
Por Greta Gawianski*
No se puede buscar resultados distintos haciendo lo mismo de siempre. En un mundo tan cambiante como el actual resulta fundamental adaptar nuestras prácticas al nuevo entorno. El camino hacia la innovación requiere probar cosas nuevas, lo que conlleva también muchas situaciones de prueba y error, y en donde fracasar es parte del proceso.
Sin embargo, hay que precisar de qué hablamos cuando hablamos de fracaso: lanzar un producto al mercado, tras muchos meses de trabajo y dinero invertidos, siempre será un potencial problema grave si no se logra advertir y reparar los distintos escenarios que puedan suceder. Se debe comprender cómo fallar de modo rápido y barato, para aprender a partir del error y seguir intentando hasta llegar a soluciones sólidas.
Hablar de fracaso
Todos fracasamos alguna vez: un examen, un proyecto, una relación. Esto suele ser generalmente percibido como un hecho negativo, vergonzoso, que tiene que ser ocultado. Sin embargo, no tiene porqué ser así. En el ámbito laboral, tampoco tenemos permitido fallar.

Desde hace algunos años empezaron a surgir corrientes y organizaciones a nivel internacional que buscan revalorizar el fracaso y generar conciencia en la sociedad. Esta nueva visión reconoce al fracaso como una condición necesaria para el aprendizaje y posterior éxito. Como por ejemplo el de Fuckup Nights, una organización que surgió en México, cuyos encuentros consisten en charlas abiertas y gratuitas, y en donde los oradores cuentan "casos de fracaso", con el objetivo de quitarle el efecto tabú con el que es percibido aún hoy.
La paradoja del fracaso
Pensemos por un momento: ¿Quién fracasa más, la persona que es dejada plantada en el altar, o aquella a la que nunca se le ha propuesto matrimonio? Hay dos tipos de fracasos: actuar mal, o no actuar.

La inacción también es un fracaso: el temor a fallar suele frenar a muchas personas a la hora de realizar sus proyectos.
Una idea no es innovadora en sí misma, requiere el trabajo y desarrollo para generar una solución con impacto real.
Cuándo debe estar permitido fallar
Cometer errores importantes no siempre debe ser bienvenido: debemos entender en qué instancias se encuentra nuestro proyecto para comprender si arriesgarnos nos va a traer mejoras o complicaciones. En este sentido, se pueden identificar dos "modos" en el que podemos encontrarnos, el "modo ejecución" o el "modo innovación".

El "modo ejecución" es el más común en los trabajos tradicionales, donde se realizan operaciones estandarizadas. En esta fase lo que se busca es eficiencia, hacer las tareas de la mejor manera posible. Generalmente se desarrollan reglamentos y protocolos con las "buenas prácticas". Cuando hablamos de estas tareas, el error debe ser minimizado al máximo, ya que implica un desvío en el modo indicado que debe hacerse la actividad.
En el "modo innovación", en cambio, es cuando no existen aún "buenas prácticas" de cómo realizar una tarea. Se encuentran aún por examinar, definir o re-definir, y es importante probar nuevos procesos y formatos para comprender qué funciona mejor. En el entorno actual, tan dinámico y cambiante, resulta primordial repensar la forma en la que se solían hacer las tareas años atrás, para lograr una adaptación al nuevo contexto.
Este proceso de exploración -modo innovación- a diferencia del modo ejecución, suele traer como consecuencia muchos errores y fracasos. Esto es parte necesaria del camino hacia una mejora continua.

"Hay algunos fracasos que pueden considerarse más deseables y otros menos. Habría que separar en qué contexto nos encontramos: si estamos en una empresa que quiere desarrollar un nuevo producto y si atraviesa un proceso de experimentación. Se necesita probar y ver si la hipótesis que se diseñó es correcta o no, pero cualquiera de los dos resultados -validarla o contradecirla- debieran ser esperables, y cualquiera de los dos resultados brinda información sobre por dónde ir o por donde no hacerlo. Estamos más acostumbrados a ver este proceso en la medicina o en las ciencias, pero aún no en las organizaciones" afirmó a Infobae Alejandra Marcote, coach organizacional y directora de Aprender Del Error®.
Es fundamental comprender en cuál de estos estadios se está parado para poder actuar en consecuencia. Muchas veces se juzga a los procesos de innovación bajo los parámetros tradicionales, y allí es cuando se genera un bloqueo para la innovación: el temor de las personas a probar cosas nuevas con el riesgo de ser penalizados por no conseguir el éxito.
¿Cómo hacemos para fallar de modo seguro?
Para gestionar el proceso de innovación surgieron lo que denominan "las metodologías o retrospectivas ágiles". Se trata de procesos que funcionan como una brújula que guía en terrenos donde domina la incertidumbre. Estas metodologías justamente permiten, a partir de la revisión e interacción constante, testear las soluciones propuestas para ponerlas a prueba lo antes posible. El lema es "fallar rápido y barato".

Sin el uso de las metodologías ágiles, un equipo de innovación podría haber estado trabajando durante meses en el desarrollo de un nuevo producto, y al lanzarlo al mercado sufrir un rotundo fracaso. Si bien se habla de la importancia del error como camino al éxito, se trata de un fracaso muy costoso para la empresa y el equipo, y posiblemente sea tarde como para capitalizar el aprendizaje y continuar mejorando.
Por el contrario, la generación de prototipos para exponer el producto o solución lo antes posible al usuario o ante una situación real permiten detectar las fallas en una instancia inicial, donde el costo de desarrollo es muy bajo, y con la posibilidad de aprender y continuar mejorando a partir del feedback temprano. Se trata de errores controlados para evitar fracasos más costosos. Debemos, por lo tanto, celebrar el aprendizaje, no el fracaso.
Una cultura de apertura hacia el error y el aprendizaje

Lo cierto es que cuando se exigen resultados exitosos, las personas tienden a realizar las tareas en el modo en el que ya obtuvieron resultados positivos alguna vez, sin animarse a probar cosas nuevas por miedo a fallar y no poder cumplir con los objetivos solicitados.
"Para innovar se necesita poder aprender de las cosas que no le salieron bien a otros, de las cosas que no te salieron bien a vos, y muy rápidamente tenés que aceptarlo y aprender de eso para seguir adelante. En la medida en la que nosotros no podemos aceptar que hay cosas que no están funcionando o que el resultado no es el esperado, no estamos pudiendo innovar, quedamos atrapados en ese círculo, sin poder avanzar" agregó Marcote a Infobae.
*Greta Gawianski es Licenciada en Comunicación por la Universidad de San Andrés, con experiencia en consultoría de innovación.
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