
"Al mes de nacer nuestro segundo hijo le diagnosticaron una cardiopatía congénita. Desde ese día cambió completamente el eje de nuestras vidas. Hasta un tiempo después y hasta que pasamos la cirugía con éxito, los cuatro, como familia, estuvimos patas para arriba. Sobre todo mi relación con Marcos, mi marido. Desorientados, angustiados y cansados, el matrimonio parecía estar en riesgo. Pero continuamos y pudimos evolucionar juntos", cuenta Silvina, de 46 años.
Golpes internos o externos, todos pueden suceder y duelen. La cuestión es cómo poder sobrepasarlos de a dos y no sólo sobrevivirlos. Como les ocurrió a Silvina y a Marcos, un gran suceso puede golpearnos. Desde un cambio de trabajo que desestructure el día a día hasta la enfermedad o la pérdida de un ser querido. Diversos factores pueden poner en riesgo la estabilidad de la pareja hasta colocarla en la cuerda floja. Y cuanto más grande sea su impacto, más profundo e inusual será lo que desencadena.
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El matrimonio puede ser un reto incluso en las mejores circunstancias: tener un hijo o conseguir un ascenso en el trabajo pueden hacer trastabillar al amor.

Harriet Lerner, psicóloga norteamericana y autora del libro La danza de la rabia, plantea que la conmoción o sacudida por un factor externo puede hacer evolucionar hacia otro estadío a la pareja, hacia un nuevo equilibrio. Sin embargo, también muestra otros casos en los que parece imposible seguir adelante. Cuando el cambio resulta muy profundo sólo para uno de los dos, muchas veces la disparidad es irreconciliable.
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Pero antes de dar el ultimátum hay varios pasos previos. ¿Cómo sobreviven las relaciones a un gran cambio? Las probabilidades son mejores cuando ambos apuntan hacia un objetivo común, y asumen el compromiso total para trabajar en ello.
La disposición a invertir energía en reformular el vínculo es una condición necesaria, pero no suficiente: recordar por qué cada uno eligió al otro para compartir la vida puede ayudar a sobrepasar una crisis. Dar un paso atrás y mirar toda la situación desde un ángulo más abierto y racional es indispensable: darnos cuenta que cambiamos y que el otro pudo cambiar es necesario para no vivir en la nostalgia y poder apostar hacia adelante.
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Todos cambiamos a lo largo de la vida y cada relación tiene sus altibajos. Cuando el camino es rocoso, lo mejor es proteger la relación sobre la base del amor, la compresión y, sobre todo, del diálogo. Sentarse a hablar es esencial para construir y reconstruir de a dos.
Cinco consejos útiles
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Reestablecer la ecuación. Una pareja no son sólo dos personas que se complementan, sino aquellas que elijen transitar la vida juntos. Ante un conflicto, los roles suelen cambiar; estar abierto al cambio es necesario para poder hacerle frente a las diferentes adversidades que se van presentando. La vida no es estática y las relaciones, tampoco.
La buena comunicación. Aunque es una frase de cabecera, no es nocivo recordarlo una vez más. Sin diálogo es imposible que una pareja funcione, y menos que atraviese situaciones difíciles. Ser comprensivos con el otro es indispensable. No todos reaccionamos igual frente a un problema o una situación dolorosa. Respetar su forma de transitar ese tiempo posterior, de elaborar el duelo y de seguir adelante es la clave para reestablecer los cimientos de la relación.
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Apostar al desarrollo personal. La simbiosis total y absoluta puede ser nociva. Es importante visualizar que cada uno tiene sus propias metas y proyectos, personalidad e independencia. Acompañar el crecimiento laboral, emocional o educativo de nuestro compañero de vida y no mancharlo con envidia o celos es indispensable para conformar una relación madura y duradera.

Ser mucho más que dos. Acompañarse, quererse, mimarse. Aun
que en la primera etapa del enamoramiento uno sólo quiere compartir el tiempo con su pareja, las buenas amistades y la familia son un punto de apoyo fundamental cuando algo nos hace trastabillar. Una crisis o un duro golpe puede afectarnos, y contar con las palabras, el apoyo y la compañía de otros puede ayudar, siempre y cuando sea en la medida justa.
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El amor después del amor. Los primeros tiempos de lujuria y deseo suelen mutar a compañerismo y afecto mutuo cuando ya se conforma una pareja estable. Sin embargo, demostrarle cariño y atención, y buscar que la pasión renazca agregándole un poco de pimienta a la relación es ineludible para contrarrestar la rutina.
Para buscar la estabilidad de una relación luego de uno de esos fuertes golpes que nos presenta la vida es necesaria la complicidad y el apoyo mutuo, la confianza, la tranquilidad emocional y, sobre todo, el sentimiento de unidad y la apuesta a un futuro juntos. Recordar por qué lo elegimos como compañero de vida y aceptar que las relaciones no son inmunes a los cambios es el primer paso para apostar al vínculo; para atravesar juntos las tormentas como también para disfrutar la calma.
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