18 ejercicios para fortalecer el abdomen y mejorar la estabilidad del cuerpo

La propuesta incorpora movimientos controlados para trabajar la zona lumbar, la pelvis y músculos profundos, con beneficios para la postura, el equilibrio, la movilidad y las actividades cotidianas de cada día

Un hombre realiza una plancha y una mujer sostiene una pesa rusa sobre esterillas en un gimnasio con zonas iluminadas de rojo en el torso.
El fortalecimiento del core ayuda a reducir el riesgo de caídas y lesiones asociadas a la edad (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Fortalecer el centro del cuerpo no requiere hacer cientos de abdominales clásicos. Una rutina que combine movimientos controlados puede contribuir a mejorar la fuerza del core, la postura, el equilibrio y la movilidad para las tareas cotidianas. El nutricionista y entrenador Jim White explicó a Prevention que mantener esta zona activa ayuda a reducir el riesgo de caídas y lesiones, que aumenta con la edad.

El core incluye más que los músculos abdominales visibles: también involucra la zona lumbar, la pelvis y músculos profundos que participan en la estabilidad. La recomendación es elegir al menos cinco ejercicios por sesión y realizar entre 10 y 20 repeticiones lentas, según la capacidad de cada persona.

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La selección puede adaptarse al tiempo disponible, pero conviene priorizar la técnica y avanzar de forma gradual. Ante dolor persistente, lesiones previas o problemas de suelo pélvico, es recomendable consultar a un profesional de la salud antes de iniciar una nueva rutina.

Ejercicios para la zona abdominal inferior y el control lumbar

Varios movimientos de esta rutina apuntan a la parte baja del abdomen, con la espalda apoyada en el piso como punto de referencia constante.

En la sentada con toalla, se coloca una toalla enrollada bajo la espalda baja y se adopta una posición sentada con las plantas de los pies juntas. Al exhalar, el torso se eleva hasta que las manos tocan los pies, con un movimiento que debe salir del abdomen y no del cuello.

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Una mujer sobre una esterilla morada realiza un ejercicio abdominal con una toalla enrollada debajo de la espalda en una sala.
La toalla enrollada debe ubicarse debajo de la espalda baja al iniciar la rutina (Imagen Ilustrativa Infobae)

La elevación de cadera parte de estar acostado boca arriba, con las piernas levantadas hasta formar un ángulo cercano a los 90 grados respecto del tronco. Desde ahí, se contrae el abdomen y se separa apenas la cadera del suelo, antes de bajar con control.

Las patadas cortas se ejecutan con las piernas elevadas y la zona lumbar pegada al piso, mientras los pies alternan pequeños movimientos hacia arriba y abajo sin que la espalda pierda contacto con el suelo.

Las tijeras mantienen la espalda apoyada y las piernas apenas despegadas del piso, con un cruce alternado entre ambas y los dedos de los pies siempre estirados, sin arquear la zona lumbar.

Las elevaciones de piernas con pulsos siguen una lógica similar: con las piernas estiradas y los pies a pocos centímetros del suelo, se realizan pulsos breves mientras el abdomen permanece contraído para proteger la espalda baja.

Movimientos que suman coordinación entre el tronco y las piernas

Otro bloque de ejercicios exige mayor coordinación entre el tronco y las extremidades, con control de todo el cuerpo durante el movimiento.

Las sentadas en V se inician acostado, con las piernas extendidas. Desde esa posición, el torso se incorpora y las rodillas se acercan al pecho hasta tocar los talones, antes de regresar con lentitud a la posición inicial.

Una mujer con ropa deportiva y zapatillas sostiene las piernas y el torso elevados en forma de V sobre una esterilla.
Las piernas se mantienen rectas durante la fase de ascenso (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las elevaciones completas en V combinan brazos y piernas: con los brazos extendidos detrás de la cabeza, al exhalar se levantan el tronco y las piernas rectas hasta que ambos se encuentran en el aire. Este movimiento exige coordinación y un control fino del abdomen.

Los toques a los pies parten de las piernas elevadas hacia el techo. Desde ahí, se levantan hombros y espalda superior en un intento de tocar los pies con las manos, con un descenso controlado antes de repetir.

Una mujer acostada en una colchoneta eleva las piernas y extiende las manos hacia los pies en una sala iluminada.
La fase de ascenso contempla el intento de tocar los pies con las manos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La bicicleta combina flexión y rotación: con las manos detrás de la cabeza, una rodilla se acerca al pecho mientras el codo contrario la busca, en una alternancia continua entre ambos lados. No es necesario que el codo llegue a tocar la rodilla para que el ejercicio sea efectivo.

El crunch tradicional cierra este grupo con un recorrido corto: desde la posición acostada, con rodillas flexionadas y manos detrás de la cabeza, solo se elevan los hombros y la parte superior de la espalda hacia las rodillas, sin que el cuello impulse el movimiento.

Ejercicios enfocados en los oblicuos y la estabilidad lateral

Un tercer grupo trabaja específicamente los músculos laterales del abdomen, con el cuerpo apoyado de costado.

Las elevaciones laterales en V requieren acostarse de costado, con piernas juntas y caderas alineadas, para luego elevar al mismo tiempo piernas y torso, como si se buscara acercar la mano al pie superior. El movimiento se repite después del lado contrario.

Los descensos de cadera parten de una plancha lateral apoyada sobre el antebrazo. Desde ahí, la cadera baja hacia el piso y vuelve a subir, en un movimiento que apunta directamente a los oblicuos y debe repetirse en ambos costados.

Ejercicios de estabilidad que involucran a todo el cuerpo

Un último bloque exige mantener el tronco firme mientras se mueven brazos y piernas, con foco en la estabilidad general.

La caminata del oso se realiza apoyando manos y rodillas, con estas últimas apenas separadas del suelo, mientras se avanza con pasos cortos que alternan brazo y pierna contrarios. La espalda debe mantener una línea recta y paralela al piso durante todo el recorrido.

El bird dog parte de cuatro apoyos: se extienden al mismo tiempo el brazo derecho y la pierna izquierda, se regresa al centro y se repite del lado contrario. La clave está en evitar que la pelvis rote o que la columna se hunda.

Mujer con camiseta gris y leggings negros realiza ejercicio bird-dog en colchoneta azul dentro de una casa, con estante y planta detrás.
Una mujer practica el ejercicio bird-dog, con un brazo extendido hacia adelante y una pierna hacia atrás (Imagen Ilustrativa Infobae)

El dead bug se ejecuta acostado, con piernas flexionadas en el aire y brazos extendidos. Un brazo baja hacia atrás mientras la pierna contraria se extiende, en una alternancia que exige mantener la espalda pegada al piso en todo momento.

La posición hueca combina piernas, hombros y cabeza elevados, con los brazos extendidos y la espalda siempre apoyada en el suelo. El sostén se mantiene entre 20 segundos y un minuto, y la calidad de la postura importa más que la duración lograda.

Una mujer tumbada sobre una esterilla gris en la hierba de un parque mantiene sus brazos y piernas elevados e inclinados.
El ejercicio requiere levantar las piernas, los hombros y la cabeza desde la posición boca arriba (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los giros de pelvis en plancha de antebrazos parten de esa misma posición de plancha frontal: la pelvis rota hacia un lado y luego hacia el otro, sin que los hombros se muevan, mientras glúteos y abdomen se mantienen contraídos para controlar el desplazamiento.

La plancha frontal cierra la rutina como uno de los ejercicios más completos: con antebrazos y puntas de los pies apoyados en el suelo, se forma una línea recta desde los hombros hasta los talones, y se sostiene entre 30 segundos y un minuto con glúteos y abdomen contraídos, sin que la cadera se eleve ni caiga.

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