
Carmen Barbieri salió a desmentir una de las leyendas más instaladas del ambiente del espectáculo argentino. Fue este sábado en Agarrate Catalina, por Radio La Once Diez, en una charla con Catalina Dlugi en la que la capocómica, que terminó el espectáculo La revista vuelve y conduce Con Carmen por El Nueve, repasó los detalles más desconocidos de su relación con Jorge Porcel cuando tenía apenas 19 años.
La historia que circuló durante décadas decía que Alfredo Barbieri, padre de Carmen y figura histórica de la revista porteña, había baleado el auto de Porcel a la salida del teatro. La capocómica señaló al periodista Luis Ventura como uno de los que la difundió: “Luisito dice: ‘A mí me lo contaron’. Te lo contaron mal”, respondió. Y fue directa: “Mi papá nunca tuvo un arma, porque primero nunca tuvo un arma y no sabía manejar un arma.”
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Lo que sí existió fue una amenaza, aunque muy distinta a la del mito. Carmen lo contó con detalle: “Mi papá quería matarlo, pero con una sevillana chiquitita que tenía de una hoja muy chiquitita. Era chiquitita, como el dedo meñique, menos que el dedo meñique.” Alfredo solía blandir ese cuchillo mientras tomaba whisky con el actor Julio De Grazia en los bares del ambiente. “Lo voy a matar con esto”, repetía. Carmen rememoró la respuesta de De Grazia con humor: “Al gordo no le vas a llegar ni a un órgano con eso.” Y cerró la anécdota: “Mi papá decía: ‘Yo lo voy a matar’. Eran amigos. Era un humor que hoy no se hace porque no se habla de los cuerpos.”

El rechazo familiar al romance, sin embargo, no fue solo simbólico. La madre de Carmen le dio un ultimátum: o dejaba a Porcel o se iba de la casa. Y ella se fue. La escena fue tal como la contó: “Fue una discusión a la noche y yo me fui descalza a la calle, en camisón. No se usaba el celular. Me fui a la pizzería de enfrente de mi casa, le pedí el teléfono al hombre, que me vieron en camisón descalza, y lo llamé a Pepe Parada.” Parada era el mánager que representaba a las grandes figuras de la época: Susana Giménez, Moria Casán, Alberto Olmedo, el propio Porcel, y tenía sus oficinas en la planta baja de un edificio con un departamento disponible en el noveno piso. “Me dijo: ‘Quedate ahí, que te paso a buscar’. Esa noche dormí en la oficina de Pepe, en un sillón. Me puso la calefacción, me dijo: ‘Cerrá con llave, que mañana vengo a la mañana y ya te mudo arriba, que hay un departamento en alquiler’. Por eso yo amo tanto a Pepe”, contó. Poco después, Porcel fue a vivir con ella y convivieron dos años.
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La razón detrás del ultimátum materno tenía un fundamento concreto: Porcel estaba casado. Barbieri reconoció que él le contaba, según sus propias palabras, lo que “cuentan todos los hombres cuando tienen una amante”: que dormían en habitaciones separadas, que la separación era inminente. “Yo le creía a Porcel, no a mi mamá. Pasé a ser una amante sin saberlo”, admitió.

La actriz también precisó la cronología para despejar confusiones respecto de las acusaciones que emergieron con la miniserie sobre Casán: cuando ocurrieron los hechos que involucraron a las bailarinas, ella ya no estaba con Porcel. “Mi relación con él era del setenta y pico y las chicas son del ochenta y seis, ochenta y siete. Yo estaba con Beto (César)”, aclaró. Y agregó: “Yo creo que la gente no cambia, la gente se va transformando a medida de las circunstancias. El éxito, el dinero que ganaba era terrible. Hay gente que no está preparada para la fama y el éxito. Y cuando tenés alguna debilidad o algún defecto, se agranda, se agrava. Capaz que yo no lo vi; yo era muy chica, diecinueve años.”
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Con distancia y sin esquivar el tema, Barbieri dijo ser solidaria con las mujeres que denunciaron al capocómico y contó que cuando se enteró de lo que le había pasado a su amiga Georgina, le preguntó por qué no se lo había dicho antes. La respuesta que recibió fue: “¿Cómo te voy a contar algo de una persona que vos habías amado tanto?” Carmen fue tajante: “Vos sos mi hermana, mi amor. Yo lo hubiese mandado en cana. Yo defiendo a la mujer.”
Pero el Porcel que ella conoció era otro. “Conmigo era un dulce de leche. Nunca me faltó el respeto, ni con la palabra, ni con insultos, ni levantarme la mano. Era un dulce conmigo, nos reíamos, la pasábamos bien”, sostuvo. Y cerró: “Todo lo que me cuentan es de una persona que no vi o no conocí.”
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Sobre quienes ahora hablan mal del humorista fallecido, fue escueta: “Hay mucha gente en el ambiente que no lo quiere, que ahora de muerto hablan mal. Cuando estaba vivo, no.”
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