerios de ningún tipo- puede ahorrarle a una aerolínea millones de dólares. Luego de que Continental se uniera con United y dejara de repartir galletitas y pretzels, logró ahorrar una cifra anual de 2,5 millones de dólares.
La mayoría de las aerolíneas dedica equipos enteros a analizar lo que se va a comer en el avión, desde el gusto y la transportabilidad hasta la demanda de los clientes y el marketing. Variables como qué ingredientes son más accesibles o las costumbres culinarias de un cierto lugar son factores que inciden en la decisión de qué snack ofrecer en determinado vuelo. Hawaiian Airlines ofrece nueces de Macadamia que se producen en la isla, y Avianca, de Colombia, sirve los bizcochos achiras del huila, productos que otras aerolíneas no considerarían.
Además, al idear una comida, las aerolíneas tienen en cuenta el peso: cada maní que se sube al avión tiene un peso específico, y, cuanto más pesado el alimento, más cuesta el combustible. En 1987, por ejemplo, American Airlines sacó una aceituna de cada ensalada y ahorró 40 mil dólares al año.

Por otro lado, los snacks también se deciden teniendo en cuenta factores culturales: qué representa determinada región. Emirates, por ejemplo, sirve pizza como snack en vuelos que provienen de Estados Unidos, y scones para aquellos que parten desde el Reino Unido.
Y, como las papilas gustativas son menos sensibles a tanta altura, el sabor es muy importante. Como JetBlue explicó a Condé Nast Traveler, la compañía aérea emplea un equipo especial de tripulantes de cabina para probar snacks en altitud, y están muy pendientes de su feedback para que la empresa decida qué refrigerio vale la pena servir en el vuelo.
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