Ambivertidos y otrovertidos: cómo la psicología actual redefine las formas de vincularse

Especialistas en salud mental destacan perfiles que combinan la empatía individual con el repliegue colectivo. Nuevos enfoques revelan que la energía humana fluctúa según el entorno antes que por mandatos fijos

Dibujo de un hombre en equilibrio sobre una tabla con un libro y una copa, y otro hombre con una taza saludando a un grupo reunido.
La Asociación Estadounidense de Psicología define la introversión y la extroversión como un rango de actitudes y conductas dentro de un espectro (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El debate en torno a los límites de las clasificaciones psicológicas tradicionales impulsó la adopción de nuevas categorías de personalidad que describen las relaciones humanas más allá de los extremos rígidos. Frente a los viejos esquemas planteados a comienzos del siglo pasado, los estudios sobre la personalidad y las observaciones sobre la conducta comenzaron a sistematizar formas intermedias de convivencia, que explican de qué manera cada individuo administra sus momentos de apertura y soledad.

Durante décadas, la vida social y el trabajo diario quedaron atrapados en la tensión entre la introversión y la extraversión, dos conceptos que el sentido común suele vincular de forma equivocada con la timidez o el carisma. De esta manera, la American Psychological Association (APA) define este recorrido no como casilleros cerrados ni elecciones definitivas, sino como un abanico continuo de preferencias que va desde el recogimiento interior hasta el gusto por la vida social activa.

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La mayoría de las personas se ubica en un punto intermedio y flexible

En esa escala amplia, análisis clínicos de la Cleveland Clinic señalan que la mayoría de las personas no encaja de forma rígida en ninguno de los dos extremos. La ambiversión surge precisamente para dar nombre a quienes presentan rasgos de ambos polos en proporciones parejas, lo cual permite entender a quienes cambian su predisposición hacia la compañía según el ambiente o el cansancio acumulado.

Cinco personas sentadas alrededor de una mesa de madera con papeles, tazas, un cuaderno y una computadora portátil en una sala con librerías.
La ambiversión describe la manifestación de rasgos de introversión y extroversión en proporciones similares (Imagen Ilustrativa Infobae)

El perfil ambivertido no supone una contradicción en la manera de ser, sino una capacidad espontánea para amoldarse a cada circunstancia. De acuerdo con las observaciones de la APA, esta dinámica se traduce en gustos que varían según el momento del día o la confianza con los demás. Quien comparte este modo de actuar puede disfrutar de una celebración concurrida y, horas después, necesitar un período de silencio para recuperar la tranquilidad.

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La asociación estadounidense destaca que este comportamiento no representa una anomalía ni un problema que deba corregirse. La disposición para compartir con otros varía según el contexto, sin responder a un mandato estricto. Quienes se reconocen en esta posición combinan la capacidad de escuchar con soltura para dialogar, sin atarse a rótulos definitivos.

Otroversión: empatía y trato personal, sin apego a la vida de grupo

En un terreno diferente a la administración de las fuerzas cotidianas aparece la figura del otrovertido, una noción propuesta por el psiquiatra Rami Kaminski, creador de The Otherness Institute en Nueva York. Lejos de asociarse con la apatía o el aislamiento, la otroversión distingue a personas cordiales, comprensivas y con gran facilidad para conversar, que, al mismo tiempo, sienten una distancia natural frente a cualquier espíritu de pertenencia colectiva.

Imagen dividida: a la izquierda, una mujer ríe en un café con dos personas; a la derecha, la misma mujer lee un libro sentada en un sillón.
Las preferencias de las personas ambivertidas varían según el contexto social, el momento del día y la cercanía de los vínculos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para Kaminski, esta particularidad no surge de la timidez ni del temor a los demás, sino de la falta de entusiasmo por sumarse a clubes, peñas, asociaciones o movimientos masivos. La persona otrovertida entabla vínculos personales profundos mientras preserva su independencia frente al grupo.

Desde la institución fundada por Kaminski en Estados Unidos aclaran que sentirse como un observador ajeno no implica una carencia afectiva. Quien se identifica con este perfil suele brindar un trato cálido y atento en las charlas cara a cara, aunque no supedita su autoestima a la aceptación de un círculo ni sufre por mantenerse al margen de los grupos numerosos.

Las nuevas categorías y autoconocimiento

La diferencia fundamental entre ser ambivertido y ser otrovertido reside en el aspecto del vínculo que cada noción aborda. Mientras la ambiversión examina los altibajos en el gasto de energía y la frecuencia del contacto social dentro del eje clásico, la otroversión atiende a la relación con los grupos y al deseo de no diluir la individualidad en la masa.

Especialistas en salud mental señalan que estas definiciones ofrecen herramientas para conocerse mejor sin patologizar el carácter. Su valor principal consiste en legitimar que las relaciones admiten diversos grados de cercanía y autonomía, de modo que la búsqueda de soledad o la distancia de las multitudes dejen de verse como rarezas o dificultades de adaptación.

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